Educación sin libros de texto…

Roger Díaz de Cossío

Pero con guías, bibliotecas, computa-doras e internet.

En México, la tesis del libro de texto gratuito no es nueva. El presidente Valentín Gómez Farías incluyó, en 1833, la necesidad de que el gobierno entregara a los niños, sin costo para ellos, los libros que necesitaban para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Varios decenios más tarde, el presidente Benito Juárez recogió la idea y el proyecto de Gómez Farías en el Manifiesto a la Nación y en la Ley Orgánica de Instrucción Pública. Sin embargo, la intención pudo materializarse hasta 1960 en la presidencia de Adolfo López Mateos.
Hace 34 años me tocó coordinar la elaboración de una nueva familia, la segunda, de libros de texto gratuitos, en la Secretaría de Educación Pública. Esta labor llevó cuatro años, hasta el fin del sexenio. Existía la primera familia de los años 60. Después, hacia 1992, junto con el Acuerdo de Modernización, cuando se hizo obligatoria la secundaria, se empezó a elaborar la tercera familia de libros, que es la que ahora existe y se distribuye puntualmente a las escuelas. Hoy, además, se dan libros para la secundaria, que son los que escogen los maestros, de las editoriales comerciales y que compra la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos para regalarlos a los alumnos.

A lo largo de los años, los libros han cambiado, han sufrido un proceso de engorda. El número de páginas de los libros de texto ha sido excesivo desde 1974, pero actualmente es descomunal. Los maestros tienen que galopar a través de un mar de contenidos y nunca acaban. Los alumnos no tienen tiempo de usar las bibliotecas de aula ni de reflexionar y repasar nada. Los libros de primaria tienen en promedio unas mil 500 páginas por grado, y los de secundaria, más de 2 mil 500. No han aumentado las materias, sino el número de temas en ellas.

Este proceso ha tenido consecuencias perversas. Evita que el alumno pueda leer otros libros, el maestro se hace esclavo del libro de texto, al que interpreta (salvo los muy buenos maestros, claro) como la palabra de Dios. Es más, Enciclomedia, que es un avance informático, está basado en la digitalización de los libros de texto; por lo tanto, refuerza la esclavitud y la dependencia.

Alumnos, tanto en primaria como en secundaria no tienen tiempo de profundizar, reiterar, entender lo que deben aprender. Por eso salen mal en exámenes internacionales. Han visto los temas de las preguntas pero dentro de un mar de otros contenidos irrelevantes. Los maestros, en lugar de mejorar, empeoran, pierden imaginación e iniciativa con tanta página que les dice exactamente lo que deben hacer, pierden capacidad de adaptarse a las condiciones de cada alumno. Durante el sexenio pasado se impulsó mucho la buena idea de construir bibliotecas de aula, pero los libros casi no se usaron.

Justifiquemos ahora el título del artículo. ¿Cómo imagino un salón sin libros de texto, pero con guías de estudio, bibliotecas, computadoras e internet? El maestro abre su guía y dice: “Hoy nos toca estudiar la evolución de las especies. ¿Cuántos libros tenemos que tratan el tema? ¿Seis? Muy bien, ya tenemos los equipos hechos, cada uno toma un libro y mañana nos presenta lo más importante de la evolución. El equipo siete la busca en internet”. Y así seguiría el maestro con todos los temas, para los cuales debe haber varios libros distintos. Se leería el periódico y se discutiría en clase, etcétera.

Fíjense lo diferente que es esto a pedirles a los niños que abran su libro de texto, todos en la misma página, y explicar o leer en voz alta lo que dice. Con Enciclomedia, proyectarían las páginas del tema.

Entre los libros de texto, obligatorios, extensos, largos, y las innumerables reglas y reglamentos, los maestros no tienen libertad de enseñar, de desarrollar su imaginación y su iniciativa. ¿Cómo queremos desarrollar la capacidad de los maestros si no les damos oportunidad? Al salir de la Normal entran en un proceso creciente de esclavización mental y finalmente acaban con dos cubreojos, como los de los caballos. Su universo de limita a las páginas de los libros de texto.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

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