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PITA LADDAGA>Los valores constituyen una guía que da sentido a la vida

Establecemos nuestros valores a partir de nuestra idea de lo que es el ser humano. Una persona que piensa que el hombre es un ser orientado a compromiso y al amor, no tendrá los valores de alguien que piense que el hombre debe buscar su propio beneficio a costa de los demás.
Quizá no estemos conscientes de nuestra idea personal de ser humano o no la hemos puesto en palabras, pero existe en nosotros, da origen a nuestros valores y se manifiesta en nuestro comportamiento y relaciones. Vale la pena reflexionar y tratar de precisarla.
Cada persona es única y es responsable de definir sus propios valores.
Nadie puede hacerlo por ella. Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer. Existen valores y principios universales que se han vivido en distintas épocas y culturas y que nos sirven de orientación para tomar decisiones. El amor, la verdad, la valentía, la bondad, la responsabilidad y la amistad, son algunos de ellos.
Lo que cada uno tenemos que descubrir por nuestra cuenta es como aplicarlos en las circunstancias concretas en las cuales vivimos y qué orden de importancia hemos de darle en cada situación.
Hacer conscientes nuestros verdaderos valores es un paso indispensable para educar éticamente a nuestros hijos.
Tenemos que revisar a fondo que es verdaderamente valioso para nosotros y reconocerlo en la manera en que vivimos las experiencias todos los días. Los valores se conocen por las acciones.
El niño pequeño aprende los valores observando como se comportan las personas a su alrededor. Durante los primeros años de nuestro hijo, su educación ética consiste fundamentalmente en tener claro nuestros valores, vivirlos con sinceridad y mostrarle cómo decidimos y nos responsabilizamos por nuestras decisiones. Por eso es tan importante ser congruentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.
Algunas veces, los valores que defendemos con palabras no son los mismos que expresamos con nuestra conducta.
Decir “no pegues” pegando, es dar mensajes contradictorios.
El niño es muy sensible a las inconsistencias, se desconcierta, se enoja, y más tarde puede perder confianza y respeto por lo que tratamos enseñarle. Nuestro hijo aprende a actuar y a tratar a los demás cómo nos ve actuar y como lo tratamos.
Los niños pequeños son imitadores. Gracias a eso, los padres tenemos a nuestra disposición una poderosa herramienta para comunicarles nuestros valores.
Podemos convertirnos conscientemente en modelos de los comportamientos, hábitos y actitudes que deseamos que nuestro hijo adopte.
El niño se identifica con sus padres, es decir, quiere ser como ellos. No es que piense: “voy a ser como mi papá (o mi mamá)voy a portarme igual que ellos”. No. Lo que sucede es que sin darse cuenta, va haciendo suyos los valores que observa. Si lo hemos tratado con cariño, respeto y comprensión, su comportamiento se va ajustando de manera natural al cariño,al respeto y a la comprensión. Si para nosotros es importante realizar un proyecto que sirve a otros, si somos constantes y no nos rendimos ante las primeras dificultades, es muy probable que nuestro hijo adopte como valores, la solidaridad y la constancia.
Además de imitarnos, el niño dirige su conducta hacia lo que los padres valoramos, porque quiere nuestro amor y nuestra aprobación.
Sus esfuerzos por agradarnos son un primer paso en el desarrollo de su capacidad de juzgar y decidir. Falta todavía un largo camino para llegar a la autonomía, pero por el momento, el niño está listo para aprender qué es lo que consideramos valioso.
Muchas veces, el niño se adapta a nuestros valores y disfruta dándonos gusto, pero en ciertas ocasiones necesita ensayar diferentes conductas.
La rebeldía es otra manera de descubrir los valores.
El desarrollo ético de un niño es mucho más complejo que una simple lista aprendida de memoria de lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer.
El niño también prueba, mide, reta quiere saber que pasa cuando desobedece o cuando se comporta de manera distinta a lo que se acostumbra en casa.
La rebeldía es un intento normal de investigar quién es él, cual es su lugar, como debe convivir con los demás; es una forma de ir teniendo claros los verdaderos valor de la familia. El niño aprende con más profundidad y eficacia si los ha descubierto por sí mismo, incluso actuando en contra de ellos.
Aunque el ejemplo es la manera más eficiente de enseñar a los niños, no es la única.
Los niños también necesitan que les marquemos límites precisos y que los orientemos con claridad y firmeza. Necesitan límites, disciplina y reconocer la autoridad.

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