La diputada Magdalena Torres Abarca llamó a la reflexión y a la autocrítica, y sobre todo a cuáles han sido nuestras acciones para eliminar la violencia que acecha a mujeres y niñas mexicanas.
En el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, en tribuna de la cámara baja del Congreso de la Unión enfática dijo que no basta con congratularnos en tener una Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, ni tampoco una Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Intrafamiliar.
Reconoció que estos instrumentos sin duda son un avance para erradicar la violencia, y como diputados no podemos quedarnos cruzados de brazos como si el asunto ya no dependiera de nosotros. Tenemos la obligación de seguir alzando la voz, de buscar y poner en marcha los mecanismos necesarios para eliminar toda violencia contra las mujeres.
Anotó que el camino por recorrer aún es largo y sinuoso, y si nosotros no apuramos la marcha, no sólo estaremos en deuda con millones de mujeres mexicanas, sino que seremos cómplices de esta situación.
Dijo que aprovechó la máxima tribuna legislativa del país para ser la voz de las mujeres indígenas, porque en varias comunidades indígenas, bajo el pretexto de los llamados “usos y costumbres”,se están produciendo día a día situaciones lacerantes en contra de las mujeres.
Pareciera que los siglos no hubieran transcurrido, que hubieran pasado de largo o simplemente que los derechos de la mujer nunca hubiesen sido creados ni existido.
Miles de mujeres indígenas, niñas son vendidas dentro de la más pura tradición esclavista. Existe una explotación sexual indignante, una violencia física tan común que se asume normal. Y de los derechos políticos, o del derecho a decidir de manera libre sobre el número de hijos, mejor ni hablar. El problema es que casi nadie se atreve a cuestionar y mucho menos a castigar estos hechos, subrayó.
Expuso que es cierto que la propia Constitución de los Estados Unidos Mexicanos reconoce los “usos y costumbres”, su autonomía para decidir su forma interna de convivencia y organización social, económica, política y cultural, pero la Carta Magna nunca ha pretendido el reconocimiento legítimo de esta violencia, y por el contrario la Constitución prohíbe toda discriminación por género, reconoce la igualdad del hombre y la mujer.
Por tanto, es nuestra obligación, colaborar y coordinarnos con los demás Poderes del Estado, con los Partidos Políticos, Organizaciones civiles, y con la sociedad en general, para remover estas estructuras culturales arcaicas. Para eliminar la violencia contra nuestras mujeres indígenas.
Destacó que afortunadamente, no todas son malas noticias, el pasado 27 de octubre, cinco agencias de Naciones Unidas, con la participación del Instituto de las Mujeres y autoridades del Estado de Chiapas y Oaxaca, lanzaron un programa contra la violencia de género en comunidades indígenas de Chiapas y Oaxaca.
Torres Abarca puntualizó que con motivo de estas celebraciones no bastan las buenas intenciones: hacen falta mecanismos para que las mujeres realmente vivamos libres de violencia. Que nadie, sino nosotras, hable por nosotras. Ahora les toca escuchar, y más aún, actuar. Por una vida libre de violencia, nunca más un México sin nosotras. ASICh
