En el momento de la historia humana en que se efectúa la transformación de la sociedad comunista primitiva en sociedad dividida en clases, la educación tiene por problema propio: luchar contra las tradiciones del comunismo de tribu; inculcar que las nuevas clases dominantes no tienen otra finalidad que asegurar la vida de las clases dominadas, y vigilar atentamente el menor asomo de protesta para extirparlo o corregirlo. El ideal pedagógico, naturalmente, no puede ya ser el mismo para todos; no sólo las clases dominantes cultivan uno muy distinto al de las clases dominadas, sino que procuran además que la masa laboriosa acepte esa desigualdad impuesta por la naturaleza de las cosas, y contra la cual sería locura rebelarse.
Con el advenimiento del capitalismo la burguesía replanteó la totalidad de los problemas, entre ellos, el pedagógico. El individualismo burgués y sus fundamentos, el individuo como premisa necesaria y la libertad absoluta para contratar, para comerciar, para creer, para pensar, comenzaron a resonar en la educación. Instrucción para la explotación, resume en pocas palabras lo que para Ponce es la educación en el capitalismo. El naciente capitalismo necesitó de hombres que supieran manejar las máquinas que la industria no paraba de crear y que aprendieran a pensar, querer y actuar a través de la burguesía. La necesidad de instruir a las masas acorde a las nuevas demandas técnicas de la producción capitalista, generó que la burguesía tuviera temor de que esa instrucción permitiera la rebelión de las mismas. Sin embargo, Ponce explica que la burguesía solucionó la tensión entre sus intereses y temores impregnando a la enseñanza con un espíritu de clase; la instrucción que ofreció no comprometía de ninguna manera la explotación del obrero, que es la base misma de existencia del capitalismo. Ponce nos advierte que fue esta hipocresía la que llevó a echarle la culpa de los problemas educativos, tales como la falta de la escolarización universal, a los programas escolares, a los métodos de enseñanza, a la rigidez de los horarios. Una nueva educación que, según Ponce, tenía una confianza absoluta en la educación como un medio de transformación de la sociedad. Se proponía construir al nuevo hombre a partir de la escuela de la burguesía. Hemos visto que la educación por medio de una escuela renovada aparecía después que la clase social que la reclamaba había afirmado en gran parte sus intereses y mantenía a distancia, por lo menos, al Estado enemigo… “Exigirle” al Estado burgués en nombre de la “cultura” y del “espíritu”- que se “auto limite” hasta convertirse en Estado cultural y se desprenda así del control de la enseñanza. La educación no puede ser en cada momento histórico sino un “reflejo necesario y fatal de los intereses y aspiraciones de esas clases”, afirmaba Ponce. Argumentaba que los ideales pedagógicos son expresión de la lucha de clases y no son capaces de transformar la sociedad, sino después que la clase que los inspira ha triunfado y deshecho a las clases rivales. La clase que domina materialmente es la que domina también con su moral, su educación y sus ideas. Ninguna reforma pedagógica puede imponerse con anterioridad al triunfo de la clase revolucionaria que la reclama.
En síntesis, el centro de análisis de Aníbal Ponce está ubicado, por un lado, en la educación del hombre burgués y en el proceso educativo diferenciado que su educación trajo aparejado. Y por otro, o al mismo tiempo, en la necesidad histórica de destruir esa educación para construir su opuesta: la educación del hombre proletario. Una educación cuyos verbos sean construir, crear, superar. Una educación que no niega la dirección, sino que sirve a los intereses propios, es decir, a los intereses de las mayorías. Una “nueva educación” que representa, para Ponce, una educación (socialista) para la formación y construcción de Hombres Nuevos.
Educación y lucha de clases, el libro que introduce, explica y postula que la educación es un proceso de dirección de las clases dominantes hacia las clases oprimidas; que ese proceso de dirección no existió siempre, sino que se constituyó históricamente cuando comenzaron a aparecer las sociedades divididas en clases; que con la aparición de sociedades divididas en clases, cada sociedad derivó de su concepción del mundo un ideal pedagógico; que se fue transformando históricamente y respondió a los fines educativos de las clases dominantes; generando así no una educación, sino educaciones; que la educación para las clases dominantes tiene por objetivo cuidar y acrecentar sus intereses de clase; que la educación está, por tanto, impregnada de un carácter de clase; y que ese carácter de clase sólo podrá desaparecer en una sociedad nueva, sin clases; en una sociedad socialista.
Ponce expuso en el año 1934, varias décadas antes de que se produjera el auge del marxismo en las ciencias sociales; casi 40 años antes de que comenzara a desarrollarse en el campo de la educación la denominada teoría crítica; y 30 años antes de uno de sus referentes: Paulo Freire. Ponce nos advierte que, desde que la sociedad se dividió en clases después del comunismo de tribu, la educación se convirtió en un proceso educativo diferenciado. Nos habla, entonces, de la educación como una práctica política y como una práctica de clase.
La función de la educación es doble: por un lado, reforzar el poder de los explotadores; por otro lado, que los hombres acepten la desigualdad como algo natural, de modo de evitar la rebelión de las masas. Estudia cómo los cambios económicos, sociales y políticos, cambiaron a la educación; y cómo los cambios en la educación produjeron cambios en la economía, la sociedad y la política. Está claro que no hay confianza en la educación como el medio de transformación de la sociedad. Una nueva educación sólo sería posible en una nueva sociedad, una sociedad sin clases, En conclusión, Educación y lucha de clases es un libro que es praxis. Es un profundo análisis crítico sobre la educación y al mismo tiempo es un llamado a la revolución.
