PITA LADDAGA
COMPARTIR LAS TAREAS DE LA CASA
La vida en familia da al niño la oportunidad de prepararse para la vida social y la solidaridad
En casa se aprende a compartir esfuerzos y a trabajar en equipo. Participar en las tareas familiares le enseña al niño que su cooperación es necesaria para los demás y que ser miembro de una familia implica obligaciones y derechos.
Colaborar con los demás fomenta en nuestro hijo habilidades y valores importantes como la equidad y la responsabilidad. Cuando el niño sabe que una parte del funcionamiento de la casa depende de él, crece su sentido de unión, compromiso y confianza en sí mismo, además, valora y comprende mejor el esfuerzo y la importancia del trabajo de los demás.
Cuando resolvemos los problemas de nuestros hijos, no los ayudamos a madurar ni a ser independientes
Los padres- sobre todo las madres- que sirven a sus hijos y les solucionan las cosas que ellos podrían hacer, les quitan la oportunidad de sentirse autosuficientes para atenderse a sí mismos y de compartir la alegría de hacer cosas juntos.
Si un niño nunca ha tenido que contribuir en las tareas domésticas es muy difícil que al llegar a la adolescencia colabore con nosotros de manera espontánea. Para que nuestro hijo llegue a ser una persona útil y responsable debemos enseñarle a cumplir con sus deberes. Los niños de primaria pueden hacer su cama, arreglar sus cajones, preparar sus útiles para la escuela, barrer el patio, dar de comer a la mascota, regar las plantas, secar y acomodar los trastes de la cocina.
Todos los miembros de la familia, hombres y mujeres, deben participaren los cuidados de la casa
Hacer distinciones entre niños y niñas no ayuda en nada a la armonía familiar y provoca actitudes de machismo y desigualdad. Las obligaciones deben distribuirse de acuerdo con la habilidad o la edad de los niños no con relación a su sexo.
Cuando los tratamos igual, la vida entre hermanos se equilibra y es más agradable. Educar en la equidad se logra cuando los niños ven a todos los miembros de su familia contribuir en los deberes de la casa: papá, mamá, hermanos y cualquier otra persona que viva en casa.
Pagar a los niños su trabajo les da un estímulo externo e inmediato, pero no los forma en la responsabilidad y en el espíritu de equipo y solidaridad. Los niños son hijos y miembros de la familia, no son empleados.
Para facilitar la colaboración de los niños es útil establecer de común acuerdo un programa de actividades
Para favorecer que funcione el programa es recomendable:-No hablar de las tareas domésticas como algo desagradable.
-Definir el tipo de tareas que pueden realizar y cuáles son adecuadas para la edad y las habilidades de cada niño.
-Permitir que el niño participe en la selección de sus obligaciones diarias, semanales, etcétera. Las actividades pueden intercambiarse cada mes entre los niños. Así sentirán que nadie es favorecido.
-Crear una rutina que ayude a nuestro hijo a recordar sus obligaciones. Colocar la lista de deberes y algunos recordatorios escritos en un lugar visible, es una buena medida. A nuestro hijo le gustará marcar en la lista las obligaciones que ya cumplió.
-Realizar acuerdos claros y detallados y fijar una consecuencia cuando no se cumplan. Si no guarda sus juguetes, no podrá usarlos al día siguiente, si no arregla sus cajones, no tendrá ropa limpia que ponerse; podrá salir a jugar con sus amigos cuando haya sacado la basura.
-Evitar las órdenes. A casi todos los niños les gusta trabajar, pero les molesta que los mandemos. En vez de decir “Recoge la recamara” podemos usar afirmativas que describan hechos, proporcionen información y no den lugar a enfrentamientos: “La ropa limpia va en el closet, la que está sucia en la canasta” “El basurero debe estar vacío” “El perico no tiene agua ni comida en la jaula”
-Mientras menos hablemos, mejor. A veces basta una sola palabra para recordar al niño su obligación: “La luz”, “El gato”, “Tu mochila”. Él ya sabrá que hacer.
Una nota cariñosa es una manera agradable de comunicarnos: “Después de leer, hay que poner los cuentos en el librero. Gracias. Tu mamá “Ya sé que tuviste mucho trabajo de la escuela, pero tu compromiso de esta semana es levantar la mesa. “¿Quieres que lo hagamos juntos? Tu papá”.
-Si nuestro hijo tiene alguna dificultad para realizar su quehacer, podemos ayudarlo pero no realizar las tareas por él. Si lo hacemos, el niño optará por no esforzarse.
-No pedir que cumpla con demasiadas tareas a la vez.
Debemos darle el tiempo suficiente para realizar el trabajo y no exigirle que sea perfecto.
-Cuando nuestro hijo deje de cumplir con sus deberes por distracción o porque prefirió hacer otra cosa, podemos explicarle qué debió hacer y cuál es la consecuencia por no realizarlo. Las excusas como: “Se me olvidó”, “Después lo hago”, “Hoy no me tocaba”, pueden utilizarse para reflexionar con él sobre el compromiso de cada uno. Cumplir con la consecuencia que fijamos, ayudará al niño a responsabilizarse: “Ya son las cuatro y no has ordenado tus útiles. No te dará tiempo de salir a jugar”
-Valorar su intención y su buena disposición más que los resultados. Si no dejó la habitación tan limpia como esperábamos, pero se ha esforzado, hay que felicitarlo. El respeto y el reconocimiento de sus padres motiva al niño a continuar colaborando.
En la educación de los niños nada es garantía, pero propiciar este tipo de comunicación ayuda a crear un ambiente de respeto y de cooperación.
Es necesario tener en cuenta que el niño necesita tiempo para realizar el trabajo de la escuela, para jugar, ver a sus amigos y dedicarse a sus aficiones.
Las tareas domésticas no deben impedirle realizar estas actividades. Respetar al niño y educarlo para la responsabilidad y la autonomía significa permitirle distribuir su tiempo y considerar su opinión acerca de las obligaciones que le asignamos.
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