EL APOYO DE LOS PADRES EN EL DESEMPEÑO ESCOLAR
El niño necesita la ayuda de sus padres para superar los desafíos de la escuela
Al enviar a nuestro hijo a la escuela adquirimos el compromiso de apoyarlo en el camino de su aprendizaje y socialización. No podemos renunciar a nuestra responsabilidad y dejar su aprendizaje totalmente en manos del maestro.
Si queremos verlo salir adelante, tendremos que asegurarnos de que asista todos los días a clases, crear las condiciones que lo animen a trabajar y decidirnos a participar en las actividades de la escuela.
Para participar en la vida escolar podemos asistir a las juntas, pláticas o festejos a los que se nos invita, dar sugerencias y comentarios críticos y respetuosos, ayudar como voluntarios, acompañar al grupo de niños en visitas o excursiones y, sobre todo, asegurar la asistencia constante de nuestro hijo.
El niño aprende mejor cuando siente que nos importa lo que hace, que lo amamos y lo apreciamos
Una condición indispensable para el buen desempeño escolar de nuestro hijo es mostrarle nuestro interés genuino por lo que aprende y nuestro orgullo por sus avances.
El niño realiza gran parte de las tareas escolares en casa, y es ahí donde requiere la compañía fuerte, activa, respetuosa y permanente de sus padres para facilitarle el trabajo hasta que él pueda hacerse cargo totalmente.
Las exigencias y los desafíos del aprendizaje se hacen cada vez más complejos
Por esos nosotros mismos tenemos que prepararnos para ayudar mejor al niño. Necesitamos encontrar maneras de facilitar su aprendizaje, entre las que pueden estar leer con él, enterarnos de lo que sucede en nuestra comunidad y en el mundo a través del periódico, la radio y la televisión, platicar acerca de las noticias o los programas más interesantes para todos.
Nuestra misión es ayudar a nuestro hijo a aprender de manera autónoma
Hemos de enseñar al niño a alcanzar sus metas a través del esfuerzo, la constancia y el orden, alentarlo a resolver por sí mismo sus asuntos; dejarlo experimentar, descubrir y explorar; enseñarle a perseverar y terminar lo que ha empezado.
Nuestra actitud hacia el aprendizaje también influye en la manera como nuestro hijo enfrenta el trabajo escolar.
Si pensamos que la educación es un proceso necesario y disfrutable; si nos entusiasmamos por aprender cosas nuevas como bordar, hacer carpintería, tomar un curso de nutrición o de historia, y si leemos con gusto, probablemente él se contagiara de nuestro interés por el conocimiento. Es una buena costumbre reservar un rato cada día para platicar en familia acerca de las cosas interesantes que cada uno aprendió y de las inquietudes y dudas que surgieron a partir de este aprendizaje.
Es fundamental que los niños hagan preguntas y que los padres aprendamos a contestarlas
Aún cuando sus preguntas nos parezcan graciosas, obvias o disparatadas, en el fondo, el niño se está haciendo un cuestionamiento serio sobre cómo suceden y cómo funcionan las cosas. Igual que los científicos. “ ¿Por qué se caen las cosas hacia abajo?” “¿Cómo crecen las plantas?” “¿Cómo se vuelve agua el hielo?” “¿Por qué el cielo es azul y no amarillo como el sol?” “¿Por qué las nubes blancas se vuelven negras cuando va a llover?” “¿De donde sale el ruido de los truenos?” Como lo más probable es que no podamos responder a muchas preguntas de nuestro hijo, lo mejor es decirlo claramente e invitarlo a investigar juntos. Una primera opción sería devolver la pregunta al niño: “Tú ¿ por qué crees?” “¿Cómo piensas que se sucede?” o “¿Que crees que sucedería si…?” “¿Qué te imaginas?”
Y después, orientarlo para que el busque la información que lo lleve a confirmar o modificar su respuesta. Podemos ayudarlo a consultar el diccionario, la enciclopedia, acompañarlo a la biblioteca, animarlo a preguntarle a otra persona, Lo importante es alentar a nuestro hijo a seguir investigando.
Lo que descubre por sí mismo queda grabado en su mente con mucho mayor fuerza que lo que le explicamos.
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