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PITA LADDAGA

EL DESCUBRIMIENTO DE LA AMISTAD Y EL SENTIDO DE PERTENENCIA II

Al hablar de los amigos o miembros del grupo de nuestro hijo, debemos tener cuidado de no denigrarlos ni criticarlosEl niño está identificado con sus amigos, hagan lo que hagan. Lo que nos corresponde es explicar las razones por las que es inconveniente una determinada conducta, sin calificar al amigo o amiga que la llevó a cabo: “Que lástima que Lupita y Arturo decidieran robar en la tienda, eso perjudica a otros y puede ocasionarles a ellos problemas serios”. De esta manera separamos la conducta de la persona y no agredimos a los amigos que él aprecia.
Es importante tratar de permanecer siempre del lado de nuestro hijo independientemente de su conducta: “El que tú y tus amigos arrojaran piedras a la ventana del Sr. López le ha causado muchos trastornos. Entiendo que es difícil no hacerlo cuando todos los demás están metidos en eso de romper vidrios, pero, ¿Puedes pensar en alguna forma de decirle a tus amigos que no quieres hacer algo, cuando ellos te están presionando? ¿Qué crees que deberías hacer ahora, respecto al Sr. López? Me parece adecuado que estés dispuesto a disculparte.¿ Piensas que hay otra manera de que el grupo compense el daño? ¿Quieres que te ayude en algo?
El niño tiene que resolver un problema complejo: asumir con responsabilidad las consecuencias de su comportamiento, demostrar su lealtad a los amigos y asegurar su pertenencia al grupo.
Conocer a los padres de los amigos de nuestro hijo nos da una idea de cuáles son los valores y las reglas de las otras familias
Esto nos ofrece además la oportunidad de llegar a acuerdos para fijar límites y permisos a todos los niños del grupo y descalificar frases como: “A Juanita sí le dan permiso…”, porque sabemos que a Juanita no le dan permiso.
La costumbre de llevar y recoger a nuestros hijos de los lugares de los lugares donde se reúne con sus amigos, le hace sentirse cuidado y nos permite conocer los ambientes en los que participa.
También podemos promover la participación del niño en grupos que realizan actividades positivas
Los niños que se proponen metas y objetivos valiosos y que han sido animados por sus padres para conseguirlos, tienen menos probabilidades de verse involucrados en comportamientos que puedan poner en riesgo su seguridad y su salud.
Al niño le toma mucho tiempo aprender a expresar y manejar esas emociones adecuadamente, y en el camino es normal que se den pleitos y conflictos, seguidos de reconciliaciones
A los seis años niños y niñas todavía responden con manazos y jaloneos si se sienten molestos o frustrados, y lloran fácilmente por las agresiones de sus compañeros. Con el crecimiento, disminuyen los golpes y aumentan la agresión verbal, sobre todo entre las niñas. Pueden usar palabras ofensivas, criticar o ignorar a algún compañero o compañera para hacerlos sentir excluidos. A menos que sean demasiado frecuentes o les causen angustia, no hay que preocuparse demasiado con las peleas de los niños. Es recomendable evitar involucrarnos directamente e el problema de nuestro hijo y enseñarle a resolver los conflictos buscando acuerdos, sin agredir ni lastimar.
Todos los niños tienen dificultades con sus amigos de vez en cuando, pero cuando la situación de rechazo se hace permanente, puede trastornar la vida de un niño y hacerla desdichada
La señal de que existe un verdadero problema es que el niño sufre y se angustia por estar solo. Los amigos son un apoyo importante para su autoestima. Un niño sin amigos se siente triste y pierde confianza en sí mismo aun cuando tenga logros en otros campos.
A pesar de sus esfuerzos por formar parte de un grupo, el niño puede ser rechazado si no tiene las habilidades necesarias para relacionarse adecuadamente: si es agresivo verbal y físicamente, si molesta a los demás, si desorganiza e interrumpe los juegos, o si se muestra demasiado débil o inseguro.
Quedar aislado del grupo o ser rechazado por los amigos puede ser una de las experiencias más dolorosas de la niñez
Las consecuencias emocionales del aislamiento pueden ser graves y duraderas. Los niños rechazados necesitan ayuda, pues si no solucionan la situación, pueden volverse aún más introvertidos, o bien, agresivos y desmedidamente competitivos.

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