¿Por qué funciona el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos? /Carlos Hiram Culebro S.

En un mundo donde las adicciones siguen creciendo y los tratamientos no siempre alcanzan el éxito, el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos (AA) lleva nueve décadas ofreciendo una respuesta sencilla pero profunda para vivir sobrio. Pero ¿qué es lo que lo hace funcionar?
Lo primero es que AA no promete milagros instantáneos ni recetas mágicas; propone un proceso de transformación personal que empieza con aceptar que se perdió el control sobre la bebida. Esa actitud abre una puerta a la honestidad y al deseo de cambiar. Además, AA entiende que el alcoholismo es una grave enfermedad que afecta de manera integral al individuo. Por eso, el trabajo de recuperación va mucho más allá de dejar de embriagarse: busca reconstruir toda la vida del adicto, en cuya población hay más mujeres y jóvenes cada vez de menor edad.
Una pieza clave del programa son las reuniones: espacios donde nadie juzga ni dicta órdenes. Ahí, cada persona escucha a otras que han vivido lo mismo y descubre que no está solo. La comunidad se convierte en una red de apoyo que sostiene cuando la fuerza propia parece agotarse. La experiencia compartida en esas reuniones es valiosa: quien ya tiene tiempo en sobriedad muestra que sí hay salida y cómo caminarla. En esas juntas no hay jerarquías ni expertos que impongan reglas. Cada miembro comparte, pero nadie manda; lo que constituye una democracia envidiable.
En ese proceso también aparece la figura del “padrino”: alguien que acompaña al recién llegado, lo escucha, le explica el programa y lo ayuda a enfrentar las dificultades cotidianas. Es un vínculo solidario entre iguales basado en la confianza y la ayuda mutua.
El corazón del método está en los llamados Doce Pasos, que son una guía sencilla: reconocer el problema, pedir ayuda a una fuerza superior —cada quien puede entenderla como quiera— reparar el daño causado y vivir con nuevos principios.
Otra razón de su efectividad es que AA no cobra ni exige datos personales. La única condición para pertenecer es querer dejar el alcohol. Esto implica que cualquier persona puede llegar sin que nadie más lo sepa, hablar o sólo escuchar, llorar o quedarse en silencio. Ese respeto a la privacidad permite que quienes llegan por primera vez no se sientan expuestos.
Además, esta organización humanitaria funciona porque cada quien se convierte en parte de la solución. Al ayudar a otros, los miembros fortalecen su propia sobriedad. Al recordar su pasado doloroso y ver como logra mantenerse sin embriagarse, el individuo renueva su compromiso y los deseos de ayudar a otros a recuperarse de esa terrible adicción.
La recuperación también se construye en lo cotidiano. No se habla de “nunca más me emborracharé”, sino de “sólo por hoy”. Esa filosofía hace el camino más alcanzable. Muchos miembros que alguna vez creyeron imposible vivir sin alcohol hoy celebran varios años de sobriedad, pero saben que se mantiene día a día, con humildad y en conexión con la comunidad.
AA no es perfecto, pero sus resultados están a la vista: millones de personas en todo el mundo han cambiado sus vidas gracias a este programa que recuerda que la recuperación es posible si se acepta ayuda y se camina acompañado.
La Dra. Sara Infante Murillo refiere, en la revista “Ganar Aliados”, que es un modelo de “iguales”, formado por personas que sufren la misma patología; sugerido por la OPS como una de las estrategias de las intervenciones psicosociales en el trastorno por consumo de sustancia. Asimismo, es efectivo, accesible, gratuito y disponible como apoyo para quien decide acudir.
Carlos Hiram Culebro reconoce no saber la manera en que influye en la rehabilitación la peculiar organización de AA. Los grupos -dispersados en todo el orbe- son la punta de la pirámide, la base en donde se realiza la labor de ayuda y en donde reside la autoridad, en contraste con otros modelos que centralizan el poder en estructuras jerárquicas.
Lo que sí sabe el suscrito es que su éxito se centra en la esperanza. Para quienes llegan derrotados, escuchar a alguien decir “yo estuve ahí donde tú estás y ahora estoy bien” es el primer paso hacia una vida nueva, a la vez, es una prueba irrefutable de que el programa de Alcohólicos Anónimos sí funciona.
Como anécdota, el autor de estas líneas en alguna ocasión fue invitado a conocer las oficinas de la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos AC. Quedó impresionado al ver los cientos de ejemplares del libro “Alcohólicos Anónimos” -texto básico en esa organización- editado en diferentes idioma y dialectos. Se le erizó la piel al pretender calcular los millones de personas que se han recuperado del alcoholismo y otros más que siguen mejorando en esa organización. Se retiró de ese sitio con la seguridad de que el programa de Alcohólicos Anónimos sí funciona y de manera excelente.
*: Considerado en los grupos de AA como Amigo de Alcohólicos Anónimos

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