PITA LADDAGA
SER PADRES EN LA ETAPA ESCOLAR. LA OPORTUNIDAD DE ESTAR CERCA.
Ser padres significa dar tiempo, comprensión y cariño a nuestro hijo.
En la etapa escolar, el niño necesita enormemente que sus padres estemos con él, que le demostremos nuestro amor con acciones, caricias y palabras, que lo tomemos en cuenta y lo orientemos; que manifestemos interés por su desempeño en la escuela que le demos apoyo y aliento en los momentos difíciles.
Algunos padres piensan que al entrar a la primaria, la educación de sus hijos pasa a ser responsabilidad de la escuela y entonces se desentienden de él: “Yo ya hice todo lo posible, ahora les toca a los maestros”. Esto no es cierto y no debe ser. Un niño desatendido por su familia no cuenta con el sustento necesario ni con la confianza para realizar un trabajo satisfactorio en la escuela y tampoco para superar los retos de un mundo cada vez más complejos.
Ser padres nos compromete a favorecer el aprendizaje y el desarrollo del niño.
El niño de primaria requiere un ambiente estimulante y las oportunidades y medios para cultivar al máximo sus capacidades naturales.
En la edad escolar, sin darnos cuenta miramos a nuestro hijo con menor atención, pues su desarrollo no es tan evidente como cuando era pequeño. Sin embargo, esta fase resulta una de las más interesantes en la evolución de su aprendizaje.
Los padres hemos de aprender a observar a nuestro hijo, dialogar con él y estar abiertos para disfrutar lo que dice y lo que hace. Aún cuando la capacidad del niño para pensar por sí mismo va en aumento y el aplomo para expresar sus ideas y para cuestionar nuestras opiniones puede causarnos cierto asombro e incomodidad, todavía quiere saber que pensamos y necesita nuestra respuesta,
Ser padres nos hace responsables de ayudar a nuestro hijo a convertirse en una persona autónoma.
En la etapa escolar, el niño trata de complacer a los adultos que quiere y hace cualquier cosa por semejarse a sus héroes. Los padres todavía somos uno de ellos. Por eso tenemos que estar conscientes de lo que le enseñamos, no solo por lo que decimos, sino también por la manera en que actuamos y nos relacionamos. El niño entiende las palabras, pero también las miradas y los silencios, el tono de voz, los gestos y los ademanes, nos observa todo el tiempo y adopta muchas de nuestras conductas y actitudes.
Además de ser modelos para nuestro hijo, es fundamental enseñarle a reflexionar sobre sus valores, a tomar decisiones y asumir las consecuencias de sus acciones, así como a esforzarse para lograr las cosas por sí mismo.
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