PITA LADDAGA
¿Que podemos hacer los padres para ayudar a nuestro hijo a hacer amigos?
Los padres tenemos poco que hacer directamente en estas situaciones, pero sí podemos ayudar a nuestro hijo a superar sus dificultades de relación. Tal vez nos resulte útil probar algunas de las siguientes recomendaciones:
Mantenernos cerca de él escucharlo, tratar de comprenderlo y hacerle sentir que cuenta con nosotros; averiguar las causas de su aislamiento a través de lo que él mismo nos diga y hablando con su maestro.
Tratar de no sobreprotegerlo ni exigirle demasiado; el niño necesita tener encuentros sociales, pero no debemos forzarlo a vivir situaciones muy difíciles, pues eso le impedirá superarlas.
Reforzar su autoestima es fundamental; crear condiciones para que él adquiera seguridad y confianza; animarlo y darle apoyo para desarrollar las habilidades para las que tenga más facilidad y ayudarlo a distinguirse en algo especial. Así conseguirá sentirse más seguro y lograr el respeto, primero de sí mismo y luego de sus compañeros.
Enseñarle a desarrollar las capacidades de convivencia necesarias para funcionar adecuadamente en un grupo: ser honesto en el juego, participar con entusiasmo en las actividades comunes, proporcionar atención, cuidado y afecto a sus compañeros, así como apoyarlos en sus problemas. Tenemos que utilizar todos los recursos a nuestro alcance para enseñar a nuestro hijo a expresar sus sentimientos de una manera clara y adecuada, a relacionarse sin agredir ni perjudicar a otros. Hacerle ver que en lugar de competir: “ A que salto más alto que tú”, “ Seguro te gano en las canicas” o “ Yo tengo un avión más grande que el tuyo”, puede acercarse al otro niño con suavidad, observarlo y percibir cómose siente en ese momento: “ Que buen salto, casi llegas a los tres metros” “Me gusta jugar contigo a las canicas” “Qué divertido es volar aviones”.
Ayudarle a manifestar abiertamente su simpatía y afecto por los amigos hacerle saber que disfruta de su compañía, comentar lo que le resulte interesante o divertido y dar muestras de afecto como una palmada o un chocar de manos.
Invitarlo a practicar en familia las habilidades para escuchar poner atención a lo que dice el otro, no hacer otra cosa mientras le habla, mostrar que comprende los sentimientos de su compañero.
Practicar con él la resolución de conflictos seguir juntos los pasos necesarios y procurar que esto se vuelva un hábito natural en todas sus relaciones, de modo que logre resolver sus desacuerdos y defender sus derechos respetando los de los demás.
Ayudarle a desarrollar su capacidad de conversar hablar de todo lo que interese los miembros de la familia: Ideas, sentimientos, experiencias, problemas logros, sueños y metas. Es necesario encontrar tiempo para platicar con él: en la comida, al irse a dormir, mientras viajamos de un sitio a otro. Es recomendable propiciar pláticas interesantes en familia y con otras personas, fomentar lecturas y experiencias valiosas que le den temas de conversación.
Propiciar situaciones que favorezcan la convivencia con otros niños fuera de la escuela y que lo hagan sentir útil es conveniente dar a nuestros hijos oportunidades de establecer una red de relaciones amplia y de compartir diferentes actividades con otros chicos. Podría ser, participar en un equipo deportivo, en las fiestas tradicionales de la comunidad, en actividades de protección a la naturaleza, así como realizar acciones que beneficien a otros como escuchar, consolar, proteger, apoyar, compartir, cooperar y dar. Sin forzarlo ni exigirle, vamos fomentando en el niño un interés sincero por otras personas y un aprendizaje de las habilidades sociales.
Dar ejemplo hacerle ver como nos integramos en un grupo de amigos, en un equipo deportivo o en la asociación de padres de familia de la escuela. Si es posible, participar en grupos en los que convivan padres e hijos, ya sea dentro de la escuela o en otras instituciones.
La forma en que nos relacionamos es un modelo para el niño. Por eso es conveniente invitarlo a participar en algunos encuentros con nuestros amigos para que se dé cuenta del afecto que les tenemos. En esas ocasiones podremos enseñarle como hacer sentir bien a las personas, cómo comportarse en un conflicto, cómo aceptar las críticas o cómo apoyar a quién lo necesita.
Procurar que el ambiente en el hogar sea afectuoso y acogedor a los amigos de nuestro niño les gustará visitar nuestra casa si se sienten bienvenidos, libres y en confianza, si son tratados con respeto y generosidad.
Si el sufrimiento del niño ante el rechazo es muy intenso y no logra superar su dificultad para relacionarse, es necesario buscar ayuda profesional.
Poner en práctica estas sugerencias puede ayudar a nuestro hijo, pero hay que tener en cuenta que la responsabilidad de encontrar y hacer amigos, es del niño, que la amistad es su decisión.
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