EDUCAR

PITA LADDAGA

PARA RESOLVER PROBLEMAS Y CONFLICTOS EN LA FAMILIA.

Se debe establecer un compromiso

El niño tiene que encontrar el momento para actuar, la forma de hacerlo, el lugar y la situación apropiados: “¿Qué decidiste hacer?” “¿Cuándo lo vas a hacer? ¿Dónde? ¿Cómo?”
De él depende esforzarse honestamente para resolver sus dificultades; de nosotros, ayudarlo a anticipar los obstáculos posibles; a tener claro que recursos tiene para llegar a la solución, que personas están involucradas en el problema y quiénes pueden ayudarlo.
Cuando se establece un compromiso, es necesario fijar un plazo para revisar los resultados obtenidos y verificar si el problema de verdad se resolvió:”¿cuándo podemos discutir de nuevo este asunto?”
Examinar los efectos de las acciones
Es recomendable preguntar qué ha sucedido, que ha hecho el niño, si ya solucionó el asunto, cómo sabe que ya resolvió el problema y que consecuencias tiene haberlo resuelto.
No siempre resultan las cosas como pensamos. Tampoco existen garantías de que la solución que eligió el niño sea perfecta. Los problemas y las soluciones tienen que revisarse y resolverse. Cuando descubrimos que el primer intento no fue satisfactorio, conviene plantear otra solución y modificarla las veces que sea necesario.
Reconocer y agradecer la ayuda y participación de los demás en la solución
Desarrollar la gratitud permite al niño apreciar y darse cuenta del afecto y solidaridad que lo rodea, lo hace sentirse acompañado.
Cuando los problemas se resuelven de esta manera , se pueden estrechar y profundizar las relaciones con los demás, haciendo que todos se sientan satisfechos.
Solo es posible aplicar esta forma de solucionar las dificultades si el niño quiere hacerlo y si está sereno.
No se pueden resolver problemas en medio de una emoción fuerte, por eso es importante que seamos oportunos y que no lo presionemos. Si el problema es suyo, él es quien debe decidir si está dispuesto a enfrentar el proceso de solucionarlo; si el problema interfiere con nuestras necesidades, entonces los padres somos los indicados para buscar la solución.
Cuando dos o más personas tienen puntos de vista diferentes sobre un problema, surgen los conflictos
Un conflicto es una situación tensa entre dos o más personas, en la que sienten que sus necesidades no están satisfechas. Los conflictos se deben a que ambas partes creen tener la razón pues sólo consideran su propio punto de vista y desconocen lo que el otro piensa, siente y necesita.
Los conflictos son una parte natural y sana de la convivencia; si los enfrentamos, se convierten en oportunidades de conocernos, acercarnos y apoyarnos.
Algunas familias acostumbran hablar de los problemas y tratan de solucionarlos, otras los dejan pasar, pretenden que no existen y los posponen, esperando que desaparezcan solos.
Es natural que los niños y los padres nos resistamos a enfrentar un conflicto
Cuesta trabajo pasar por el proceso incómodo, y a veces doloroso, de aceptar nuestra responsabilidad, de buscar soluciones que satisfagan a todos y de comprometernos a cambiar nuestra conducta.
Cuando los conflictos familiares se resuelven en el momento en que surgen, es más fácil solucionarlos pues no se mezclan con otros asuntos; en cambio, cuando no se atienden, la tensión va aumentando hasta que un día alguien explota y el conflicto se hace más grave.
A los padres nos toca hacer el esfuerzo de resolver los conflictos con los niños
Si queremos una buena relación con nuestros hijos necesitamos trabajar todos los días, no dejar cabos sueltos, ni asuntos sin resolver.
En un conflicto cada uno defiende sus necesidades, pero los padres tenemos que aprender a armonizarlas. Cuando imponemos nuestro punto de vista usando la fuerza o cuando el niño se resiste a negociar y lo dejamos hacer lo que él quiere, en realidad el conflicto no se resuelve. Si uno gana el otro pierde, y es común que éste quede herido o resentido. Un conflicto se resuelve verdaderamente cuando todos ganan.
Para resolver un conflicto, es necesario crear un ambiente de entendimiento
Antes de emplear una nueva estrategia para resolver los conflictos es indispensable que el niño la conozca y esté dispuesto a utilizarla. Necesitamos darle detalles de los pasos a seguir y explicarle cuáles son nuestras razones y qué queremos lograr. Se trata de que toda la familia sea tomada en cuenta en la búsqueda de una solución.
El primer paso establece de quién es el problema.
Es necesario identificar quién tiene alguna necesidad insatisfecha, quién está teniendo dificultades o desea algo que no se está cumpliendo.
El niño tiene un problema cuando olvidó su cuaderno de tareas en la escuela, perdió el suéter, rompió su juguete o sacó malas calificaciones. En este caso, no hay que crear además un conflicto al hacer nuestra su dificultad, sino ayudar a nuestro hijo a resolverla usando los pasos descritos antes.
Otras veces, el niño tiene satisfechas sus necesidades pero su comportamiento nos afecta: deja sus cosas tiradas en el piso, maltrata un mueble, grita cuando estamos hablando, nos interrumpe. Entonces el problema es nuestro y es necesario comunicarle nuestros sentimientos y necesidades- en ocasiones de manera enérgica-, ara que este dispuesto a buscar la solución junto con nosotros: ”Tenemos que arreglar este asunto pues me siento incómodo e insatisfecho” “Sé que no quieres hablar de esto, pero sería conveniente que charláramos” “No podemos dejar las cosas así, no estoy contento”. Un requisito para llegar a un acuerdo es escuchar con interés a nuestro niño y hablarle de nuestras necesidades.
A veces las posiciones se perciben tan opuestas que parece imposible encontrar una solución en la que todos nos pongamos de acuerdo
Los padres necesitamos salir en la noche, no podemos dejar solo a nuestro hijo y él se niega a quedarse a dormir en casa de su tía.
La dificultad está en considerar solamente las soluciones en conflicto-ir o no ir a casa de la tía, salir o no salir esa noche-, y no a las necesidades en conflicto. Cuando nos escuchamos y ponemos nuestra atención en lo que cada uno verdaderamente necesita, pueden surgir acuerdos. Si las necesidades de ambos están claras, somos capaces de encontrar mejores soluciones.
Al sentirse comprendido, nuestro hijo puede entender que no se trata de que sólo él modifique su conducta, sino que nosotros estamos dispuestos a cambiar. Si compartimos el problema, tenemos que compartir también la solución.
Puede ser que el niño no quiera dormir lejos de casas porque su grupo de amigos al día siguiente va a reunirse muy temprano a planear la posada de la escuela y él quiere participar. Los padres no podemos cambiar la fecha del compromiso.
Es conveniente invitar a nuestro hijo a buscar juntos una solución aceptable para todos.
Es recomendable que sea el niño quién proponga las primeras opciones, pero que no sea el único; todos tenemos que sentirnos libres para inventar respuestas: se trata de provocar una “lluvia de ideas”, y mientras más, mejor.
Las opciones podrían ser: pedir a la tía que sea ella quien vaya a nuestra casas a acompañar a nuestro hijo: regresar más temprano y pasar por él a casa de la tía; pedirle al vecino que lo invite a dormir. Cuando las necesidades están claras, aparecen las soluciones. Entonces es posible analizarlas y tomar juntos la mejor decisión.
Solucionar en conjunto los conflictos aleja a los niños de posiciones como: “Todo o nada” o “Tú o yo”

PRÓXIMO: RIVALIDAD ENTRE HERMANOS

¡Comparte la nota!