PITA LADDAGA
El preadolescente está próximo a se una persona que se basta a sí misma.
Conforme transcurren los años de primaria el niño se vuelve más autónomo, se maneja solo la mayor parte del tiempo, sabe como actuar, posee sus propias motivaciones y confía en que puede resolver sus asuntos sin necesidad de sus padres. Tiene un ánimo valiente, decidido y resuelto para muchas cosas. No suele tener miedo al riesgo físico, a la velocidad ni a actividades que conlleven riesgos. Por lo general logra contener las lágrimas, soporta el dolor físico sin quejarse y es capaz de resistir el frío, el calor o cualquier condición que sea una prueba de su madurez.
Hacia los nueve años, empieza una época con más posibilidades de conflictos y explosiones temperamentales
Aparecen los cambios repentinos en los estados de ánimo del niño; sus intereses cambian constantemente y la intensidad de sus entusiasmos y enojos carece de proporción con las causas que los provocan.
No tolera fácilmente la frustración, para él no existe el término medio: las cosas son “blancas” ó “negras” muy divertidas o absolutamente aburridas, estupendas o pésimas, fabulosas o terribles. Aún es inestable e inmaduro para manejar sus emociones; puede estar alegre, cooperativo y entusiasta por la mañana e irritable y hostil por la tarde.
Comienza a ver a los adultos con otros ojos y a rebelarse contra la autoridad de sus padres
El niño demuestra menos admiración y mayor sentido crítico hacia nosotros. Al darse cuenta de que puede pensar y actuar por su cuenta, critica nuestro comportamiento y nuestras ideas. En ocasiones se muestra voluntarioso y nos contradice; afirma que ya es demasiado grande para hacer lo que sus pares queremos, que o tiene por qué obedecer en todo y que él tiene derecho a tomar sus propias decisiones.
Esto es una señal de salud y de crecimiento, quiere decir que comienza a experimentar en su interior la nueva libertad de la elección responsable. No obstante, sigue conservando un fuerte sentimientos de lealtad y apego hacia su familia, y necesita estar seguro de nuestra protección cuando una situación es demasiado complicada para él.
A medida que se acerca a la pubertad se interesa más en su persona y es capaz de mayor sensibilidad ante los sentimientos ajenos.
Al niño le empieza a importar su aspecto físico, aunque sigue siendo descuidado con su higiene y desordenado con sus cosas, se preocupa por la forma de vestir y de peinarse.
Está más consciente de sus defectos y de sus cualidades. A veces se siente insatisfecho, aunque también experimenta placer por descubrirse. Se plantea con frecuencia si sus inquietudes son normales y se pregunta por intereses de otros.
Tiene curiosidad por saber como son y que piensan los que le rodean y es más hábil para entender las emociones y necesidades ajenas, sobre todo si son de su grupo de iguales. Es notable el desarrollo de sus conceptos éticos, la claridad de sus valores, la comprensión de las reglas, el rechazo a la mentira, a la falta de compañerismo y solidaridad, al egoísmo y la injusticia.
Los padres tenemos que cuidar con mucha atención la coherencia de nuestros pensamientos, palabras y acciones, pues sus cuestionamientos son cada vez más severos. Estamos ante los primeros signos de la adolescencia.
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