EDUCAR

PITA LADDAGA

Iniciamos esta parte para los padres de niños en edad escolar, es decir, a los padres de niños que tienen entre 6 y 12 años.
Si bien en el periodo escolar los cambios son continuos, se pueden distinguir dos etapas: la primera, de los 6 a los 8 años, y la segunda de 9 a 12.
Es conveniente conocer el proceso de desarrollo de nuestro hijo y lo que podemos hacer para favorecerlo. Las etapas de desarrollo se describen de manera general, pero cada niño es diferente y único. La información sobre desarrollo infantil que aquí se ofrece es una guía para prender a observar a nuestro hijo y comprender sus procesos individuales de crecimiento.
A diferencia del pequeño en edad preescolar, el niño que cursa la escuela primaria tiene mayor capacidad para responder a las ideas e iniciativas de sus padres, para participar en actividades de su familia y de su comunidad.
Los padres de niños en edad escolar tenemos la oportunidad de guiarlos por medio del diálogo, del convencimiento, del juego, de la cooperación y del ejemplo. En esta edad debemos sembrar intereses, actitudes y valores que los ayuden a convertirse poco a poco en personas autónomas, responsables, solidarias y amorosas; en ciudadanos activos y capaces de convivir en un ambiente de respeto a la dignidad y a los derechos de los demás.
Algunas reflexiones sobre la familia
La familia es la primera y más importante influencia para el niño o la niña.
La familia, ese pequeño grupo de personas que comparten un hogar y una visión del mundo, es el modelo fundamental del niño; a través de la convivencia diaria le trasmite-directa e indirectamente, consciente e inconscientemente- sus costumbres, creencias, maneras de actuar, de pensar, de resolver conflictos, de relacionarse .
La familia protege al niño, lo alimenta, lo cuida; le da seguridad, confianza y cariño; lo guía, le enseña, lo estimula y lo educa. La familia le hace sentir que pertenece, que tiene un lugar propio y que es único y valioso.
Nuestro hijo va a enfrentar la vida, en gran parte, con los recursos que logre obtener en la niñez. Sus logros se apoyarán en la confianza y seguridad en sí mismo que le ayudemos a desarrollar, en los conocimientos y destrezas que vaya adquiriendo con nuestro estímulo, en la habilidad de decidir y de ser responsable, que sepamos alentar, en su autonomía, en los valores que asimiló, en el afecto que recibió y aprendió a dar, en su capacidad de relacionarse con otros, de compartir y de ser solidario.
Cada familia es diferente
Las familias son distintas según las personas que las forman y las condiciones de cada una. Una familia puede estar formada por una mamá y un hijo; un papá, una tía y una hija; una abuela y un nieto; un papá, una mamá y varios hijos, una pareja con hijas o hijos adoptados, una pareja sin hijos, etcétera.
Hay familias grandes o pequeñas; algunas se reúnen con frecuencia y otras se ven de cuando en cuando; algunas organizan fiestas, otras platican historias o se ayudan cuando es necesario; algunas se pelean por cualquier asunto y otras prefieren no hablar de los problemas que les afligen.
En algunas familias las personas encuentran difícil resolver sus desacuerdos; otras tienen mayor capacidad de reconocer los conflictos, enfrentarlos y solucionarlos por medio del diálogo, de aceptar sus diferencias y enriquecerse con ellas. Para algunas familias es natural expresar los sentimientos y escuchar a los demás, se sienten bien al demostrar su afecto a través de caricias y palabras cariñosas; otras familias son más reservadas, las manifestaciones afectivas no les resultan cómodas y buscan mostrar su amor de maneras distintas. Cada familia tiene su propio estilo de disfrutar, compartir, comunicarse y quererse.
Todas las familias son valiosas y todas pueden mejorar su funcionamiento.
En cualquier tipo de familia los niños tienen el derecho y también la posibilidad de crecer felices, de aprender y de desarrollar sus capacidades.
Ninguna persona es perfecta, las familias tampoco lo son. Todos sufrimos limitaciones en nuestros conocimientos y recursos, a veces nos equivocamos o perdemos el control, pero todos tenemos también la capacidad de superar los errores, el cansancio o el enojo, de aprender nuevas formas de convivir con los demás y de ser solidarios.
Lo que importa es que los padres, los abuelos, los tíos, o quien quiera que sea la persona adulta encargada de la educación de los niños en una familia, seamos conscientes de la trascendencia de nuestro papel como educadores y nos ocupemos de nuestros niños con inteligencia, respeto y sobre todo con amor.

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