Las escuelas de Psicología en México

Psic. Carlos Hiram Culebro Sosa /ASICH

Desde la década pasada se observa en todo el país un crecimiento importante de escuelas y facultades de psicología, tanto como el incremento de aquellas tiendas de conveniencia que llevan una doble equis en su denominación; a la vez, se ha diversificado la formación del psicólogo, por las realidades humanas que intenta comprender y corregir. Aunque estas instituciones educativas comparten el propósito de formar profesionales capaces de explicar los procesos mentales y emocionales, sus planes de estudio y enfoques teóricos varían considerablemente. Esa diversidad, lejos de ser una debilidad, es un reflejo de la vitalidad de la disciplina y de las múltiples formas de entender al ser humano.
Una diferencia en esos centros educativos es que en algunos de ellos sus aspirantes son sometidos a estudios psicométricos, para aceptar a los más aptos, como sucede en la UNAM y en la Escuela de Psicología de la UNICACH. En los que no cubren ese requisito cabe la posibiidad de que ingresen aquellos que, sin percatarse plenamente de ello, su interés primordial es resolver su propia conflictiva psicológica. La ausencia en la aplicación de pruebas psicométricas, invariablemente acompañados de una o más entrevistas, ocure preponderantemente en las escuelas de carácter privado, por razones fáciles de comprender.
Los planes de estudio de esas escuelas coinciden en una base sólida en teorías del comportamiento y la mente, formación metodológica para la investigación, así como la práctica profesional; sin embargo, los caminos para llegar a esos objetivos difieren. En universidades públicas, como la UNAM, la UAM o la Universidad de Guadalajara, suele prevalecer una formación científica y crítica, donde la psicología se estudia como una ciencia social y biológica al mismo tiempo. En cambio, algunas universidades privadas privilegian el enfoque clínico, con mayor número de materias orientadas a la terapia individual y al desarrollo personal del futuro profesionista.
Las diferencias teóricas son también notables. Hay escuelas que se mantienen fieles a la tradición psicoanalítica, herencia de Freud y sus continuadores, donde la comprensión del inconsciente es el eje de la formación. Otras adoptan el modelo cognitivo-conductual, con mayor afinidad hacia la evidencia empírica, la medición y la modificación de conductas. Otras apuestan por una visión humanista y existencial, centrada en la libertad, la responsabilidad y la búsqueda de sentido. En los últimos años, la neuropsicología y la psicología organizacional han cobrado fuerza, impulsadas por los avances en neurociencia y las necesidades del mundo laboral contemporáneo. En la UNAM el alumno puede cursar materias de la orientación que él elija.
A pesar de las diferencias mencionadas, esas instituciones educativas comparten un mismo desafío: formar psicólogos competentes, éticos y sensibles a la realidad mexicana. En la práctica profesional, la formación en las aulas, hospitales psiquiátricos y otros espacios, pierde valor si no se acompaña de empatía, respeto y compromiso con la dignidad humana. Esa coincidencia ética es quizá la mayor similitud entre los distintos modelos formativos, pues ningún enfoque puede prescindir del elemento humano que da sentido a la labor del experto en la psique.
En cuanto a las áreas de ocupación, la amplitud de la psicología ofrece diferentes alternativas. En el ámbito clínico, los egresados pueden especializarse en psicoterapia, salud mental comunitaria o atención hospitalaria. En el educativo, intervienen en procesos de aprendizaje, orientación vocacional y desarrollo infantil. En el organizacional se desempeñan en recursos humanos, clima laboral o capacitación. Cada vez más, la psicología social y comunitaria encuentra espacios en programas de prevención, bienestar emocional y políticas públicas. En todos estos campos, la preparación universitaria marca una diferencia crucial entre el improvisado y el profesional formado con rigor.
La pluralidad de escuelas, métodos y teorías en la psicología mexicana puede generar debate, pero también enriquece la práctica. Cada institución ofrece una mirada distinta sobre la mente y la conducta. Lo esencial, desde el punto de vista del autor de este texto, no es cuál enfoque es “mejor”, sino cuál responde con mayor honestidad y profundidad a los intereses del estudiante.
Al final, más allá de los planes y los modelos, todos los psicólogos -hombre o mujer- comparten una misma aspiración: comprender al otro para ayudarlo a vivir mejor.

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