Por qué se consume mucho alcohol en las fiestas decembrinas

Carlos Hiram Culebro S.

Diciembre es para millones de personas sinónimo de fiesta. Posadas, cenas de Navidad, reuniones de fin de año y convivios laborales marcan el calendario. Junto con los abrazos, los brindis y la música, aparece un invitado constante: el alcohol. Cada año, hospitales y autoridades de tránsito registran en el último mes del año, un incremento de accidentes relacionados con su consumo, confirmando una realidad conocida pero poco reflexionada: durante las fiestas decembrinas se bebe más y con frecuencia en exceso.
¿Por qué ocurre esto? La respuesta se encuentra en la convergencia de factores culturales, psicológicos y sociales que se intensifican justo al cierre del año.
En muchas culturas, brindar con alcohol es un acto cargado de simbolismo. Levantar la copa representa unión, buenos deseos, prosperidad y celebración. El alcohol se integra al ritual festivo como un “lenguaje social”: se bebe para sellar el momento y marcar que algo especial está ocurriendo, por ello en diciembre, cuando los encuentros se multiplican, también se incrementan las ocasiones para embriagarse.
Además, ciertas bebidas están profundamente asociadas a la temporada. Ponche, vino, sidra, cervezas y destilados aparecen como parte del menú casi obligatorio. No ofrecer alcohol en algunos contextos puede interpretarse como falta de hospitalidad.

Las fiestas decembrinas funcionan también como un periodo de “licencia social”. Conductas que durante el resto del año serían cuestionadas, como beber de más, desvelarse o romper rutinas, se normalizan bajo la idea de que “sólo pasa en diciembre”. Esta permisividad colectiva reduce los frenos individuales y facilita el consumo excesivo.

La presión social también juega un papel central. Rechazar una bebida puede generar insistencias, bromas o miradas incómodas. Para algunas personas, aceptar el trago -aunque no lo deseen- es una forma de pertenecer y de no romper la armonía del grupo.

Diciembre no es sólo alegría. También es un mes cargado de emociones ambivalentes. Para algunas personas las fiestas reavivan ausencias, duelos, conflictos familiares o frustraciones por objetivos no alcanzados. El cierre del año invita a balances personales que no siempre resultan satisfactorios. En este contexto, el alcohol aparece como una herramienta rápida para desinhibirse, “relajarse” o amortiguar emociones incómodas. Beber se convierte, sin que el sujeto se percate plenamente de ello, en una estrategia para manejar la tristeza, la soledad o la ansiedad, entre otras emociones igualmente desagradables.

El aumento del consumo de alcohol en diciembre no es exclusivo de México, se trata de un fenómeno mundial. En los diferentes países se observan incrementos similares durante Navidad y Año Nuevo. Cambian las bebidas y los rituales, pero el patrón se repite: más encuentros sociales, más brindis y mayor consumo de licor.
Lo anterior demuestra que no se trata únicamente de costumbres locales, sino de una dinámica humana más amplia, donde el alcohol se asocia a la celebración, la cohesión grupal y la suspensión temporal de normas cotidianas.

Aunque para muchos el consumo se limita a unos días, para otros, la época decembrina puede marcar el inicio o el agravamiento de problemas serios. Accidentes automovilísticos, discusiones familiares, gastos excesivos y problemas de salud son la cara más visible. Menos evidente es el impacto en quienes ya mantienen una adicción el alcohol.

Reducir el consumo no implica renunciar a la fiesta. Algunas acciones sencillas pueden ayudar: normalizar alternativas sin alcohol, atractivas y disponibles para todos; decidir con anticipación si se va a beber, cuánto y en qué momentos; acompañar la bebida con alimentos para moderar sus efectos; respetar y promover el derecho a decir “no beberé licor”, sin explicaciones. Cabe recordar que el sentido del brindis está en el encuentro, no en el contenido de la copa.

Las fiestas decembrinas seguirán siendo un tiempo de reunión y celebración. La pregunta no es si habrá alcohol, sino qué lugar le damos. Comprender por qué se bebe más en estas fechas permite tomar decisiones responsables. Al final, el verdadero espíritu de diciembre no está en la cantidad de copas levantadas, sino en la calidad de los vínculos que se fortalecen alrededor de la mesa.

Amigo de Alcohólicos Anónimos

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