EDUCAR

PITA LADDAGA

Aprender a aprender, no significa adquirir un gran número de conocimientos. Quiere decir desarrollar la inteligencia para comprender el mundo, ser capaz de actuar en él y comunicarse con los demás.
Desde que nace, el bebé empieza a interesarse por las cosas y las personas que le rodean, a medida que crece y es estimulado con las experiencias de todos los días, con nuestras palabras y nuestro afecto, el interés se hace más amplio. El niño posee un impulso natural hacia el conocimiento que lo anima a explorar activamente su entorno. Nuestra responsabilidad es construir sobre ese impulso, crear situaciones en la que nuestro hijo pueda practicar y perfeccionar sus habilidades y facilitarle la mayor cantidad posible de experiencias en las que use las manos, los oídos, los ojos.
El pensamiento del niño pequeño se basa en lo que percibe con sus sentidos y en las acciones que realiza su cuerpo. En esta etapa, su mente no puede ir más allá de su experiencia, su inteligencia se despliega con todo lo que vea, toque, escuche y saboree. El niño no quiere que otros le enseñemos, necesita relacionarse directamente con las cosas y disfrutar lo que aprende de ellas por sí mismo.
En los primeros años, el niño desarrolla la capacidad de aprender y la actitud hacia el conocimiento que lo van a acompañar el resto de su vida.
Los padres tenemos la gran oportunidad de enseñarle que aprender es divertido, que si está atento, el mundo es una constante sorpresa. Podemos trasmitirle el placer de comprender, conocer, investigar y relacionarse con el mundo de las personas.
Una conquista prodigiosa que hace el niño en sus primeros años es el lenguaje. El lenguaje es un sistema de símbolos con una estructura muy compleja. El niño no solo aprende palabras sino diferentes maneras de ordenarlas y transformarlas según lo que quiera expresar. En cuanto comienza a hablar, va a acelerarse el desarrollo de su imaginación, su razonamiento y su memoria, desde ese momento, la mayor parte de su aprendizaje y de su comunicación con los demás va a depender del lenguaje.
El apoyo más definitivo que tenemos los padres de familia en la tarea de educar a nuestro hijo, es la escuela. A los maestros les confiamos y les debemos una importantísima parte de su formación y de su desarrollo intelectual y social. Para que este apoyo beneficie a nuestro hijo de una manera más completa, padres y maestros debemos formar un verdadero equipo, ayudarnos unos de otros pues compartimos una meta común: dar al niño la mejor educación posible.
Enseñar a un niño a aprender a aprender es ayudarlo a desarrollar una habilidad básica, es darle las herramientas que le permitirán seguir aprendiendo toda su vida.
PRÓXIMO: El desarrollo del niño.

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