Punto de Vista

Mario Tassías

El maestro decía que los negocios son para los intrépidos. No se requiere ingenio, basta con no tener delicadeza, que en todo acuerdo, no siempre se logra la equidad. La picardía y la mala fe llevan mano. En el Acuerdo de los pueblos de Cochabamba, Bolivia se dijo que el agro negocio es una de las principales causas del cambio climático, porque “mediante su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado”, no cumple con el derecho a la alimentación. Pachamama, sufre.

Con sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas, los agro-negocios, profundizan la crisis climática e incrementan el hambre en el planeta. De ahí, nace el rechazo a los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual.

Los representantes de los pueblos reunidos en Tiquipaya, en la penúltima semana de abril, denunciaron que ese modelo impone mega proyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socio ambiental. Junto a la protesta hay una exigencia para reconocer el derecho de todos los seres vivos y la Madre Tierra y tener acceso y gozo del agua. El agua debería ser Derecho Humano Fundamental.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios. La mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas.

Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático para que todos los Estados acaten sus determinaciones.

Con el fin de coordinar ese accionar internacional e implementar resultados del “Acuerdo de los Pueblos” hay un llamado a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial.

Con tal propósito, en Cochabamba fue adoptado el plan de acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados, respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero. La 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra se realizará en el 2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en Cancún, México. Acaso los agro negocios deban volver los ojos para combinar visiones e intereses y establecer un marco futuro. No deben soslayarse el reconocimiento y respeto mutuos como herramientas para la paz y la justicia. La tierra es un pedestal, no un sepulcro.

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