PITA LADDAGA
MIEDOS Y PESADILLAS
El miedo es un fenómeno universal e inevitable
Experimentarlo en una medida razonable, es algo positivo y hasta indispensable, pues el miedo nos pone en alerta y nos da fuerza para enfrentar el peligro.
Los niños pasan por periodos-especialmente entre los dos y los seis años-en que sus temores son más intensos.
Es frecuente que teman a los animales-perros, gatos, insectos-, a la oscuridad y a los seres que creen que aparecen en la noche-brujas, fantasmas, monstruos-, a los fenómenos naturales como truenos y relámpagos, a la guerra y a la violencia. Estos miedos son normales y tienen que ver con la cultura familiar y del contexto donde el niño vive. Surgen en momentos de aprendizajes importantes, cuando el pequeño tiene que enfrentar un nuevo paso en su camino a la independencia.
En la edad preescolar, la imaginación es especialmente rica, y el niño suele explicarse lo que sucede de acuerdo con sus fantasías y no según juicios apoyados en la realidad.
El pequeño puede imaginar que las ramas del árbol que ve por su ventana son agitadas por un gigantes, en vez de pensar que se mueven por la acción del viento. Esas explicaciones mágicas son causas importantes de los temores del niño pequeño.
Los padres no podemos evitar que nuestro hijo sienta miedo, pero sí podemos ayudarle a manejarlo.
Quizá en esta etapa no lo convenzan del todo nuestras explicaciones, pero con el tiempo va a entenderlas y a sentirse más tranquilo.
Por ahora, tenemos que ser comprensivos y tranquilizarlo cuando esté asustado, demostrarle que en cualquier momento cuenta con nuestro apoyo, que vamos a cuidar siempre de su seguridad y que lo tomamos en serio.
El miedo del niño es real
Es importante escuchar con atención y respeto a nuestro hijo. Si nos dice que vio un monstruo, no debemos decir que es una tontería tener miedo y si él nos lo pide, conviene acompañarlo con tranquilidad a buscar al monstruo, debajo de la cama o detrás de la puerta y explicarle que , aunque él y nosotros sabemos que no existen tales seres, a veces nos lo imaginamos y tenemos miedo de que aparezcan.
Burlarnos de él, enojarnos, llamarlo miedoso, forzarlo a que enfrente su temor si él no está preparado ó decirle “Hazle un cariñito al perro, no muerde”, “Anda dale tu mano al payaso, no te va a hacer nada”, lo pone en una situación de desamparo y lo aterroriza aún más.
Cuando el temor es demasiado grande y lo sobrepasa, el pequeño no podrá aprender a manejarlo.
Solo que el niño desee vencer el miedo y esté seguro de que nosotros no vamos a permitir que nada ni nadie le haga daño, va a armarse de valor para enfrentarlo. Si no es así, conviene esperar a que esté listo. No se trata de mimarlo pues eso le quita la oportunidad de superar el miedo, pero sí de ayudarle a encontrar maneras de manejarlo.
Si nuestro hijo se siente protegido y comprendido, es probable que sus miedos sean menos intensos y que se anime a enfrentarlos. Lo que quiere un niño es ser “grande”
Cuando logra superar sus temores, siente una gran satisfacción. Al atreverse a tocar con el dedo la cola del gato, piensa ”Cuando era chiquito le tenía miedo a los gatos, pero ya no”. Los padres queremos ser solidarios: “Qué bien que ya pudiste controlar tu miedo. Te felicito” Desde luego que el pequeño no está tan seguro de no volver a sentir temor, pero el haberlo vencido en una ocasión le hace confiar en que en el futuro va a tener más fuerza y valor.
Existen recursos variados a nuestra disposición para manejar el miedo de nuestro hijo.
Debemos buscar el más adecuado para cada niño: dejar que coloque muñecos formados cerca e la puerta para “cuidarlo”; que duerma con un osito; que invente “palabras mágicas” contra sus temores.
Otra manera de aliviar los miedos es dibujarlos. Verlos en el papel, hechos por él mismo, los hace menos amenazantes.
Los libros de cuentos le ayudan a hablar de lo que siente y liberan su angustia. Al escuchar historias sobre la lucha de héroes que vencen a los villanos, el niño deposita sus emociones en personajes externos. Los finales felices lo tranquilizan y le dan confianza en que las cosas terminan bien.
Los relatos inventados acerca de los niños que sienten miedo y los resuelven, le dan ánimos y más todavía cuando el personaje principal tiene su mismo nombre.
También es recomendable que el pequeño tenga la oportunidad de crear sus propias historias. Estas narraciones pueden ser un indicador muy útil para saber lo que preocupa a nuestro hijo de las situaciones concretas que está viviendo.
Los miedos infantiles pueden intensificarse cuando el niño vive conflictos en la familia.
Es como si la tensión en casa le diera el material para sus fantasías yla realidad le confirmara que si hay razones para temer.
Con el fin de evitar la ansiedad del niño, conviene hablar con él y admitir que existen problemas, darle una explicación que pueda comprender, pero con la verdad.
En caso de que el niño sienta con frecuencia miedo a demasiadas cosas, no se atreva a solucionar ningún reto o no sea capaz de acercarse a otros niños, es conveniente ayudarlo a fondo y buscar ayuda profesional.
Un mecanismo natural por el que el niño elabora y se deshace de sus temores son las pesadillas.
Los sueños son parte de la vida interior de las personas, son mecanismos normales para transformar las emociones en imágenes más manejables. Casi todos los niños tienen pesadillas, sobre todo en la etapa preescolar. No hay por qué preocuparse.
Para reducir la ansiedad del niño, es necesario proporcionarle un ambiente tranquilo y seguro en casa durante el día y acompañarlo a la cama con cuentos felices y caricias para que se duerma con pensamientos agradables.
La mejor protección para el niño es saber que en cualquier momento puede contar con nosotros, que lo vamos a escuchar, entender y apoyar.
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