EDUCAR

PITA LADDAGA

APRENDER A CONOCER Y A HACER

Aprender a conocer no significa adquirir un gran número de conocimientos sino aprender a aprender
Quiere decir desarrollar la inteligencia para comprender mejor el mundo, ser capaz de actuar y trabajar en él y comunicarse con los demás.
No se trata solamente de instruir al niño en las materias que creemos que debe saber ni insistir en lo que debe pensar, sino también de enseñarle cómo pensar y darle las herramientas que le permitan seguir aprendiendo durante toda la vida.
Los contenidos que el niño adquiera son menos importantes que las actitudes y destrezas que desarrolla a partir de esa información
Lo que importa no es obtener ciertos conocimientos que mañana quizá serán inútiles, sino adquirir las capacidades y habilidades para estar abierto a lo nuevo, entenderlo, analizarlo, imaginar soluciones, crear e innovar.
En lugar de obligar al niño a acumular datos, como por ejemplo: “¿Cuándo se inventó la luz eléctrica?” es mejor ayudarlo a desarrollar su pensamiento “¿ Como a afectado nuestra vida el uso de la electricidad?2 Hacer que el niño relacione los aprendizajes con su vida.
El niño es un ser curioso por naturaleza y es el personaje activo en su aprendizaje, la causa principal de su propio desarrollo
Los niños desean aprender, por eso explorar tan activamente su entorno. Poseen un impulso natural que los hace curiosos, los lleva a preguntarse sobre las cosas, a relacionar unas con otras, a buscar explicaciones. Los niños buscan aprender no que les enseñemos.
Nuestra responsabilidad es construir sobre ese impulso natural por conocer
Debemos nutrirlo, estimularlo y crear situaciones en las que puedan practicar y perfeccionar sus habilidades. Convencernos de que una buena enseñanza consiste, más que en darles conocimientos, en enseñarles el camino para llegar a ellos.
Nuestro papel es animar a nuestros hijos a que, a medida que avancen en su formación, se hagan responsables de su aprendizaje. Que puedan calificar y evaluar ellos mismos su progreso y que, incluso fuera de la escuela, se entusiasmen por aprender de forma permanente, aprovechando diversos medios de aprendizaje en la convivencia con su familia, sus amigos y su comunidad.
¿Como guiarlos en este camino si nosotros mismos no lo hemos recorrido?
Educar a nuestros hijos es la mejor oportunidad de educarnos a nosotros mismos.
Para que ellos se interesen en resolver problemas, para que aprendan a pensar lógicamente, a expresar sus ideas con claridad, a esforzarse a pesar de los reveses, nosotros tenemos que aprender a hacer lo mismo.
Junto con ellos, hombro con hombro, atrevernos a vivir por primera vez circunstancias que nos son extrañas, introducirnos en temas desconocidos, fijarnos metas y trabajar para alcanzarlas. Nuestro propio desarrollo les dará el entusiasmo por aprender y la esperanza de conseguir lo que se proponen.
El apoyo más significativo que tenemos los padres en la tarea de educar a nuestro hijo, es la escuela.
El niño pasa gran parte de su vida en la escuela. A sus maestros les confiamos y les debemos una importantísima parte de su formación y desarrollo intelectual y social.
Para que este apoyo beneficie a nuestro hijo, es indispensable nuestro compromiso de asegurar su asistencia todos los días, de enterarnos de lo que sucede en el salón de clases, interesarnos por lo que le enseñan, hablar con su maestro, conocer a sus amigos y compañeros.
Padres y maestros debemos formar un verdadero equipo, ayudarnos mutuamente, pues compartimos una meta común: dar al niño la mejor educación posible.

PROXIMO: ENTRAR A LA ESCUELA PRIMARIA. EL NIÑO DE PRIMERO A TERCERO.

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