El Mundial de ciclismo en ruta, que se disputa esta semana en Montreal (Canadá), ha dejado una imagen bastante curiosa en una de sus primeras pruebas: la contrarreloj masculina.
En una disciplina donde la tecnología, el estudio y el cálculo de la aerodinámica y el detalle al milímetro se mezclan, con el fin de rodar sobre el asfalto a la máxima velocidad posible —con uniformes estrafalarios y cascos de aspecto espacial incluidos—, la presencia de Gil Landim Gomes ha roto todos los esquemas.
Este ciclista de Guinea-Bissau, de 29 años, ha acabado último en la prueba de contrarreloj, con un tiempo de 1h.09:21, a una media de 33,9 kilómetros por hora y a casi 25 minutos del ganador, el belga Remco Evenepoel.
Pero lo más noticiable está en su atuendo, que no tardó en hacerse viral en las redes sociales: Gomes afrontó los 39,2 kilómetros del recorrido con una bicicleta de carretera convencional, un casco tradicional de ruta y unas gafas de sol negras y redondas, de estilo aviador, completando así un atuendo de lo más peculiar en una prueba donde el resto de sus competidores lucían cascos aerodinámicos y montaban en bicis de contrarreloj, popularmente conocidas como cabras.
Pero este tipo de máquina, que es la máxima expresión de la tecnología punta aplicada al ciclismo, no iba con Gil Gomes. Él, a lo suyo, acabó último la prueba, pero lo hizo con dignidad y provocando todo tipo de comentarios entre resto de ciclistas, organizadores, periodistas y aficionados.
