Punto de Vista

Mario Tassías

Un sentimiento de orfandad, recorre el alma cuando dos noticias infaustas repercuten en el tercer fin de semana de Junio de 2010. La muerte de José Saramago (Azinhaga, 1922- Lanzarote, 2010) y el hasta pronto definitivo de Carlos Monsiváis (Ciudad de México 1938-2010). Se han ido y dejan muchos deudos que aprendieron de sus palabras, de sus libros, de sus actitudes, de sus actividades políticas, de sus críticas. Es también, una sensación de vacío. La muerte cerró la puerta.Si algo de positivo tiene la muerte de personajes tan entrañables, es que la noticia duele y motiva. Es una sensación de ausencia y cercanía a pesar del desamparo. Son sentimientos que se sienten con aquellos que amamos. La separación es una ausencia que ha partido sin retorno, pero vuelta a empezar porque uno se encuentra con ellos a través de sus obras y eso tiene un valor imperceptible, pero trascendente.

“Sinceramente, creo que la muerte es la inventora de Dios. Si fuéramos inmortales no tendríamos ningún motivo para inventar un Dios. Para qué. Nunca lo conoceríamos”, decía en su momento Saramago y la muerte es esa extraña circunstancia que hace echar de menos, que ahora se ha llevado a un personaje que a través de “Ensayo sobre la lucidez” o luego “Ensayo sobre la Ceguera” y “El evangelio según Jesucristo”, abrió los ojos a otra forma de decir que el mundo se iba de las manos.

Monsiváis es la conciencia del México que sobrevive. Aquel que los políticos no alcanzan a ver. El incómodo país de los grandes monopolios. Un “grandísimo escritor que renovó el género del ensayo en México. Lo sacó de modos un poco anticuados y le dio una vitalidad, una novedad, una capacidad de abarcar todos los temas de la vida de México, social, cultural, política, que lo convierte seguramente en el más importante ensayista moderno de México”, ha dicho Carlos Fuentes.

Con Saramago y Monsiváis podemos sumar más de 100 libros. Un recuento de memoria partiría desde los inicios hasta las últimas semanas que permanecieron lúcidos para ejercer la profesión de escritor. Desde “Días de Guardar” en 1970 hasta “Apocalipstick” en 2010, Monsiváis, el cronista nos condujo por los caminos de la inteligencia o “La marcha del Elefante” en 2008 y “Caín” en 2009.

Ambos fueron críticos de aquella política anquilosada que elogia y premia la ineptitud, la prepotencia y los atropellos. Por ello el diario vaticano “L’Osservatore Romano” embiste a Saramago, como “populista extremista” de ideología antirreligiosa y anclado en el marxismo. Como si pensar diferente, fuera un delito o una irreverencia a los templos pintados de blanco.

La actividad de Saramago y Monsiváis no termina con la muerte. Se van, pero la eternidad los ha rescatado para siempre. La muerte cerró la puerta por donde un día la vida les permitió salir. Regresan a lo incorpóreo. Sin embargo, aquí se quedan. Acaso sus galardones recuerden que siendo terrenales muchos días nos regalaron la lucidez de sus pensamientos, encendieron conciencias o apagaron actitudes superfluas. Dos irreverentes porque se atrevieron a decir lo que muchos callan por cansancio o porque es más cómodo estar del lado de quienes gobiernan el mundo que no por ello son los más lúcidos.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

¡Comparte la nota!