La educación y la relación de padres e hijos /Dr. Gilberto de los Santos Cruz

Las relaciones padres e hijos han sido y son tema de reflexión, tanto en la literatura universal como en la literatura pedagógica de todos los tiempos. Basta revisar los textos de los principales representantes de nuestra cultura para encontrar expresiones sobre los amores, fatigas, gozos y sufrimientos que conlleva la relación entre padres e hijos. Lo mismo sucede con disertaciones que filósofos, teólogos, psicólogos y pedagogos han hecho sobre la educación que los padres y madres deben dar a sus hijos, para la formación de mejores personas y mejores ciudadanos. A pesar de ello, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX que el tema se ha convertido en un eje trascendental para la educación del niño. Los crecientes problemas sociales, las adicciones, el fracaso escolar y la delincuencia infantil y juvenil hacen patente que los modelos educativos empleados no han sido suficientes para la adecuada formación del ser humano. Estos problemas son a todas luces, preocupación permanente por la que atraviesa la familia moderna y cuyas consecuencias se viven en las distintas sociedades. De ahí la necesidad de realizar investigaciones que ofrezcan a los padres y madres de familia alternativas educativas, formales y sistemáticas que permitan adquirir conocimientos, modificar actitudes y desarrollar habilidades para cumplir con su gran responsabilidad de principales educadores de sus hijos. Esta investigación busca cotejar las distintas posturas y planteamientos, para conocer cómo la revaloración del niño y la familia, sus necesidades y derechos, han ido acompañados de los cambios sobre la idea que se tenía de la familia en las diversas épocas y sociedades. El estudio se presenta en cuatro partes: 1. Recomendaciones para la crianza de los hijos. Se mencionarán textos de Virgilio y Quintiliano como intentos aislados y poco sistemáticos en los que se dan consejos y recomendaciones a los padres para educar y conducir a los hijos pequeños, en una época en que la atención a la niñez no era prioridad social y en la que los niños no alcanzaban la categoría de personas. Estos autores reconocen la necesidad una buena educación de los niños para que lleguen a ser buenos ciudadanos. 2. La figura de la madre en la formación del hijo. Este período revela un cambio en la concepción de la infancia, así como recomendaciones orientadas al respeto de su persona, de su libertad y sus decisiones vocacionales. Se enfatiza la formación de la madre como educadora y se edifican los inicios de la relación de los padres de familia y la escuela. 3. La educación familiar en el siglo XX. En la tercera parte se presenta a Makarenko, aludiendo propiamente a la educación de los padres y a la necesidad de comprender que para educar a los hijos primero hay que empezar por la educación de los padres. 4. La sistematización de la educación familiar. En la cuarta parte se verá cómo, en todo el mundo, fue surgiendo la necesidad de sistematizar y profesionalizar la educación para los padres orientada a mejorar su función, apareciendo en Francia con Isambert la escuela para padres refleja aspectos que más tarde Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) y otros autores desarrollarán como «pasiones humanas». La idea central es que éstas deben ser controladas, educadas para el buen uso de la razón, el amor, la ambición, la libertad y las pasiones mismas. Termina el poema aludiendo a la grandeza de la dicha humana, la relación amorosa entre padres e hijos: «Empieza, oh tierno niño, a conocer a tu madre por su sonrisa; diez meses ha sufrido por ti grandes dolores. Empieza tierno niño; el hijo que no ha alcanzado la sonrisa de sus padres jamás fue admitido en la mesa de los dioses, nunca en el lecho de las diosas» Es claro que para Virgilio lo primero negativo que le ocurriría a un hombre sería que no fuera bien amado y bien criado de niño, o que no supiera corresponder al sacrificio de sus padres al haberlo tenido; sería un hijo malcriado que no podría ser un buen ciudadano ni contar con la tutela de los dioses. Con Quintiliano (95 a 25 a.C.) ocurre algo diferente. Este insigne pedagogo de origen hispano, se refería a la educación infantil señalando la importancia de que, desde muy pequeños, los