Punto de Vista

Mario Tassías

Desde que las matemáticas demostraron que el amor eterno no existe. A cual más ha puesto en boca, algunas de las teorías que la costumbre provoca. El experimento de José Manuel Rey, profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid, demostró por la segunda ley de la termodinámica y unas ecuaciones de control del ámbito de la ingeniería, que el amor es hoy y mañana quien sabe.El especialista no tenía que ir tan lejos con los números. Hay opiniones contradictorias para explicar lo cotidiano. Demostrable todos los días y también hoy. Hay que esforzarse para mantener el calor y el amor no es suficiente, dice. Desde su perspectiva, el amor es como un recipiente que se mantiene caliente pero tiende a enfriarse al alejarse del calor. “Con las relaciones pasa lo mismo hay que mantenerlas calientes y eso es casi imposible”. “A Mathematical Model of Sentimental Dynamics Accounting for Marital Dissolution” en http://www.plosone.org/article/info:doi/10.1371/journal.pone.0009881

Coincido con quien opina que el amor eterno no tiene que ver con la duración en convivencia de una pareja. Uno puede amar a otra persona por siempre sin necesariamente tener que ver una vida juntos.

Por su parte, Helen Fisher, bióloga-antropóloga de la Universidad de Rutger, en Estados Unidos le dice a la periodista Lorena Guzmán del diario “El Mercurio” de Chile que: “El amor es el sentimiento más poderoso que hay en la Tierra”. http://diario.elmercurio.cl/2010/09/04/ciencia_y_tecnologia/ciencia_y_tecnologia/noticias

Hace una década que esta científica se dedica a entender cómo el cerebro humano se revoluciona al enamorarse. El amor se refleja en el alza de actividades en zonas específicas y en la producción de distintos químicos. “Comprender ese mecanismo nos permitirá ayudar a las personas a encontrar el amor y mantenerlo”, dice.

Helen cuenta que el cerebro se divide en tres cuando de amor se trata. El que está movido por el sexo y que puede elegir entre un gran espectro de individuos; el romántico, que se enfoca en entregar amor de pareja a un solo individuo; y el del apego profundo, que aspira a relaciones serias a largo plazo, ya sean de pareja o de amistades. “Cuando nos enamoramos, en nuestro cerebro se activa una zona que produce dopamina, un estimulante natural del sistema nervioso que nos hace enfocarnos, mentalizarnos, tener más energía y movilizarnos hacia nuestro objetivo: la persona amada”, explica. Esta actividad es tan evidente, que se puede ver en un escáner cerebral. Y no es todo. El cerebro es tan sensible, que todo lo que hacemos, sentimos o pensamos deja una huella en él. Por ello, Helen asegura que sí existe el amor a primera vista. “Así como nos gusta instantáneamente un nuevo sabor de helado, también nos puede deslumbrar una persona, y ello hará funcionar nuestra cabeza”, explica. Pero lo que más le impresiona no es la emoción del inicio del romance, sino lo que pasa después.

A estas alturas, uno ya debe haber tomado partido. ¿El amor eterno no existe como asegura el economista o vive por siempre como dice la bióloga-antropóloga?

Seguramente que hay opiniones encontradas, otras realmente inversas. Es condición natural. La intención de quien escribe es, provocar una reacción. Una respuesta que quizás satisfaga el ego de cada persona, pero que permita reflexionar sobre un asunto que de ninguna manera es trivial o atemporal.

No se trata de elaborar conceptos, frases y proverbios para medirlos por la profundidad de lo expresado o la dulzura del contexto, sino más bien explorar allá en el fondo, para determinar una actitud. Esa que establece pensamientos, transformadas en ideas y que motivan a la acción, ejercicio que produce o desmotiva. Habría que recordar que no tomar una decisión, es haber tomado una decisión.

En “El arte de amar” Erich Fromm se pregunta si amar “¿es un arte o una sensación placentera, cuestión de azar o algo con lo que uno tropieza?” En realidad resulta difícil aprender del amor. Matemáticamente el asunto está resuelto. Afortunadamente nuestro cerebro va más allá de la lógica. En el epígrafe de su libro, Fromm cita a Paracelso, acaso una luz para entender de ese sentimiento. “Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve… Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor… Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las fresas, nada sabe acerca de las uvas”.

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