*Raúl Bonifaz
Sin duda es un tema interesante dentro del ámbito educativo, el cual nos lleva a reflexionar que los maestros de escuela se deben a la “educación rural mexicana”, -es su origen- se entiende que los tiempos son otros la economía, la tecnología, la ideología, la política y los medios de comunicación son totalmente diferentes. Pero no podemos olvidarlo.
Antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, -aunque se sabe muy poco- se supone que los mexicas tenían un sistema de educación escolar; ya en la época colonial la educación popular indígena tenía como objetivo la evangelización de los indios promovida por los misioneros franciscanos. La real y pontificia Universidad de México se funda en 1551 reservada para alumnos españoles y para indígenas nobles. Es en 1693 que el rey encargó el fomento de las escuelas a las autoridades civiles locales (los alcaldes mayores) porque ellos eran los supervisores de las cajas de la comunidad de los pueblos indios, de donde se pagaba a los profesores.
Al iniciarse la vida independiente la situación educativa es precaria, el 99.38% de la población mexicana era analfabeta. La independencia hizo reconocer la necesidad de instruir a la población con la participación del Estado. En 1786 se abren las escuelas municipales de primeras letras y en 1811 el Dr. Manuel Ramos Arizpe, pidió que se redactara un sistema general de educación pública, el Título XI de la Constitución de 1812 fue dedicado a la instrucción pública y estableció que los ayuntamientos tenían que sostener escuelas municipales para niñas y niños se debía enseñar a leer, escribir, contar y el catecismo católico.
La Reforma Educativa emprendida por Benito Juárez constituye el punto de partida del Porfiriato, la Reforma establece la gratuidad de la enseñanza, especialmente para los niños pobres, fuese con fondos municipales o con fondos de las fincas y haciendas, impulso la obligatoriedad de la instrucción, y en cuanto a la orientación teórica, la instrucción religiosa y las prácticas oficiales de cualquier culto quedaron prohibidas en todos los establecimientos de la federación, de los estados y de los municipios.
Sin embargo, la Iglesia Católica también formaba sus propios maestros para la educación básica. No se resignaba a dejar el monopolio de la educación en manos del Estado, mucho menos cuando el Estado mexicano proclama la concepción laica de los contenidos educativos. Formar a las conciencias a través de la escuela era asegurar el predominio de las concepciones religiosas.
Prácticamente durante el porfiriato la educación rural fue irrelevante, pues ésta, de hecho, fue producto de uno de los reclamos sociales surgidos de la Revolución Social Mexicana de 1910. Poco antes de la caída de Porfirio Diaz, se promulga la Ley de Instrucción Rudimentaria, cuyo objetivo era proporcionar educación al pueblo, principalmente a los indígenas, la escuela rudimentaria enseñaba a leer a hablar, leer y escribir en español y manejar las operaciones elementales de cálculo, duraría dos cursos anuales y no sería obligatoria.
El Estado mexicano en el ámbito rural fue corporizado a partir de las acciones de los maestros rurales que durante la primera mitad del siglo XX, atravesaron la selva, desiertos, subieron a la sierra, convivieron con los grupos rurales e indígenas, con la finalidad de establecer las bases del sistema educativo. Por ello, vale reflexionar sobre las maestras y maestros que han formado parte de los contingentes de educadores del país cuyas obras y méritos a veces se quedan en el anonimato, en la memoria de los pueblos donde iniciaron sus labores. Se trata de maestros cuyo currículum puede ser contado por los campesinos o grupos indígenas a los cuales ayudaron a construir escuelas, repartir las tierras de las haciendas, a introducir el servicio eléctrico, a abrir los caminos.
La acción de los maestros rurales fue más allá de las acciones educativas escolares para construir comunidad. La educación durante el porfiriato (1880-1910) había favorecido la escuela en las áreas urbanas como privilegio de unos pocos, en tanto en el ámbito rural se había producido una estructura productiva heterogénea con base en el sistema de haciendas, lo que dio por resultado una profunda desigualdad social (Martínez, 2005). Para 1910, de quince millones de habitantes en México, sólo tres sabían leer y escribir (Solana, 1982).
La escuela rural mexicana se estableció como el medio para hacer avanzar al país en medio de la heterogeneidad étnica que caracterizaba a México. Las propuestas de Rafael Ramírez (1981) formaron la base de la conformación de la escuela en el ámbito rural, la cual establece la necesidad de convertir a la educación en un proceso de adquisición de saberes y haceres puesto que en todo momento se debe educar y adiestrar (Ramírez, idem).
La escuela rural mexicana avanzó como escuelas del lugar, con ello se expresaba el propósito de que éstas se establecerían para atender las condiciones específicas de los distintos lugares a fin de perfeccionar las artes y oficios que se desarrollaban a lo largo y ancho del país. Se pretendía que cada comunidad tuviera una escuela de acuerdo con sus necesidades y características regionales para que la escuela se convirtiera en el centro desde el cual se conducía la acción comunitaria hacia una mejor forma de vida.
Los maestros rurales fueron enviados a escuelas rurales que no existían, pero ellos eran los portadores de la idea de escuela, por eso los maestros mexicanos de la primera mitad del siglo XX fueron los constructores de la escuela rural mexicana ya que su paso por una comunidad rural significó la transformación de la propia comunidad.
Implantar una escuela era la señal del paso de la Revolución. Era la presencia del Estado ahí donde sólo existía la comunidad agraria, la relación de la sociedad con la naturaleza. Pero no se trataba de cualquier Estado, la escuela rural mexicana estaba construyendo el Estado de la Revolución Mexicana.
Las escuelas rudimentarias, las misiones culturales, escuelas centrales agrícolas, la casa del pueblo, escuelas rurales, escuelas regionales campesinas, escuelas socialistas, escuelas del amor, escuelas normales rurales, todas son parte de la historia del maestro y maestra rural mexicana.
*Delegado Federal del CONAFE, en Chiapas