niños deben ser educados mediante la observación, la imitación y el afecto; son los padres los encargados de dicha labor y de ahí que deban tener el cuidado de las acciones que realizan frente a los hijos. Podría afirmarse que es quien instaura el principio del ejemplo como el ABC de la educación familiar clásica. Se muestra una preocupación por el cuidado de las costumbres ya que éstas son básicas para la vida familiar. Quintiliano nos señala uno de los principios básicos de una «guía» para padres: «Nacido el hijo, el padre debe concebir las mayores esperanzas de él pues así, pondrá mayor esmero desde el principio. Los niños asoman esperanzas de muchísimas cosas. El padre que reflexione esto muy bien ya desde el principio aplicará el mayor cuidado para lograr las esperanzas que él pretenda». El término más adecuado parece ser el de crianza. La educación es un término que aparecería más tarde y se refiere más a procesos sistematizados. En cambio, la crianza correspondía mejor a las actividades que los padres realizaban y que incluía desde el cuidado y la nutrición hasta los consejos y preceptos para vivir bien. Como podemos ver con estos autores, apenas se nos dan unos esbozos aislados e improvisados de una «buena crianza». La fuerza de la autoridad y del ejemplo son elementos vitales para el fortalecimiento del carácter de los hijos y la estructura familiar.
LA FIGURA DE LA MADRE EN LA FORMACIÓN DEL HIJO Juan Luis Vives enfatiza la labor educadora que desarrolla la madre dentro de la familia; es la figura materna quien tiene el principal papel formativo para con los hijos, desde imponer los deberes a cada uno de ellos hasta la enseñanza de las letras para los mismos. La madre, a pesar de sus múltiples ocupaciones en el hogar, debe darse espacio para formar cultamente a sus vástagos. Por ello, se puede ver que jamás significará molestia para la madre piadosa y amante consagrar unos momentos de holgura a las letras o a la lectura de libros sabios y santos, si ya no por ella, al menos por sus hijos para enseñarlos, para hacerlos mejores. El papel de la madre en la formación del niño se toma del papel de la mujer en la sociedad medieval cristiana: amorosa, culta, obediente, delicada y consagrada a la transmisión de los valores de la época. A ella se le relega de las ocupaciones sociales y se dedica completamente al fortalecimiento ético, cultural y religioso del niño. En cuanto al padre, se dice que la educación por parte de éste debe llevarse a cabo mediante las buenas costumbres que los hijos observarán y nos dice que el padre, pues, si en su mano estuviere proporcione a su hijo sin tacha ni mancilla y sea enseñado por él si está en condiciones de enseñar, siempre que no fuere él solo pues aprovecharía menos».
Otro aspecto de importancia es que el autor hace una reflexión sobre dónde estará mejor educado el hijo: si en una escuela pública o en el hogar. Realiza una valoración de ambos y la que mejores resultados tendrá va a ser la educación que se lleva a cabo en la familia por el hábito de costumbres y la constante vigilancia de los padres. El amor hacia los hijos, sostiene nuestro autor, deberá ser guiado por la razón e irá aumentando y orientándose de acuerdo al conocimiento que se tiene sobre éstos, a los cuales deberá mostrarse un verdadero afecto paternal, siempre y cuando sean merecedores de ello. También considera que los padres generalmente se ocupan de tonterías —juegos, pataleos— que por los actos de sus hijos: «Quieren educarlos como monos y no como verdaderos hombres» En este sentido, Montaigne comparte el desconocimiento de la época, que prevaleció por siglos, sobre las necesidades afectivas de los niños desde recién nacidos y cómo mediante el juego se pueden establecer canales de comunicación e intimidad, entre padres e hijos, y deja ver cómo en esos tiempos se percibía la educación en la familia, más solemne, racional e incluso condicionada, que afectiva amistosa y natural. a la educación, como podemos ver en las recomendaciones que da a los padres para que sean compartidos y solidarios con sus hijos, para que los formen en y para la libertad y el amor. Rechaza todo tipo de violencia, pues nada se consigue haciendo uso de la fuerza, sólo almas cobardes y malignas.

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