Brasil conoce la envergadura de los grandes escenarios globales. Sabe cómo organizar campeonatos de Fórmula 1, partidos de NFL y Juegos Olímpicos. Sin embargo, el desafío que plantea la Copa Mundial Femenil 2027 -del 24 de junio al 25 de julio- trasciende la logística habitual: la meta del gigante sudamericano es transformar recintos, corredores gastronómicos y rutas culturales en destinos permanentes, así como consolidar la imagen de un deporte más inclusivo y seguro para los aficionados, afirmó la viceministra de Turismo de Brasil, Fernanda Norat, durante la apertura del IV Congreso Mundial de Turismo deportivo, realizado por primera vez en la Ciudad de México.
Norat celebró la evolución del futbol femenino en un país donde estuvo vetado por decreto entre 1941 y 1979. Al reflexionar sobre la infraestructura, la atención a los visitantes y los avances en movilidad, la funcionaria tomó como referencia la organización del pasado Mundial en México para plantear las bases de su estructura.
“Ningún gobierno puede transformar por sí solo el deporte”, advirtió. “Necesitamos aprovechar mejor los activos, el comercio y la cadena de valor del turismo para dejar un legado. La articulación de las empresas, el sector hotelero, las compañías aéreas, los organizadores y comunidades pueden transformar el torneo en un destino turístico”.
Cada una de las ocho ciudades anfitrionas de la justa femenil acogerá al menos siete partidos, incluido uno de eliminación directa. Brasilia, Porto Alegre, Recife y Salvador serán sedes hasta octavos de final, mientras Belo Horizonte, Fortaleza, Río de Janeiro y Sao Paulo tomarán la estafeta a partir de cuartos. La semifinal y la final se disputarán en el emblemático Estadio de Maracaná.
Según estimaciones de la Agencia Brasil, el torneo podría generar alrededor de mil 746 millones de dólares para la economía nacional, además de impulsar la creación de 73 mil 700 puestos de trabajo directos e indirectos.
“Partimos de una realidad diferente. Brasil cuenta con gran parte de la infraestructura requerida y acumuló aprendizaje con el Mundial 2026”, agregó. “Queremos mejorar la experiencia del visitante, utilizar la Copa para fortalecer la inversión en bases aéreas y capacidad hotelera, y agregar la inclusión a este legado. Necesitamos trabajar en la conectividad, comprometer a nuestros países para ser más fuertes mientras los estadios y las instalaciones deportivas permanezcan activas”.
El Maracaná, escenario donde Edson Arantes do Nascimento ‘Pelé’ brilló con la Canarinha, se convertirá en el tercer estadio en albergar una final de la Copa Mundial de varonil y otra de la femenil, después del extinto Estadio Rasunda de Solna (Suecia), en 1958 y 1995, y del Rose Bowl de Pasadena (Estados Unidos), en 1994 y 1999. México, por su parte, busca clasificar a su primera cita de la categoría desde Canadá 2015, luego de ausentarse en Francia 2019 y Australia/Nueva Zelanda 2023.
Durante la inauguración del congreso -que reunió a 520 representantes de 38 países- la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, destacó el impacto del sector turístico al recordar que la derrama económica dejada por el pasado Mundial osciló entre los 44 mil y 60 mil millones de pesos.
“Vivimos un verano inolvidable. Más de 12 millones de personas se apropiaron del espacio público durante un mes de competencia. La CDMX ganó el Mundial en las calles”, dijo. “Fue una vacuna contra la epidemia internacional de la soledad. Volvimos a mirarnos a los ojos, a llorar juntos, a latir en un solo corazón”.
Con información de LA JORNADA
