Punto de Vista

Mario Tassías

Votamos pero no mandamos. Es un enunciado conjugado en plural en tiempo presente de indicativo. Algo más que una frase alegre copiada en una conversación de Antonio Navalón en la presentación de su libro “Paren el mundo que me quiero enterar” (Grupo Editorial Random House Mondadori, Colección Debate, México, 2009) que encierra un opción estructural, relacionada con la actividad cívica de los electores. Aquellos, que inscritos en un padrón, pueden ejercer una prerrogativa destinada constitucionalmente, aunque sin saber a quién le otorgan el poder.

Las precampañas electorales, han concluido legalmente el día lunes 12. El segundo acto de la obra iniciada el viernes 2 de abril, permitirá a los dirigentes de los partidos, confirmar a sus elegidos a diputados y miembros de ayuntamientos.

Para aspirar a un puesto de elección popular, hacen falta requisitos. Con esta acción se habrá consumado una decisión política.

El elector es un espectador que supone ser tomado en cuenta, en una disposición que fue tomada desde antes de la fecha del calendario. Diría el inexperto ¿Qué van a seleccionar? ¡Si ya están seleccionados! Lo que buscan los representantes de los partidos políticos es el aval para cumplir con un requisito que marca el Código de Elecciones. El arroz ya está cocido.

Y si el voto no tiene el poder de mandar ¿Para qué una preselección? En Chiapas no hay partidos de oposición, podrían evitarse la fatiga. Se entiende que la oposición tiene que ver con la contradicción. También con la resistencia. Representa un postura contraria; por lo tanto otra opción, a la de los que se encuentran en el poder o dirigen un gobierno. Oposición es antagonismo, rivalidad, desacuerdo, contradicción, enfrentamiento, obstrucción, resistencia, contrariedad, contraste. En Chiapas no existe.

La lucha entre miembros de un solo partido, no es más de lo que sucede en muchas familias y no debería escandalizarnos u ocuparnos. Mucho menos difundirse como batallas a muerte. Chucho no come chucho. Deberían señalarse como desacuerdos. Hay que recordar que cuando más siniestras son las ambiciones de un político, más ostentosa, es su manera de disponer las cosas.

La confirmación del cumplimiento del poder ciudadano otorgado por la constitución, o la simulación democrática para conformar los órganos de poder: Congreso y Ayuntamientos, es darle patente a los preseleccionados, con el aplauso de los espectadores.

Toda la rebatiña y las muestras de incivilidad política expuestas, manifiesta que el escenario de participación es un templete para tomar lo que de manera civilizada no se ha podido conseguir. O el modelo que tienen los cabecillas de los partidos políticos para nominar a sus condicionales. Líder es quien propicia más líderes, no más seguidores.

Las listas de los precandidatos están conformadas por alianzas parciales entre el PRI y el Verde Ecologista, también mescolanza entre los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, Convergencia, Nueva Alianza y Socialdemócrata; el Partido del Trabajo participará solo.

Concluida las precampañas, solo falta un trámite. La oficialización de los nombres sugeridos. Difícilmente a alguien del plato a la boca se le caerá la sopa. Vendrá el registro. Después las campañas que cumplen con un calendario peculiar con 15, 20, 25 y 30 días de campaña, acorde al número de electores. El 4 de julio serán las elecciones.

En “La República” (Grupo Editorial Tomo, México, 2004; 411 páginas) de Platón, considerada la primera obra maestra de la filosofía política, el alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, explica que la justicia es paradigma de la política, dar a cada quien su parte. Esta fórmula significa nada, hasta que uno puede explicar qué parte se debe o pertenece a la gente. A los precandidatos habría que preguntarles ¿El voto manda? ¿Antes, durante y después del proceso, en qué parte están los electores? El 4 de julio serán las elecciones. Tercer acto ¿Cómo se llamará la obra?

¡Comparte la nota!