El candidato útil para la Sección VII.

Con el paso del tiempo, el Movimiento Magisterial Democrático Chiapaneco se corrompió.

El objetivo prioritario de sus iniciadores era muy claro: democratizar la elección de los dirigentes y luchar a ultranza por la defensa de los derechos de sus agremiados.

Manuel Hernández Gómez encabezó el primer Comité Ejecutivo de la Sección VII democráticamente electo y, durante casi tres décadas, muchos de los vicios implantados por el charrismo sindical se fueron erradicando.

Hasta que llegó la UTE de Adelfo Alejandro Gómez y Pedro Gómez Bámaca. La corrupción en la dirigencia sindical alcanzó niveles jamás vistos y no pocos miembros del magisterio reconocieron que salió peor el remedio que la enfermedad.

Convencidos de esta triste realidad, varios dirigentes históricos comenzaron a reunirse para diseñar el rescate de los ejes rectores de la lucha magisterial chiapaneca.

José Domingo Guillén Ramos, Víctor Manuel Ancheyta Bringas, Jaime del Toro Lozada, Francisco Amadeo Espinosa Ramos, Francisco Torres, entre otros reconocidos y respetados ex dirigentes de la 7, comenzaron a evaluar la corrupción sindical galopante para proponer alternativas de solución.

Jubilados en su gran mayoría, los ex dirigentes de la Sección VII lograron sensibilizar a representantes de las 24 coordinadoras regionales que operan en Chiapas para impulsar la reivindicación de la lucha magisterial.

Tal iniciativa desembocó en la estructuración de la Planilla Blanca, que propone a Rocendo Morales Gómez, del Nivel de Educación Indígena, como candidato a la Secretaría General.

Los ex dirigentes de la 7, así como los integrantes de la Planilla Blanca, tienen muy claro que la corrupción debe ser enérgicamente combatida y erradicada del sindicato magisterial.

Repudian las prácticas implantadas por Adelfo Alejandro Gómez y Pedro Gómez Bámaca durante toda una década en que por todo cobran: por conseguir un interinato; por lograr un cambio de adscripción; para obtener apoyos por enfermedad. Todo tiene precio.

Lo peor: los millonarios desfalcos a la Caja de Ahorro, al Fondo de Ahorro para Beneficio Social y al Fondo Solidario para el Retiro han agraviado a miles de trabajadores adheridos a la Sección VII sin que a la fecha se haya encarcelado a los ladrones.

Y qué decir del robo a pensionados y jubilados o la golpiza que dieron unos porros, disfrazados de maestros, a trabajadores de subsistemas homologados por haber cometido el gran pecado de exigir bonos de fin de año que otorgó el gobierno del estado.

Eso es justamente lo que estará en juego el próximo martes, 14 de marzo: si gana la Planilla Roja, continuará la depredación, el saqueo y la venta de todo lo que se pueda; si gana la Planilla Blanca, habrá probabilidad de reencauzar la lucha magisterial para que el sindicato esté al servicio de sus agremiados.

Lamentablemente, los promotores de las planillas guinda, amarilla y marrón, no logran entender que, en la actual coyuntura, a mayor número de competidores menor es la probabilidad de triunfo.

En las planillas guinda, amarilla y marrón dicen estar hartos de las sinvergüenzadas de Bámaca y sus secuaces pero no se dan cuenta que, quizá sin proponérselo, están abonando al continuismo corrupto.

Hacen una lectura equivocada de la realidad y se aferran a competir aunque bien saben que sus probabilidades de triunfo son remotas, casi imposibles.

No aprendieron la extraordinaria lección que en 2018 nos diera Andrés Manuel López Obrador: para asegurar el triunfo hay que aliarse hasta con la peor escoria; más adelante, en el trayecto, podrá irse retirando la basura.

Y si lo que quieren es echar de la Sección VII a Bámaca y su Pandilla Roja lo que deben hacer es aliarse.

El voto solo será útil si se tacha a la Planilla Blanca en la papeleta; en caso contrario, se corre el riesgo que el cambio solo sirva para que todo siga igual, con los mismos rufianes de la UTE.

La moneda está en el aire.

¡Comparte la nota!