EL EMPLEO ¡Já!

Augusto Solórzano López /ASICh

Hay cosas que quisiera entender, pero no entiendo. Las descubro y me da coraje, quisiera resolverlas, pero me vuelvo para sí y digo: “Pero si tu mismo no puedes resolver tu propio problema, cómo resolverás tus hallazgos”. Por lo menos intentaré decirlo, me respondí.
Uno.- Guardo comunicación con la juventud en general, me gusta comentar con ellos y ellas y hablamos de todos los temas cuando me dan la oportunidad y trato de responder a sus inquietudes. Me llama la atención una en especial. El empleo.
Dos.- Camino por las calles y me encuentro con capas sociales de damas y caballeros que cifran de los 28 a los 38 años y aparte de hacer recuerdos para asegurar los años de conocernos, al final la conversación desemboca en: El empleo.
Tres.- Abordo el transporte público y platico con los choferes como padres de familia quienes apenas empiezan a construir su hogar, presumen sus estudios, comentan de sus riesgos detrás del volante y antes de pagar, la queja es la misma. El empleo.
Cuatro.- Y en conversaciones diversas con hombres y mujeres, en su mayoría en edad productiva, el lamento es lleva igual tenor. La insatisfacción de realizar trabajos que no corresponden a sus inquietudes y en suma. El empleo.
En el punto uno, las muchachas y los muchachos son egresados universitarios en la carrera de hotelería y otras y trabajan de meseros (s), jefes de meseros, de seguridad en los antros y en el mejor de los casos, subgerentes de esos giros.
Del punto dos, sin distingo de sexo se trata de egresados de la carrera de Administración de Empresas, son contadoras, turismo y otras y se desempeñan como “ayudantes” de oficina y otras responsabilidades como locutores, por ejemplo.
En el renglón tres, en los taxis y combis y si somos un poco observadores se ven muchachos que no tienen el perfil de chofer que al mencionarlo no lleva ningún peyorativo, sino, que un chofer es un chofer y se nota. Estos hombres que destaco son ingenieros agrónomos o médicos veterinarios, etc.
Con relación al punto cuatro; que podría sintetizar la generalidad de casos. Se laceran diciendo: “Mis padres se esforzaron para darme una carrera, estudié y perdí cinco años en la universidad, para terminar de mesero (taxista, guarura, ayudante, locutor, etc.,) que no es lo mío”.
¿Prestaciones, vacaciones, prima dominical? ¡Nada! ¿Y los sueldos, pregunto?, y al momento la respuesta de todos: ¡De miseria!
Y eso es lo que no entiendo, porque tanta fiesta de los gobernadores y presidente de la república. “Miles de empleos por aquí, miles de empleos por allá…hicimos crecer el empleo muchísimo más que hace no se cuantos años”.
Y todavía más, los gobiernos se llenan la boca publicando y anunciando hasta en la radio evangélica, que, ahora ya tiene cadena radiofónica: “Ahora la juventud estudia y al egresar de la universidad… a trabajar”.
Sí, como no. ASICh

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