Mis vivencias con Alcohólicos Anónimos, un Triple A

Este texto se publicó en el Boletín semestral Ganando Aliados Núm. 62 correspondiente al período julio-diciembre 2022

Psic. Carlos Hiram Culebro Sosa

Mi primer contacto con Alcohólicos Anónimos fue siendo estudiante de Psicología en la UNAM. Un maestro nos invitó a visitar un grupo de la Central Mexicana de Alcohólicos Anónimos A.C. y fue una experiencia impresionante al observar el contraste entre la vida de un alcohólico activo y el renacimiento que tienen en esa agrupación. Esto mismo he repetido con mis alumnos de psicología y de enfermería.
En 1977 estuve en una reunión de Alcohólicos Anónimos en Alburquerque, EE.UU., llamándome la atención que con el café también me invitaron “palomitas”; asimismo, concurrí al proceso legal de jóvenes que cometieron algún delito menor estando ebrios. En algunos casos la sentencia fue la obligación de acudir a AA por un determinado número de reuniones, lo que me llevó a proponer esta experiencia a los directivos del Área Chiapas Centro de AA, sin lograr mi propósito.
Aunque las juntas que llevan a cabo a veces son prolongadas, estoy convencido de la eficacia en la atención curativa que brindan, y valorar en su justa dimensión el impacto favorable de los mensajes preventivos que difunden.
Por otra parte, estoy convencido que el recibimiento con aplausos que otorgan a los recién llegados y no los malos tratos que éstos reciben en otros espacios, propicia que en ellos aminore su sentimiento de culpa por su comportamiento y favorece la aceptación de su alcoholismo, que es fundamental para superar esa adicción.
Otros recuerdos de estas gratas experiencias quedan en el tintero o el olvido. Han sido casi 50 años que como AAA (Amigo de Alcohólicos Anónimos) he tenido con Alcohólicos Anónimos.

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