Mario Tassías
La salida estaba prevista para las tres de la mañana. Había que salir temprano para evitar que los rayos del sol nos quemaran demás. Teníamos que caminar por subidas y bajadas. El calor es sofocante. Pero nos agarró la tarde y no nos soltaba. Ese día la puntualidad fue condicionada, otra vez, por la cama.
Y es que vamos rumbo a un lugar que se localiza en la porción central de la Sierra Madre de Chiapas. Abarca parte de los municipios de Pijijiapan, Mapastepec, Acacoyagua, Ángel Albino Corzo, La Concordia, Villa Corzo y Siltepec. Es decir que la Frailesca, la Sierra, el Istmo, la Costa y el Soconusco están presentes. Es un mundo puesto por la naturaleza.
A las 3:15 estábamos con los bártulos sobre la banqueta. Ella no estaba incluida en la lista. Ni modo de preguntar quién la había invitado. El camarógrafo nos presentó. “Caminará con nosotros” “Es bióloga” Abonó en su nombre. Dicho en castellano, ella si es experta y no como los que vamos a ver qué ocurre. La noche anterior llovió, todavía briznaba, como dicen en mi pueblo. Salir por el libramiento norte de la ciudad, nos demoró 20 minutos. En el desvío del aeropuerto, enfilamos a la carretera. Por fin rumbo al reino.
Son 167 kilómetros de carretera, de a tres baches o más por kilómetro. A la cabecera municipal de Ángel Albino Corzo, llegamos cuando el sol mandaba sus primeros rayos. Estar en Jaltenango es ganancia. Uno tiene en las manos la aldaba de la puerta de entrada. La emoción gana a la razón.
Recorrimos un tramo para encontrarnos con Toño y su sobrino. Hombres de campo, francos, frescos. Van a ser nuestros guías. Son los que conocen los sonidos. Los cambios de temperatura. Saben cuándo lloverá. Cuando hay que subir. Cuando quedarse callado. Cuando acelerar el paso. Cuando detenerse. Conocen los senderos. Guardan y comparten todos los secretos. Son como prontuarios vivientes. Todo eso y mucho más, que luego comprobaríamos, nos dijeron nuestros contactos en la ciudad.
La bióloga los conoce. Son colaboradores dispuestos a sistematizar los datos sobre una buena cantidad de especies que ellos reconocen incluso por el sonido de sus alas o al evadir al intruso que intenta entrar al reino.
El corazón acelera el ritmo. La escala en el mapa muestra unos milímetros. Caminamos una o dos horas, aquí no importa el tiempo. Todo el camino huele a húmedo. El olor del verde llega al cerebro. Se mete por los ojos. Irradia tornasol. La Sierra Madre de Chiapas es una cadena montañosa que se extiende en dirección noroeste-sureste. Desde la altura es impresionante. Allí están los cerros La Angostura, El Cebú, El Triunfo y La Cumbre (2,450 msnm), El Venado (2,550 msnm) y Cordón Pico El Loro (2,750 msnm) (Müllerried, 1982).
En 1972 el gobierno de Chiapas decretó la creación del Área Natural y Típica Tipo Ecológico Bosque de Niebla El Triunfo. El 13 de marzo de 1990 se estableció mediante Decreto Federal como Reserva de la Biosfera, con una superficie de 119,177-29-00 hectáreas, con 5 zonas núcleo y una zona de amortiguamiento. En 1993, El Triunfo fue integrado a la Red Internacional de Reservas de la Biosfera, del Programa El Hombre y la Biosfera (MAB, por sus siglas en inglés), de la UNESCO.
Más allá, las nubes se apropian del espacio, son más grises que blancas, casi podemos tocarlas, están cargadas. Los rayos solares como bisturí perforan el nimbo. La bruma nos regala la primera llovizna del día. Preludio del aguacero que se avecina. Contrario a los instintos, no buscamos refugio. Sentimos como se mojan nuestros cuerpos. Cómo un escalofrío irradia libertad. Las sorpresas surgen de entre los árboles. Toño pide que aguantemos la respiración.
Desgajándose de la enramada un arco iris vuela. Un dios del aire despliega su majestad. El verde resplandeciente de sus plumas, sobresale en la espesura esmeralda. Es el “cola larga de plumas brillantes” El quetzalli, del nahua “hermosa pluma”, está ahí. Es grande el privilegio de mirarlo. Su pico amarillo, el rojo de su pecho y abdomen, su enorme moño, sus patas amarillentas. Apenas asomamos la nariz y sin protocolo la biosfera canta su riqueza. En su copla pregona su magnificencia.
