Héctor Estrada
Ayotzinapa aviva caldera social en Chiapas
El caso Ayotzinapa se ha convertido en combustible puro para la caldera social que ha vivido Chiapas casi de manera permanente. Las movilizaciones de los estudiantes normalistas conmovidos por el asesinato de 43 estudiantes en Guerreo y las acciones radicalizadas de grupos vandálicos que han querido confundir a la ciudadanía se han convertido en noticias frecuentes de los últimos días.
Apenas este miércoles un grupo de personas con los rostros tapados tomaron las instalaciones de la caseta de peaje de la autopista entre Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas, dejando como saldo la destrucción total de los módulos de cobro y un par de unidades calcinadas.
“Se les adelantaron a los normalistas”, decían ahí algunos testigos. Sin embargo, muchos medios no demoraron en señalar a los estudiantes como autores materiales de dichos actos vandálicos, sin que les constaran los dichos. Emulando en Chiapas al vergonzoso caso de la puerta incendiaria en Palacio Nacional.
Lamentablemente, debido a que los monopolios mediáticos en México se han encargado de generar un descrédito y rechazo social hacia la labor periodística, ayer en Chiapas, entre tanta movilización, pagaron justos por pecadores; con miembros de los medios de comunicación agredidos quienes terminaron asumiendo facturas ajenas.
Desde el juicio menos subjetivo posible, los hechos no pueden justificarse, pero tampoco pueden satanizarse. En un país con las condiciones actuales de México, la ciudadanía está harta ya de la impunidad, desesperada y hasta desquiciada por la falta de autoridades que garanticen la justicia misma.
Con claros antecedentes se ha hecho menos fácil engañar a la opinión pública. Los grupos de choque son artilugios que resultan cada vez más descarados, inverosímiles y hasta burdos. Sin duda, entre la revoltura será complicado desmarcar a la causa social de todas las acciones que pudieran realizarse en su nombre.
Hoy Chiapas es sólo un ejemplo de lo que sucede en todo el país donde la inestabilidad social es más evidente con el paso del tiempo, una nación que pide a gritos el saneamiento de sus estructuras de gobierno y órganos encargados de la procuración de justicia que tengan sólo vinculación y compromiso con la ciudadanía.
