Punto de Vista

Mario Tassías

TERCERA DE TRES PARTES

Mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos considera el caso de Monsanto contra Geertson Seed Farms, que trata los efectos económicos y ecológicos de la contaminación genética de semilla orgánica a través de polen transgénico, una decisión favorable llevará a la contaminación extensa de alfalfa orgánica, lo cual destruirá la industria lechera orgánica en los Estados Unidos. El gigante tiembla y las réplicas afectan las economías de América Latina.
A pesar de que el polen transgénico de Monsanto ha contaminado el maíz mexicano por más de una década, la compañía recientemente recibió permisos para llevar a cabo experimentos de campo sobre maíz transgénico en cuatro estados. México es la cuna del maíz, con miles de variedades nativas.

“La entrada de Monsanto significará la desaparición de los campesinos”, dijo Doudou Pierre Festil, miembro del Movimiento Campesino del Congreso de Papaye y coordinador de la red Nacional Haitiana de Soberanía y Seguridad Alimentaria. “Esa semilla creará problemas de salud y medio ambiente”.

“Si el gobierno norteamericano quiere ayudar a Haití y a los haitianos a construir su soberanía alimentaria y agricultura sustentable”, basta con utilizar sus propias semillas nativas y acceso a la tierra y a crédito dijo Dena Hoff, campesina de una granja diversificada en el estado de Montana y miembro del Comité de Coordinación Internacional de la Vía Campesina.

Las ONU calcula que el 75 por ciento del la diversidad fitogenética del mundo ha sido perdida en la medida que campesinos han abandonado su semilla local por semillas de variedades genéticamente uniformes ofrecidas por las transnacionales y en la medida que semillas transgénicas e híbridas han contaminado a las variedades nativas.

Las voces que critican las donaciones de Monsanto declaran que la mejor forma de asegurar suficiente semilla para Haití es a través de la colección, conservación y distribución de variedades locales y nativas en bancos de semilla de las comunidades. Guardar y resembrar estas semillas refuerza la maleabilidad genética, como su capacidad de adaptarse rápidamente a través de generaciones a las cambiantes condiciones de cultivo, y también incrementa la agro biodiversidad.

Países que son islas están amenazados por el cambio climático. Si Estados Unidos no rectifica su política hacia Haití esta vez, no habrá otra oportunidad. Dada la extensión de la inseguridad alimentaria y la degradación al medio ambiente en Haití, el país debe adoptar una política de soberanía alimentaria para que su pueblo y su biodiversidad puedan sobrevivir. El 98 por ciento del bosque tropical nativo se ha perdido, hay una erosión de los suelos muy extensa y la desertificación está incrementándose. Haití no puede sostener más destrucción ecológica que traería la imposición de la agricultura industrial. Alternativamente, si el gobierno de Obama apoyara una política de soberanía alimentaria en Haití, el país podría construir un modelo de producción que alimentara a todo el pueblo haitiano con alimentos sanos, que incrementara la biodiversidad y resistencia ecológica y contribuiría a un desarrollo económico local y sustentable. Investigaciones de agro ecologistas en la Universidad de Michigan demuestran que la agricultura de pequeña escala es más eficiente en conservar e incrementar la biodiversidad y los bosques que la agricultura industrial.

Los campesinos haitianos tienen una larga historia de resistencia y lucha. Haití fue la primera colonia tuvo un levantamiento de esclavos exitoso y que resultó en una nación independiente en 1804.

“Defendemos nuestra agricultura campesina, defendemos la soberanía alimentaria y defendemos el medio ambiente de Haití hasta nuestra gota de sangre”, dice la Declaración Final de la marcha contra Monsanto.

Desde el escenario de la plaza Charlemagne Péralte, nombrada por el líder Hinche de un movimiento armado contra la ocupación de 1915-1934 de Haití, Chavannes Jean-Baptiste quemó simbólicamente la semilla de Monsanto, mientras que otras empezaron a distribuir paquetes de semilla criolla a la multitud entusiasta. “Tenemos el derecho a luchar por nuestras semillas”, dijo Jean-Baptiste. “Tenemos que defender nuestra soberanía alimentaria”.

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