La Ventana de Overton: cuando el debate cambia antes que la ley

Marco Tulio Carrascosa

Las grandes transformaciones culturales rara vez ocurren de un día para otro. Primero cambian las palabras, después las narrativas, más tarde las percepciones y, finalmente, las leyes. A ese proceso se le conoce como la Ventana de Overton: una teoría que explica cómo determinadas ideas pueden pasar de ser consideradas impensables a convertirse en socialmente aceptadas o políticamente viables.

Desde la perspectiva de muchos ciudadanos, padres de familia y organizaciones civiles, existe preocupación por la forma en que temas relacionados con la identidad de género y la sexualidad llegan cada vez con mayor fuerza a espacios dirigidos a niñas, niños y adolescentes. Consideran que, a través de la educación, la cultura, el arte, el entretenimiento y las redes sociales, se busca normalizar conceptos que, a su juicio, deberían abordarse con prudencia, de acuerdo con la edad de los menores y respetando el derecho preferente de los padres a participar en su formación.

La historia demuestra que la cultura suele avanzar más rápido que las leyes. Lo que primero aparece en películas, series, música, publicidad, influencers o plataformas digitales, con frecuencia termina formando parte del debate político y, posteriormente, de iniciativas legislativas. Así opera la llamada Ventana de Overton: lo que ayer parecía inaceptable, hoy se discute; mañana puede convertirse en política pública.

Por ello, guardar silencio también tiene consecuencias. La tolerancia indiscriminada puede abrir paso a cambios culturales que, con el tiempo, muchas personas terminan aceptando simplemente porque se volvieron cotidianos.

Existen ejemplos internacionales que muestran respuestas distintas frente a estos debates. En Canadá y Suecia se han desarrollado políticas y programas educativos que incluyen contenidos sobre diversidad sexual y de género, mientras que diversos sectores de la población han respaldado esas medidas y otros las han cuestionado por considerar que ciertos temas deben corresponder principalmente al ámbito familiar. En contraste, Hungría aprobó restricciones a determinados contenidos sobre sexualidad e identidad de género dirigidos a menores de edad, argumentando la protección de la infancia y el derecho de los padres. En Florida, Estados Unidos, también se impulsaron normas que limitan algunos contenidos sobre orientación sexual e identidad de género en los primeros años escolares, generando un amplio debate nacional.

En Chiapas, este tema también ha llegado al centro de la conversación pública. Cada vez son más los ciudadanos, organizaciones y familias que expresan una postura clara bajo una misma consigna: “No a la ley de infancias trans en Chiapas”. Más allá de las diferencias de opinión, este llamado refleja la preocupación de un sector de la sociedad que pide que cualquier iniciativa relacionada con la niñez tenga como eje principal el interés superior de las niñas, niños y adolescentes, priorizando su bienestar, su desarrollo integral y el derecho de las familias a participar en su educación.

El verdadero debate no debe centrarse en descalificar a quienes piensan distinto, sino en responder una pregunta fundamental: ¿qué es lo mejor para nuestras niñas y nuestros niños? Cuando la infancia está en juego, la prudencia nunca será un exceso.

La Escritura también hace un llamado a ejercer discernimiento frente a los cambios culturales:

«”¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz!”
Isaías 5:20.»

Hoy más que nunca, la sociedad necesita analizar, reflexionar y participar en estos debates con responsabilidad. Porque las grandes transformaciones no comienzan cuando se aprueba una ley; comienzan mucho antes, cuando dejamos de cuestionar aquello que antes nos preocupaba.

Continuará….✒️

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