¿Sin Peña Nieto, regresaría el PRI a Los Pinos?
Ricardo Alemán
El más común de los lugares —cuando se habla de la presidencial de 2012— es que el PRI está listo pare regresar al poder presidencial. Lo dicen los jefes del partido, Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones, y lo avalan las encuestas
Otro lugar igual de común para 2012 es que Enrique Peña Nieto no sólo es el presidenciable más avanzado, sino el seguro candidato del PRI. En esa ecuación, si es seguro el regreso del PRI a Los Pinos y si Peña será el seguro candidato tricolor, entonces sería seguro que el gobernador mexiquense despachará en Los Pinos en 2012. Silogismo perfecto, casi matemático.
Pero en política —dicen los artesanos de esa ciencia nada exacta— las altas matemáticas no sirven para nada. Más aún, entre políticos “el orden de los factores” sí altera el producto. Por eso, el partido tricolor podría vivir una tragedia política si su más aventajado y carismático puntero —muñeco de pastel— es echado de la contienda.
Es decir, no existe ninguna garantía de que el PRI regrese al poder en 2012 si es que Peña Nieto no aparece en la contienda. Más aún, si por la razón política que se quiera el mexiquense no compite, el puntero de la contienda sería AMLO, seguido muy de cerca por Santiago Creel y otro priísta —en realidad otra— estaría en tercer lugar. En el fondo, asistimos al mejor ejemplo de que los liderazgos, la popularidad y la fama que llevan a un político a “los cuernos de la luna del poder” tienen una fuerte dosis de efectos circunstanciales. ¿Tienen dudas?
Para disiparlas basta una evaluación básica de cómo llegó Vicente Fox al poder presidencial. Resulta que, igual que en el caso Peña Nieto, una buena porción social se enamoró –políticamente– del guanajuatense. Una mayoría reclamaba el cambio y, si bien no sabía qué tipo de cambio, sí sabía que no quería más al PRI. Fox dijo a esa mayoría lo que esa mayoría quería escuchar. Lo mismo pasó con AMLO. Fox decepcionó a todos y muchos vieron en el tabasqueño al nuevo amor político. Se entregaron por completo. Hoy el amor político en turno se llama Peña Nieto.
Muchos en el PRI apuestan a que Peña llegue entero a julio de 2012, pero otros tantos en el PRD y el PAN hacen todo por tirarlo. Si amarillos y azules logran su objetivo, el PRI no tiene un “plan B”. Y la decepción tricolor será igual que la amarilla en 2006. La verdad es que, a pesar de la arrogancia del mexiquense y su claque, hoy no hay nada seguro para nadie. Y lo recomendable sería que se vieran en el espejo de AMLO en 2006.
EN EL CAMINO. Los estrategas de Peña usan las redes sociales para “blindarlo”. Lo que no saben es que se trata de una pistola con dos cañones. Y se pueden volar la cabeza. Al tiempo.
