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PITA LADDAGA

HÁBITOS QUE NOS MANTIENEN SANOS

Existen diversos hábitos que están íntimamente relacionados con la salud y el bienestar de nuestro hijo
La salud del niño de primaria es mucho más estable que en etapas anteriores. Ahora necesita establecer hábitos que le permitan crecer y desarrollarse normalmente. Una alimentación correcta, un sueño reparador, un poco de ejercicio todos los días, una higiene adecuada y el cuidado de su seguridad, son costumbres que le servirán toda la vida y lo conducirán a una existencia saludable.
ALIMENTACIÓN
Los niños necesitan alimentarse bien, pues no solo reponen tejidos y queman energía, sino que además crecen.
Una buena alimentación es la base para conservar la salud. Un niño bien alimentado tiene más defensas contra las enfermedades, y en caso de padecerlas, se recupera más rápido.
Una alimentación deficiente disminuye la capacidad de aprendizaje y el rendimiento físico de los niños. Muchos estudios han demostrado que los niños que asisten a la escuela sin desayunar tienen problemas para concentrarse, están inquietos, o bien, cansados e irritables. Por eso es importante ofrecer a nuestro hijo una dieta balanceada que incluya todo tipo de nutrientes.
¿Qué es una dieta balanceada?
El niño requiere consumir una combinación de diversos alimentos para poder obtener la variedad de sustancias que necesita su organismo. Los expertos clasifican los alimentos en tres grupos:
1) Verduras y frutas
2) Cereales
3) Leguminosas y alimentos de origen animal
La idea fundamental de esta clasificación es que los alimentos de un mismo grupo tienen el mismo valor, y por lo tanto, podemos escoger entre ellos los que más nos gusten o los que podamos obtener. Además, los alimentos de grupos diferentes son complementarios, es decir, no basta tomar un solo grupo de nutrientes, necesitamos consumir alguno de cada grupo. El Plato del Bien Comer, incluido en este capitulo, ilustra de manera clara y sencilla cuáles son los alimentos de cada grupo y en que cantidad deben consumirse.
En la edad escolar, los huesos del niño están en formación. Por eso es recomendable promover el consumo de alimentos ricos en calcio ( tortillas de nixtamal, lácteos, charales, sardinas, brócoli Y al final de la primaria ( en las niñas alrededor de los diez años) se inicia una etapa de mayor crecimiento, por lo que aumentan las necesidades de nutrición y tienen que comer más.
Existen algunos problemas de salud relacionadas con la alimentación que se presentan con frecuencia en los niños escolares y que los padres podemos prevenir.
Uno de ellos es la anemia, que afecta el crecimiento y el aprendizaje. Para evitarlo, los niños de todas las edades, deben consumir alimentos ricos en hierro (hígado, moronga, carnes rojas, huevo, frijol, lenteja, haba, garbanzos, hojas de chaya, quelites, hongos, espinacas, acelga, cacahuates,
nueces) y comerlos junto con alimentos que contengan vitamina C (verduras como chiles poblanos, chícharos, habas verdes y frutas como guayaba, zapote negro, mango, mandarina, papaya, fresa, toronja, naranja, tejocote, melón), que favorecen el aprovechamiento del hierro.
Un problema cada vez más frecuente es el sobrepeso y la obesidad. La obesidad es una enfermedad en sí, pero además predispone a otras enfermedades graves Los niños engordan por una dieta incorrecta y por falta de actividad física. Es importante medirlos y pesarlos regularmente para conocer los efectos que la alimentación tiene en ellos y asegurarnos que están creciendo adecuadamente.
Muchos niños en la etapa escolar se vuelven difíciles para comer
Algunos días devoran todo lo que les presentamos y otras apenas prueban bocado.
Los padres tenemos que respetar el apetito y aceptar los gustos del niño, pero evitando que, por comer golosinas entre comidas, el niño no desee comer alimentos nutritivos. Es conveniente que él se involucre cada vez más en su alimentación y poco a poco se responsabilice de ella.
Nos evitaremos muchos malos ratos si dejamos que nuestro hijo decida entre el tipo de alimentos que debe consumir, que quiere comer y en que cantidad. Conviene servirle poco y permitirle pedir más si desea. Si no le gustan ciertas verduras, podemos molerlas con el tomate y dárselas en la sopa de fideos, o bien darle fruta. Si no le gusta el hígado podrá sustituirlo con queso o frijoles.
Esto no quiere decir que no le ayudemos a probar nuevos sabores, por ser flexibles nos permitirá gozar mucho más el tiempo que compartimos alrededor de la mesa.

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