Itinerario Político

Calderón y el día más violento

Ricardo Alemán

Está en la historia el 11 de junio de 2010. No hay causa efecto en crímenes y el viaje de Calderón

El 11 de junio del año 2010 ya está en la historia mexicana. Pero no porque el presidente Calderón decidiera acudir al juego inaugural de la Copa del Mundo en Sudáfrica, y menos por el buen resultado de la oncena mexicana, que más bien decepcionó.

No, esa fecha está en la historia del país por la violencia registrada en los estados de Chihuahua y Tamaulipas —en donde fueron ejecutados 38 y 20, respectivamente—, crímenes que ofenden a todos, pero que además ratifican que la estrategia oficial seguida en la lucha contra las bandas criminales debe ser modificada.
Pero además porque Chihuahua y Tamaulipas son dos estados del país que compiten por el nada recomendable honor de ser las entidades más violentas y con el mayor número de personas muertas a causa de las peleas entre narcotraficantes y criminales. ¿Qué calidad tendrán las elecciones para renovar los gobiernos estatales en Chihuahua y Tamaulipas? Eso lo veremos luego de la elección. Por lo pronto es claro que la sociedad de Chihuahua y Tamaulipas tiene en el PRI la mejor imagen de gobierno a pesar de los elevados niveles de violencia.

Sería descabellado suponer que existe una relación de causa-efecto entre el viaje presidencial a la inauguración del campeonato de futbol y el día del sexenio con más ejecuciones —algunos medios dieron 70 muertos y otros 85—, ya que en Chihuahua y Tamaulipas las ejecuciones son frecuentes.

Lo que no es descabellado es calificar como penosa la reacción del gobierno ante esos niveles de violencia, verdaderas masacres que quitaron la vida a por ahí de 80 personas.

Y es que resultó ridículo, por decirlo con suavidad, que el presidente Felipe Calderón condenara las masacres de Chihuahua y Tamaulipas desde Sudáfrica, lo que de suyo deja ver una ausencia de gobierno que preocupa. Cuando aquí argumentamos que “el horno no está para bollos” en cuanto al viaje del presidente Calderón a Sudáfrica, la respuesta de no pocos fue que asumíamos una posición “aldeana”.

En muchos casos, se dijo que no existía ningún problema si el Presidente se ausentaba para acudir a la inauguración del Mundial. Pero nada dijeron sobre lo ridículo que resultó que el Presidente condenara las masacres de Chihuahua y Tamaulipas desde Sudáfrica.

El argumento para explicar que el viaje del Presidente era positivo fue que el mandatario mexicano sería visto por millones en todo el mundo, en un evento de características globales, que servirían para enviar la imagen de un México moderno.

Sin embargo, el presidente Calderón ni siquiera fue mencionado en la ceremonia inaugural, su presencia pasó de noche y, peor aún, desde la Secretaría de Relaciones Exteriores se intentó engañar a los mexicanos con un supuesto viaje de trabajo.

Lo cierto es que las masacres de Chihuahua y Tamaulipas llamaron más la atención sobre México –y la crisis de violencia que se vive– que el viaje del Presidente.

Pero, además, habría resultado de una notable rentabilidad en imagen para el gobierno de Calderón que, en lugar de estar en Sudáfrica a las nueve de la mañana de México, estuviera en Chihuahua instruyendo a sus colaboradores sobre las directrices a seguir en la persecución y captura de los responsables de la masacre. Por eso lo ridículo de la condena en Sudáfrica, cuando en México poco o nada se hace para impedir esas muertes colectivas.

Lo cierto es que la fiebre del futbol parece haber atrapado a todos por igual, desde autoridades hasta la sociedad en general, ya que a pesar de lo gravísimo de dos masacres como las ocurridas en esas entidades, el tema ha sido olvidado. ¿Quién se acuerda hoy —salvo EL UNIVERSAL, que le ha dado seguimiento— de los jóvenes asesinados, de sus familias y de la persecución de los criminales?

Pero lo más grave parece estar en el imaginario colectivo, tanto de autoridades como de ciudadanos en general.

Y es que lo peor que nos podría pasar sería que viéramos como un hecho cotidiano las masacres, que nos acostumbremos a verlas como una estadística más y que a partir de ese desdén de ciudadanos y gobiernos se conviertan en hecho cotidiano.

Y no intentamos cuestionar la fiesta del futbol, que a querer o no es una fiesta colectiva, una saludable pausa en la vida cotidiana y hasta en la tragedia. No se trata de escandalizarse porque el Presidente se va al juego inaugural o porque todos o casi todos estemos metidos en el futbol. No, simple y sencillamente hablamos del riesgo de perder los llamados “anticuerpos sociales” ante los poderes fácticos y la ausencia de gobierno.

Por eso no podemos aceptar, como sociedad, condenas de esos crímenes venidas del otro lado del mundo, aunque sean del presidente Calderón.

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