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PITA LADDAGA

Una de las habilidades fundamentales que un niño o niña deben aprender es cómo pensar

Los padres podemos ayudar a nuestros hijos en este aprendizaje creando para ellos un ambiente que los estimule, procurando que vivan experiencias variadas, dándoles la oportunidad de curiosear, de descubrir cosas, de compartir y discutir sus ideas con nosotros, poniéndoles retos que los animen a ejercitar su capacidad intelectual.
Para mejorar la calidad de su proceso de pensamiento, los niños deben desarrollar diferentes habilidades. Por ejemplo: observar, comparar, clasificar, inferir e imaginar soluciones a los problemas, entre otras.
Observar
Todo lo que conocemos pasa a nuestra mente a través de los sentidos. Lo que vemos, oímos, tocamos, olemos o probamos es la información que necesitamos para pensar. Si animamos a nuestro hijo a poner atención a las cosas y a los acontecimientos que vive en cada momento, le ayudaremos a aprovechar sus experiencias.
Algunas sugerencias son:
– Preguntarle y también preguntarnos a nosotros mismos, cosas como: ¿Qué imagen aparece en las monedas de $10.00? ¿Qué objetos están colgados en las paredes de su salón de clases?
– Poner varios objetos sobre la mesa, dejar que los vea por un minuto. Cubrirlos con un mantel o un periódico y pedir que escriba el nombre de los que recuerde. Podemos empezar con unos diez objetos e ir aumentando el número. Organizar concursos de memoria en la familia suele ser divertido.
– Hacer un dibujo, dejar que el niño lo observe. Luego sin que él lo vea, agregar algún elemento y pedirle que nos diga qué es lo nuevo.
– Los juegos de memoria con tarjetas les gustan mucho a los niños. Debe haber dos tarjetas con dibujos iguales, o con la misma palabra. Podemos hacer la cantidad de pares que decidamos. Los revolvemos y los colocamos hacia abajo, acomodados en hileras. Cada jugador voltea dos cartas. Si son pares se las lleva; si no las vuelve a poner en su lugar, de nuevo hacia abajo. El niño tiene que estar atento y recordar donde está cada dibujo o cada palabra para ir reuniendo pares.
– Armar rompecabezas junto con el niño.
– Dibujar de memoria el plano de nuestra casa, hacer un mapa para ir a la escuela o a la casa de un amigo. Mientras más detalles mejor.
Comparar y clasificar
Cuando el niño observa las cosas con detenimiento puede descubrir en qué se parecen y en qué son diferentes. Agrupar los objetos según un determinado criterio o punto de vista, es clasificar. El niño puede clasificar objetos por su tamaño, su forma, color, uso, posición, o por cualquier categoría que él mismo elija: Las personas divertidas, los animales domésticos, los dulces más sabrosos. La capacidad de clasificar es muy importante para pensar, es una habilidad básica para las matemáticas. Clasificar es descubrir en varios objetos una característica que se da en todos pero de una manera distinta. Cuando encontramos la categoría “fruta” en una manzana, una piña y un plátano, estamos haciendo un trabajo mental que no es, de ningún modo sencillo.
Formar colecciones, ordenadas y clasificarlas es un buen pretexto para hacer algo juntos y para ayudar a nuestro niño a comparar. Podemos juntar estampas, piedras o corcholatas, monedas viejas; lo que importa es que él reconozca semejanzas y diferencias y que sepa agrupar los objetos.
También podemos pedir a nuestro hijo que recorte imágenes de una revista o escriba en pequeños papeles nombres de objetos. Sin ver, deberá tomar dos papeles y encontrar en que se parecen.
El reto es encontrar muchos puntos de vista para comparar:”Un avión y un sombrero tienen alas, son hechos por el hombre, son materiales, son útiles, son buenos para viajar…”
Inferir
Inferir quiere decir llegar a una conclusión tomando en cuenta los datos de que disponemos. La pregunta que ayuda a nuestro hijo a inferir es:”¿Qué crees que pasó?” . El niño debe observar los hechos y crear una explicación satisfactoria. Si descubre una pelota cerca de un vidrio roto puede pensar que alguien tiró un pelotazo contra la ventana. El niño no sabe con certeza que eso ha sucedido, pero llega a conclusiones lógicas gracias a su experiencia y a lo que observa. Las inferencias nos ayudan a encontrar una explicación a lo que sucedió, y también a predecir lo que probablemente va a pasar, pero no son conclusiones definitivas. Es necesario revisarlas con cuidado para no tomar decisiones equivocadas. Podemos proponerle al niño algunos juegos para practicar:
-Las adivinanzas tradicionales o las que encontramos en algunos libros.
-Con un pedacito de plastilina, se presiona algún objeto de la habitación y se obtiene una marca. Al verla, el niño tiene que adivinar a que objeto corresponde. Luego se cambian los turnos y al otro le toca adivinar.
– Un participante anota el nombre de un animal o de un objeto sin que nadie lo vea. Los demás le hacen preguntas para averiguar de que se trata. Él solo puede contestar sí o no: “¿Es un ser vivo?” “¿Tiene plumas?” “¿vive en las montañas?”
-Hacer ruido con diferentes objetos y pedir a los jugadores que los reconozcan.
-Cuando le contamos o leemos una historia a nuestro hijo, de vez en cuando podemos detenernos y preguntarle: “¿Por qué crees que hizo esto’”, ”¿Cómo crees que se siente con lo que pasó?”
También es interesante observar juntos una imagen y tratar de describir que sucede ahí, que relación tienen los personajes, como se sienten. Los por qué son muy importantes.

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