Las nuevas reglas de equidad e identidad de género en el estado no solo sepultan las simulaciones de las dirigencias partidistas; también activan una bomba de tiempo en las estructuras de Morena y el Partido Verde que fractura sus alianzas con los cacicazgos locales y el voto religioso tradicional.
La LXIX Legislatura del Congreso de Chiapas cerró su periodo ordinario de sesiones con una estocada directa al corazón de las dinámicas tradicionales de los partidos políticos.
Las reformas aprobadas en materia de paridad de género al 50% y de identidad de género no son simples ajustes de narrativa progre; representan una reconfiguración forzada del juego electoral que obligará a las dirigencias partidistas a abandonar sus viejas prácticas de simulación si no quieren enfrentar la descalificación inmediata o, en el peor de los casos, la cárcel [Proceso, El Heraldo de Chiapas].Para las cúpulas de los partidos en Chiapas —acostumbradas a negociar candidaturas en lo oscurito y a cumplir las cuotas de género enviando a las mujeres a los distritos con nulas posibilidades de ganar—, la paridad horizontal y vertical ahora es un mandato constitucional con dientes [El Heraldo de Chiapas].
El Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) ya no se limitará a emitir amonestaciones públicas o multas menores que los partidos pagaban con gusto como costo de campaña. Ahora, la sanción inmediata por inclinar la balanza hacia los hombres será el rechazo fulminante de las listas completas de candidatos, dejando a las siglas sin competir en alcaldías clave y asfixiando sus prerrogativas económicas.El verdadero reto logístico e ideológico para los operadores políticos radica en las acciones afirmativas de género y la inclusión de jóvenes.
Con la validación de la identidad de género administrativa, las dirigencias enfrentan un dilema ético y legal: abrir espacios reales a la comunidad LGBTIQ+ o arriesgarse a fraudes de autoadscripción que los tribunales electorales vigilarán con lupa [Proceso]. Cualquier intento de registrar candidatos hombres bajo identidades trans simuladas para burlar la cuota no solo anulará la postulación, sino que activará penas de 2 a 6 años de prisión bajo la Ley General en Materia de Delitos Electorales por violencia política de género.
Para Morena y sus partidos aliados, la aprobación exprés de estas reformas representa un triunfo legislativo que, paradójicamente, activa una bomba de tiempo en sus propias estructuras. El oficialismo utilizó su aplanadora para cumplir con la agenda progresista dictada desde la Federación, pero al hacerlo, rompió el delicado equilibrio que sostenía su control electoral en el estado más complejo del sur del país. El primer gran dolor de cabeza será el reparto de candidaturas en los municipios con fuerte arraigo de usos y costumbres o con altos índices de violencia, donde tradicionalmente han fincado su poder aliándose con cacicazgos masculinos. Además, al validar la identidad de género administrativa abrieron una grieta con los sectores religiosos —católicos y evangélicos— que históricamente operaban a su favor en las urnas [La Jornada].En esta misma encrucijada se encuentra el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que en el ecosistema chiapaneco opera bajo la máxima del pragmatismo absoluto. El PVEM no se mueve por convicciones ideológicas de izquierda; su fuerza radica en su capacidad para tejer acuerdos con líderes rurales tradicionales. Obligar a estas estructuras fuertemente verticales a ceder el 50% de las candidaturas destruye los acuerdos preexistentes. Los operadores del Verde saben que la amenaza del IEPC de cancelar registros no es un juego, por lo que el partido se enfrenta al desafío de disciplinar a sus bases o ver cómo sus liderazgos locales migran hacia partidos de oposición que prometan un menor rigor en la fiscalización de género.
Chiapas entra así a una nueva era electoral donde las estructuras partidistas tradicionales o se profesionalizan con perspectiva de género, o se extinguen en los tribunales. El oficialismo construyó las reglas con las que ahora podría perder el control de varios de sus bastiones más importantes, mientras que la supervivencia del Verde dependerá de su habilidad camaleónica para simular el cumplimiento de las cuotas sin perder a los caciques que le garantizan las urnas llenas.
Las cartas están sobre la mesa y el margen de maniobra se ha reducido al mínimo. Queda ver quién sobrevive a las nuevas reglas del juego.
