EDUCAR

PITA LADDAGA

Nunca es demasiado pronto para leer un libro a su niño o a su niña
El bebé tiene una asombrosa capacidad de aprender. En sus primeros años no sólo adquiere el lenguaje sino las actitudes y las maneras de relacionarse con el mundo de la palabra. Para que la lectura llegue a formar parte de la vida del niño hay que empezar cuanto antes. Los arrullos y las canciones para bebés son la puerta de entrada a la poesía. Cuando compartimos la lectura con nuestro hijo, él va a relacionarse siempre con nuestra voz, con momentos de intimidad y bienestar, es muy probable que cuando crezca quiera leer por su cuenta y disfrute los lib ros, pues los ha conocido no solo con su mente sino también con sus emociones.
En sus primeros años, los pequeños no saben leer las palabras pero sí pueden descubrir la diversión, la alegría, la emoción y los conocimientos que encierran los libros. Cuando el bebé ya se sienta, le encanta que sus papás le enseñemos libros con imágenes, que le hablemos sobre los dibujos, que le leamos cuentos. Es natural que él quiera jugar con los libros, por eso tienen que ser resistentes: de tela, cartón ó plástico.
Muchas familias no tienen libros en casa
En ese caso es importante buscar la manera de conseguirlos o bien de hacerlos. Un libro de tela, dibujado por papá o bordado por mamá, le resulta muy atractivo pues puede tomarlo con sus manitas y llevárselo a la boca sin peligro de lastimarse o de romperlo; fotos de revistas pegadas en pequeñas piezas de cartón y unidas con un listón o una agujeta forman un libro con estímulos interesantes. Podríamos visitar bibliotecas públicas y solicitar préstamos en la sección infantil. En los libros de Texto Gratuito aparecen cuentos apropiados para niños pequeños con imágenes llenas de color. Vale la pena pedirlos a los niños que puedan prestarlos.
Algunos educadores han observado cuáles son los libros que más les gustan a los niños pequeños:
• Libros de imágenes en tela, plástico o cartón.
• Libros para jugar: con agujeros, ventanitas, formas divertidas, con piezas que se levantan y se mueven.
• Libros que estimulan sus sentidos con sonidos, texturas u olores.
• Libros con historias muy sencillas sobre lo que vive al niño cotidianamente: comer, dormir, pasear, jugar.
• Libros con información breve que interese al niño: letras, números, animales o colores.
• Libros de poesía con rimas, arrullos, canciones o repeticiones que le permiten adivinar qué va a pasar.
• Libros de cuentos.
Los niños que han estado en contacto con los libros y han escuchado historias desarrollan mayor interés y facilidad para aprender a leer y escribir.
Cuando llegan a la escuela, ya se han dado cuenta de que el lenguaje escrito es una forma de comunicación: que la escritura sirve para decir algo a alguien y la lectura para enterarnos de que dice otro, ya saben que se pasan las páginas una por una, que es necesario saber leer para entender las historias y que los libros contienen temas interesantes, divertidos.
El gusto por la lectura se va formando después de muchos encuentros agradables con los libros.
Leerle al niño es la mejor manera de alimentar su deseo de leer él solo. Al relatar o leerle una historia, juguemos a hacer los papeles de cada uno de los personajes como si fuéramos actores, vale la pena atrevernos a hablar a veces con voz grave o aguda, subir o bajar el volumen, producir ruidos y efectos sonoros. De lo que se trata es de divertirnos juntos. Aunque no lo hagamos de manera profesional, a nuestros hijos les parecerá fascinante escucharnos.
En ocasiones un cuento se convierte en su favorito. Cuando terminamos de leerlo quiere escucharlo de nuevo y al día siguiente, igual. Démosle gusto, pero también presentémosle historias nuevas. Lo único que no hay que hacer es forzar a la lectura. Si el pequeño está cansado, distraído o inquieto, es mejor dejar el libro para un momento más adecuado. Leer sebe parecer siempre divertido.
La vida de todos los días nos da innumerables oportunidades para jugar con la lectura y la escritura
Podemos aprovechar las letras que llegan de todas partes. Aún cuando el niño no sepa leer, es capaz de decir : “Mira mamá , ahí dice Coca Cola” señalando un anuncio en la calle, o contar una historia completa a partir de los dibujos de un libro de cuentos.
Podemos animarlo a que escoja en la tienda su dulce favorito a partir de la etiqueta, mandarle una carta o dejar notitas agradables en su cama antes de dormir, colocar un cartón con su nombre junto con la ropa que se va a poner, adornar la mesa poniendo en los lugares una tarjeta con el nombre de cada uno de los miembros de la familia. Darle papel y lápiz para que él dibuje y “escriba” los garabatos son sus primeras letras y él se sentirá orgullosos si ve sus dibujos o sus “letras” pegados en la pared y luego guardarlos en la caja de recuerdos.
La lectura y la escritura son dos caras de la misma moneda, igual que escuchar y hablar
Es importante fomentar y disfrutar ambas. Así, así en la escuela, el niño no verá las letras como una pesada obligación si no como la llave para entrar por su cuenta a esos mundos que ha visitado de las manos de sus papás.

PRÓXIMO: JUGAR CON LAS MATEMÁTICAS

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