Presentan libro sobre Monseñor Felipe Aguirre Franco

Carlos Hiram Culebro S /ASICH

A quienes me escuchan les comunico que he estructurado mi intervención en tres partes. En primer lugar me referiré al Dr. Hilario Laguna Caballero, autor de la obra que hoy nos congrega.En segundo término reseñaré el libro que se presenta y finalmente compartiré algunas reflexiones en torno a la vida y obra de un siervo fiel del evangelio, Monseñor Felipe Aguirre Franco.
Hilario Laguna es Doctor en Estudios Organizacionales y ocupó diversos cargos en la Universidad Autónoma de Chiapas, entre otros, el de Encargado del Despacho de la Rectoría. Es autor de numerosas publicaciones, entre las que deseo destacar la que lleva por título el nombre del lugar donde nació: Joaquín Amaro, que es una comunidad perteneciente al municipio de Pijijiapan. También ha impreso algunos poemarios.
En cuanto al libro, ha sido publicado por Editorial Chiapaneros y cuenta con 236 páginas distribuidas en 20 capítulos en los que se narra la trayectoria del Excelentísimo Monseñor Felipe Aguirre Franco. Asimismo, se incorpora el testimonio de 18 personas, entre clérigos y laicos, incluyendo los comentarios de quien está en el uso de la palabra.
De Monseñor Aguirre Franco es justo destacar el merecido prestigio que ha conquistado entre la grey católica y el reconocimiento que ha suscitado en amplios sectores de la sociedad, fruto de su incansable labor de anunciar a Cristo y de servir con entrega a la comunidad. Su figura no sólo está construída por sus actos visibles, sino también por una profunda resonancia simbólica que toca el corazón de los feligreses.
Todo lo demás que expresaré esta tarde podría destinarlo sólo a referir su pasión por la música, las orquestas y otros grupos musicales que ha formado, así como sus composiciones melódicas. Esta dimensión artística la ha empleado como un puente para acercar a muchos al misterio de lo sagrado y a la belleza de una fe vivida con alegría. Todo ello es, en otras palabras, un eco del salmo que dice: “Cantad al Señor un cantico nuevo”.
Lo narrado en “Felipe Aguirre Franco. Buen pastor de brazos abiertos”, demuestra que su ministerio no se ha limitado a la esfera sacramental, sino que se proyecta en los ámbitos del acompañamiento social, el respeto a la diversidad cultural y crecimiento del tejido religioso, en particular de la Congregación de Discípulas de Jesús Buen Pastor que él formó. Esta congregación constituye un signo visible de su fecundidad apostólica.
Lo que mencionaré a continuación también lo he agrupado en 3 momentos: A) la presencia inicial de Monseñor en la Diócesis de Tuxtla Gutiérrez, B) su estadía en la Diócesis de Acapulco y C) su permanencia actual, nuevamente en Tuxtla Gutiérrez.
A) Durante su primera estancia en la Capital de Chiapas, desarrolló una intensa labor entre diversas comunidades, promoviendo el respeto intercultural y la atención a los más vulnerables. Su activa participación en grupos de Alcohólicos Anónimos, así como su colaboración en la Comisión para la Reconciliación y la Paz en Chiapas, son ejemplos tangibles de su sensibilidad y compromiso social. Estas 2 actividades, entre otras, nos revelan a un pastor que no se quedó en los templos sino que, como Cristo, salió al encuentro de las ovejas perdidas.
Ha tenido una presencia destacada en los organismos de la Iglesia en América Latina y México. Fue colaborador del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). En esos espacios no fue un actor pasivo, sino una voz lúcida y propositiva.
Su relación con el gobernador de ese entonces, Patrocinio González Garrido, fue cordial, aunque hubieron algunos momentos ríspidos, como cuando hubo el intento de legalizar el aborto o el encarcelamiento del presbítero Joel Padrón. En esos momentos, la palabra de Monseñor Aguirre fue incómoda para algunos, pero necesaria para todos.
Cabe destacar, entre otros logros, que gracias a su intervención como responsable de la Pastoral Indígena en la Conferencia Episcopal se logró el retorno de indígenas chiapanecos que se encontraban confinados en lo que fue el penal de Islas Marías, después que fueron visitados por él. Esa gestión fue un acto de reparación y justicia que me recuerda aquel párrafo bíblico que dice: “Estuve preso y viniste a verme”
B) Cabe recordar que en 2001 fue nombrado arzobispo de Acapulco y -aunque no se menciona en el libro que se presenta- es innegable que se trata de una de las diócesis más desafiantes del país debido al incremento de la violencia social y del crimen organizado. Tampoco me cabe la menor duda de que sus superiores vieron en él a un pastor capaz de fomentar el diálogo entre sectores sociales, religiosos y gubernamentales; es decir, la Providencia lo puso ahí como un faro en medio de la tempestad.
Fiel al espíritu del Concilio Vaticano II, impulsó la renovación litúrgica y pastoral, promovió la formación del clero, el protagonismo de los laicos, el desarrollo del discernimiento comunitario y la opción preferencial por los pobres, evidenciando con todo ello que su estilo pastoral ha sido -y sigue siendo- sobrio y conciliador, pero profundamente firme en valores evangélicos.
Cercano al pueblo, ha acompañado procesos comunitarios en contextos marcados por el dolor, como lo testimonia su constante participación en La Marcha del Ausente, por aquellos que migran en busca de mejores condiciones de vida.
C) En su cotidiana labor como Arzobispo Emérito, Monseñor Aguirre Franco, desde el Convento Jesús Buen Pastor que creó y hoy nos congrega, sigue cincelando una huella profunda en el rostro pastoral de la Iglesia en el sur de México. Su presencia significa consuelo y orientación a quienes se acercan a él. Incluso en el silencio, su figura habla, que se resume en la frase: Lo dijo Monseñor.
Como lo expreso en el texto que se presenta, Monseñor Felipe Aguirre Franco es un gran ser humano en toda la extensión de la palabra: admirable por su alto coeficiente intelectual, su extraordinaria memoria, su claridad teológica y su carisma que despierta afecto, respeto y admiración por su persona.
Por último, lo que ha sido su vida eclasiastica por más de un cincuentenario nos invita a reflexionar en la necesidad de una Iglesia que siempre camine con los pueblos, que escuche antes de hablar y que, como Monseñor Aguirre, abra los brazos sin condiciones. Gracias por escucharme.

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