Derechos Humanos y Corrupción
Por Alejandro Pastrana Valls
La modernidad es un concepto que evoluciona día con día. Definir lo que hoy es normal y común, quizá no lo fue años atrás. Conceptualizar lo que es normal implica un análisis introspectivo de la propia definición del ser humano. Describir y definir al individuo es generar una conexión entre éste y su entorno. Hoy más que nunca los individuos buscan ser aceptados como seres únicos e irrepetibles. Donde esta individualización le permita tener derechos y obligaciones, haciendo más segura su participación y su relación con la colectividad. En la actualidad el ser está respaldo y sustentado por sus derechos humanos. Estos son las libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes básicos que incluyen a toda persona por el simple hecho de su condición humana. En otras palabras, la sencilla razón de ser un individuo implica que se tiene la garantía de una vida digna. Estos derechos son independientes de cualquier consideración y condición humana, no habrá ninguna limitante dado el estatus económico, sexo, etnia, nacionalidad, creencia religiosa o cualquier otra diferencia sociodemográfica.
Estos son inherentes a la persona, irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables. El sustento de los derechos humanos y su validez son universales e igualitarias, no tienen tiempo de caducidad (atemporales) y no se ven afectados por los acontecimientos políticos, económicos y sociales de un momento dado (la historia).
La Declaración Universal de Derechos Humanos constituyó el consenso mundial más importante sobre un sistema de valores aceptados libremente y expresamente en todos los pueblos, por los hombres y las mujeres que habitan el orbe. Por lo que, todos los Estado nación tienen la obligación de reconocerlos, respetarlos y defenderlos con el fin de garantizar a los individuos la vigencia de sus derechos y libertades.
Los derechos humanos pueden categorizarse en tres: derechos civiles y políticos (por ejemplo, derecho a la vida, libertad y seguridad personal, igualdad ante la ley, justicia, libertad de expresión, participar en la dirección de asuntos políticos, elegir y ser elegido a cargos públicos, etc.), derechos económicos, sociales y culturales (a la propiedad, seguridad económica, a la alimentación, al trabajo, a participar en la vida cultural del país, etc.) y los derechos de los pueblos o de la solidaridad (a la paz, desarrollo económico, autodeterminación, ambiente sano, a la solidaridad, etc.).
Sin embargo, cualquier derecho humano está al borde del precipicio cuándo existe corrupción. Transparencia Internacional define corrupción como el mal uso del poder encomendado para obtener beneficios propios. En otras palabras, es el “abuso de posiciones de poder o de confianza, para beneficio particular en detrimento del interés colectivo, realizado a través de ofrecer o solicitar, entregar o recibir, bienes en dinero o en especie, en servicios o beneficios, a cambio de acciones, decisiones u omisiones (definición de Transparencia por Colombia)”. El Banco Mundial la describe como el abuso de poder público en beneficio propio. Ésta requiere de la participación de dos individuos o actores: uno que por su posición de poder pueda ofrecer algo valioso y otro que esté dispuesto a pagar una “mordida” o soborno para obtenerlo.
Transparencia Mexicana realizó un estudio sobre la corrupción en México. De la cual se concluye que los grupos de menor edad muestran mayores índices de corrupción. La gente que tiene mayor escolaridad tiende a ser menos corrupta. Por su parte, la gente que percibe una mayor corrupción con respecto al año anterior, es la menos corrupta, y la que percibió un menor nivel de corrupción con respecto al año anterior es la más corrupta.
Los jóvenes enlistan a la corrupción arriba de la inseguridad, la pobreza, el desempleo, la educación y otros. Además, el combate a la corrupción es junto con la mejora en el sistema educativo la acción más necesaria en el país. Klitgaard (1988) concluye que la amplia difusión de la corrupción causa que la gente sobreestime sus costos y la considere como uno de los principales problemas del país. Sin embargo, cuando se focaliza o se detecta un problema repetido de corrupción esto puede generar progreso. Nye (1967) sostiene que los posibles beneficios de la corrupción ocurren cuando ésta induce a cambios hacia la modernización, y ésta es la única solución a un obstáculo al desarrollo.
Los costos de la corrupción se pueden clasificar en tres tipos. Primero, como desperdicio de recursos; por ejemplo, cuando hay corrupción en licitaciones se paga más que si no hubiera. Segundo, puede ocasionar la creación de “males públicos” (externalidades negativas). Por ejemplo, reduce la calidad de los bienes y servicios que el gobierno distribuye. Tercero y no menos importante, cuándo los funcionarios públicos desvían recursos para beneficios personales (riquezas).
La corrupción per se viola los derechos humanos de los perjudicados. La población más vulnerable son las minorías tales como los indígenas, los inmigrantes, las personas con capacidades diferentes y los más pobres. Aquella población con menos poder económico y político las cuales son excluidas por las redes de toma de decisiones. Sin embargo, esta lucha puede ser utilizada por las instituciones nacionales de derechos humanos con el fin de buscar una mayor penetración social.
Por ello, la responsabilidad para combatir la corrupción está en cada uno de nosotros. La corrupción afecta a la colectividad de forma indirecta. Es importante apoyar la lucha anticorrupción ya que está violando nuestros derechos humanos, siendo un crimen contra la humanidad.
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