Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

La vaca, flaca, pero es nuestra

El asunto de la reforma energética empieza a configurarse en un mito que tiene sus orígenes en la información a medias y la ausencia de criterios fundamentados. Por un lado, los impulsores de la iniciativa, niegan que se trate de un intento de privatización y por el otro, los detractores, afirman que se busca despojar a los mexicanos de lo que es suyo.
La explicación a rajatabla debería ser sencilla: un granjero es dueño de una vaca. Ésta está en su edad productiva pero no deja ninguna ganancia; lo poco que el granjero percibe, se reinvierte en alimento y medicinas y en otras necesidades del animal. La mayoría de las ganancias, incluidas las crías, se las roban el vaquero y el ordeñador. Confía tanto en su vaca que en lugar de venderla, determina que sean sus vecinos quienes se hagan cargo de ésta.
Uno le proporcionará alimentos; otro le proveerá medicamentos otro más, la ordeñará y alguien más, se quedará con los becerros. A cambio, darán al granjero un poco de crema, leche y queso. ¿Cuál sería la ganancia neta del granjero? Evidentemente, ninguna. La única garantía que tendrá es que la vaca seguirá siendo suya, lo cual no le favorece gran cosa pues ésta, tarde o temprano dejará de ser productiva y si acaso, solo administraría, en un futuro lejano, los huesos, porque el contrato con sus vecinos, estipula que llegado el momento, ellos sacrificarán al animal, venderán su carne y comercializarán la piel.
En efecto, PEMEX, no se venderá; seguirá siendo, orgullosamente, de los mexicanos. En eso, no miente el gobierno. Está absolutamente en lo cierto. La vaca solo será administrada por los vecinos, quienes se llevarán todas las ganancias y dejarán uno que otro queso rancio, uno que otro litro de crema y suficiente agua para la poca leche nos dejen.
El alegato de los opositores a la llamada “privatización” entonces, está errado. Porque enfocan sus baterías hacia un asunto que no tiene fundamento alguno. Nos dejan la impresión que pelean, no tanto por la vaca, sino por los huesos que de ésta queden.
Hemos escuchado los incendiarios discursos de Manuel Andrés López Obrador y no encontramos un ápice de congruencia con la realidad del petróleo mexicano. Hace unos años, aseguraba que PEMEX estaba en quiebra; que sus directivos y el Sindicato, habían terminado con ese patrimonio nacional. No hace muchos días, en su afán por “defender” la no venta de la paraestatal, salió a decir que no, que PEMEX no está en quiebra y que por lo tanto, no debe venderse.
Curiosamente, todos están de acuerdo con “modernizar” la exploración, explotación, procesamiento, distribución y venta de los energéticos. ¡Por supuesto que ello es contundentemente necesario! La gran pregunta es: ¿cómo?
Quien quiera que esté o llegare a estar en la Presidencia de la República y tenga la necesidad de recomponer, de reconstruir la producción petrolera, debe pasar forzosamente por una modernización y ésta, lamentable en México, no encontraría los elementos adecuados y necesarios para lograrlo. Se carece de tecnología de punta, no habría operarios calificados y se necesitaría de una inversión multimillonaria que no tiene el país y que no reuniría, ni vendiendo mil veces a PEMEX.
De nada sirve oponerse a la venta de la vaca si a ésta no la podemos hacer producir; tampoco sirve “abrirla” al capital extranjero, si las ganancias van a ser pírricas.
Al Gobierno de la República le ha hecho mucha falta una política de comunicación social adecuada, en la que se explique a detalle, cuáles van a ser las actividades de los inversores extranjeros; cuánto van a generar para el país y hasta dónde serán sus límites de acción. No vaya a ser que aparte de ordeñar la vaca y llevarse a los becerros, también vayan descarnándola y sobre eso, ¡se lleven a la mujer y las hijas del granjero, que eran las que hacían los quesos y la crema!
El mito de la venta de Petróleos Mexicanos, si lo vemos con objetividad, es solamente un distractor tanto para los opositores, como para los promotores. El meollo del asunto va mucho más allá de la venta de una empresa sin siquiera un futuro miserable. Si bien tiene el ingrediente mediático y político para augurar un horizonte mejor para PEMEX, la certeza que la apertura al capital extranjero es la solución, no se tiene.
Se tiene sí, la certidumbre de una defensa y un ataque sin sentido, sin ton ni son. La certidumbre de una política energética poco convincente y de un pragmatismo insípido.
Por lo pronto, la vaca sigue siendo de nuestra propiedad; sus productos y derivados, serán de nuestros acreedores. El alegato, de los insensatos que confunden la leche con la magnesia, de los que creen que esa vaca, si sigue siendo nuestra, puede parir elefantes rosados. Nada más alejado de la realidad de un bien público que ha sido tantas veces manoseado y otras tantas saqueado, que podemos dudar de todo y de todos.

Tarjetero

*** Aníbal de Jesús Ruiz Méndez, es empleado —o se hacer pasar como tal— de la Procuraduría Agraria. Su chamba es defraudar a los campesinos. El sujeto llega, ofrece programas de asistencia social, pide dinero, documentos y sobre eso, cobra como “gestor”. Lo grave es que nunca más regresa a las comunidades donde estafa a los campesinos. Y eso lo sabe el Procurador Agrario. Tiene pruebas de las tracalerías de Ruiz Méndez, pero se niega a hacer lo que la ley le mandata. ¿Complicidad? Es muy posible que eso suceda, pues las cantidades que éste sujetillo de marras obtiene, son grandes. Y los delitos, peor. Por ejemplo, Aníbal ha falsificado firmas de funcionarios y diputados para lograr su objetivo. ¿Harán algo? Júrelo que no. *** En la Secretaría para el Desarrollo y el Empoderamiento de las Mujeres, las violaciones, abusos y agresiones contra las mujeres, son pan de cada día. Primero, a la llegada de Sasil de León, los despidos injustificados y las groserías impropias de una dama que ella misma lanzaba contra las empeladas de esa dependencia. Ahora, Juan Antonio Méndez y María Ovando, funcionarios bajo el mando de Sasil, insultan agreden y lesionan a otra empelada, a quien prácticamente, despojaron de su plaza laboral y sacaron, literalmente, a patadas de esa institución. Como en miles de casos, la agraviada, Rocío Cruz Flores, se presentó ante el MP a levantar la denuncia correspondiente, pero no fue oída. *** Por cierto, nada hicieron contra el maestro Solís, de la Secundaria del Estado, que acosa sexualmente a una niña de 14 años *** Luego nos leemos.

amksheratto@hotmail.com

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