PITA LADDAGA
RIVALIDAD ENTRE HERMANOS. CONTINUACIÓN
Si las discusiones se desarrollan de manera abierta y buscamos resolverlas, se convierten en excelentes oportunidades de aprendizaje.
En la vida siempre habrá pleitos y conflictos, pero al usar consistentemente el proceso de solución de problemas, tanto a los niños como a los padres nos resultará cada vez más fácil y empezará a formar parte de nuestra manera natural de enfrentar las dificultades.
A pesar de que no es posible eliminar totalmente los conflictos, si podemos prevenir que se desborden o que ocurran con frecuencia
Desde luego, es importante ser conscientes de que somos modelos para nuestros hijos. Si ven que nos tratamos con cariño y respeto como pareja, si observan que los atendemos a ellos y a otras personas con afecto y consideración aprenderán a ser sensibles a las necesidades de otros y a convivir en armonía.
Equilibrar las necesidades en conflicto de dos ó más niños requiere esfuerzo y reflexión
Necesitamos tratar a todos los hijos con justicia y equidad, pero no podemos darles exactamente lo mismo. Cada niño o niña es una persona única, con necesidades propias y una edad y personalidad distinta.
Tenemos que pensar muy bien para decidir qué es importante proporcionar a cada uno de los hijos en un determinado momento, y no dar demasiadas explicaciones al otro niño de porque hicimos o le dimos esto a su hermano o hermana. Debemos evitar justificaciones como: “No puedo comprarte los patines porque tu hermana necesita zapatos”. El niño podría sentir que no solo lo privamos del objeto que desea, sino también de nuestro afecto. Es mejor plantearle la situación de otra manera: “ Tienes muchas ganas de esos patines, yo quisiera dártelos, pero ahora tengo que hacer otros gastos; vamos a ahorrar juntos para poder comprarlos”. La cuestión no es explicar los hechos sino escuchar al niño, comprender sus emociones y ponernos d su lado.
A veces los padres no podemos evitar sentir preferencia por alguno de los hijos
Si intentamos negar nuestra inclinación o nos dejamos llevar por ella, haremos la vida muy difícil, no solo a los hermanos afectados, sino también al preferido. Los hijos perjudicados se sentirán resentidos y lastimados, y el niño favorecido se sentirá culpable de quitar a sus hermanos el afecto de sus padres.
Es necesario ser honestos con nosotros mismos y admitir que en un determinado momento, nos sentimos más atraídos por uno de nuestros hijos que por los otros. Darnos cuenta de esta situación, humana y normal, nos da claridad para apreciar la relación única que mantenemos con cada uno de nuestros hijos, y nos ayuda a proporcionar a todos la tención y cuidados que requieren.
El niño necesita atención personal y merece que le dedique un tiempo exclusivo
Este momento solo para él, lo hace sentirse especial y le a la oportunidad de estar cerca de nosotros sin tener que competir con sus hermanos. Lo importante es que, cuando estemos con él o ella, preparemos actividades adecuadas a su edad, a sus intereses y a sus habilidades.
Cuando hacemos sentir a cada hijo que es amado, ni más ni menos que sus hermanos, pero de forma única, es natural que disminuyan las rivalidades en la familia, pues cada niño se sentirá tan seguro y atendido en la posición que ocupa que no necesitará buscar un lugar a costa de sus hermanos ni ser mejor que ellos.
Las comparaciones no ayudan a nuestros hijos
No nos damos cuenta de cómo promovemos la competencia entre nuestros hijos al elogiar a uno o al criticar a otro: “Carmelita es tan inteligente que saca puros dieses, en cambio Luis no puede con la escuela”. Tampoco hay que poner de ejemplo a un niño ante sus hermanos: “Deberías ser como Ricardo; él no deja todo tirado ni ensucia la roa como tú”.
La competencia entre los hermanos puede tener un efecto negativo sobre sus habilidades y talentos. A los que hacemos menos, las comparaciones les provocan desánimos y les impiden avanzar a su propio ritmo, y a los que elogiamos, los hacemos sentir culpables o les imponemos una presión que no siempre pueden soportar. Los niños son diferentes y así debemos aceptarlos.
Tampoco hay que dar por hecho que los hermanos van a ser inseparables, solo porque son hijos de los mismos padres
Algunos padres insistimos en que nuestros hijos “se lleven bien” y participen en las mismas actividades, aun cuando sus intereses sean totalmente distintos . No queremos admitir que cada niño es una persona individual y puede sentirse identificado o no con otra persona individual.
Si evitamos forzar a nuestros hijos a estar juntos todo el tiempo, a compartir los mismos amigos y los mismos juegos, más adelante nos sorprenderemos de los cercanos y leales que pueden llegar a ser el uno con el otro.
La relación entre dos hermanos es cosa de ellos y son ellos quienes deben decidir cómo la manejan. Nuestro papel como padres es crear la atmosfera de equidad, comprensión y afecto para que florezcan los vínculos entre todos los miembros de la familia.
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