Mario Tassías
Hace algunos años, parece que fue ayer, cuando se discutía el tema del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en San Andrés Larráinzar, uno de los participantes en una mesa redonda, dijo que habría que matar el perro para acabar la rabia. Uno de esos personajes que trasciende los espacios donde se ubica, en respuesta comentó, que habría que encontrar una medicina contra la rabia, y a lo mejor el perro no tendría razones para su comprensible furia.
Rebasados por la violencia y la inseguridad, algunos más o menos que otros, expresamos de diferentes maneras la sensación de impotencia que nos provocan entre otros males, la corrupción como referente del tema. La situación no es menos compleja, el tema de la violencia y la inseguridad, requiere del esfuerzo de todos. Seguramente hay otras opciones para enfrentar la problemática.
Más de 22 mil muertes violentas en tres años, son cifras de una guerra contra el narcotráfico en territorio nacional. No hay razón que justifique la desaparición física de tal cantidad de mexicanos. No se puede, no se debe minimizar el efecto de una guerra. A la luz de la razón, sabemos que la violencia no resuelve los conflictos, es más, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.
“…el narcotráfico y la ilegalidad de la droga están acabando con las democracias en América Latina”. Reflexiona Fernando Savater en el coloquio celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en el que participaron el escritor mexicano Juan Villoro, que recibió el premio de Periodismo Rey de España en su apartado Iberoamericano por su trabajo La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo, y el periodista de El País Jesús Ruiz Mantilla, quien se encargó de guiar la conversación. La organización corrió a cargo de la Fundación Lydia Cacho. Según escribe Camilo Sánchez en: http://www.elpais.com/articulo/cultura/
“Si hasta ahora la guerra contra las drogas ha sido un rotundo fracaso, ¿por qué se siguen invirtiendo sumas ingentes de dinero en una lucha que ha mostrado muy pocos resultados?, ¿hay otros actores de las sociedad que se están lucrando del negocio?, ¿cómo se maneja el debate desde la política? Esas son cuestiones, a juicio de Savater, en las que el periodismo debe insistir e investigar.
Quienes optamos por la paz, debemos esforzarnos para proponer un cambio a los métodos de acción, o sumar nuestras energías a quienes tienen la posibilidad de reunir esfuerzos individuales y conjuntar bloques que rompan con las inercias institucionalizadas que no ven más allá del discurso oficial.
En ese contexto de la sociedad, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, dos instituciones que gozan de la credibilidad en sus respectivos escenarios, se han pronunciado de manera conjunta contra la violencia y la inseguridad. La UNAM ha dicho tiempo ha, que ya basta de violencia, México y los mexicanos no merecemos esto. El ITESM ha estructurado una conjunción de ideas para alcanzar un compromiso institucional y consolidar el derecho de una sociedad democrática.
De lo que se trata, es que en su momento la Presidencia de la República y sus dependencias encargadas de la seguridad pública, asuman la obligación constitucional que tienen ante la sociedad, que el Congreso de la Unión, legisle a favor de sus representados y los gobiernos y congresos locales, tomen la parte que les corresponda en aras de ejercicios de su competencia. No pedimos más, tampoco menos de lo que por derecho nos corresponde. Un medio ambiente adecuado para nuestro desarrollo y bienestar.
En apoyo a sus reflexiones, el ITSEM, ha presentado un pronunciamiento para Mejorar la Seguridad en México en respuesta a dos preguntas: “De qué instituciones se dota un país maduro para responder a la violencia, la inseguridad y la delincuencia organizada; y cómo protege una sociedad democrática sus instituciones para que no se desvirtúen y sean eficaces”.
José Narro Robles, rector de la UNAM había comentado que atrás de la violencia, del crimen organizado y de la inseguridad “hay asuntos de fondo” como la corrupción, la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades para los jóvenes, que tienen que ser atendidos. Eso también es estar a la mira de las causas y no solamente en los efectos.
