Dos caminos

Beatriz Paredes

Brasil y México son dos países distintos. La historia, la demografía. La composición de sus mestizajes. Relevantes ambos en América Latina, por su biodiversidad, volumen demográfico e importancia económica. México y Brasil, Brasil y México han sido dos países que, no obstante ser dos pilares de la región latinoamericana, pocas veces han emprendido estrategias comunes juntos.
Algunos lectores conocen, tal vez, mi pasión por Brasil, mi simpatía especial por algunos de sus gobernantes: el ex presidente Sarney, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y el presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Por Lula profeso una genuina admiración, derivada de su condición de líder social, de dirigente progresista que realizó, a través de la política, la proeza de acceder al poder en su país, sin declinar en sus ideales. Algunos lectores conocen, tal vez, mi vocación mexicanista irredenta. Amo a mi país, y mi compromiso intelectual y político tiene que ver con que México persista en el tiempo y se desarrolle con justicia.

Creo en la perspectiva de grandeza de México y los mexicanos. Como creo en la perspectiva de grandeza de Brasil y los brasileños, y me parece perfectamente compatible, a partir de diferencias y similitudes, diseñar una política de acercamiento que beneficie a ambos países, y, especialmente, a ambos pueblos.

Efectivamente, el pueblo brasileño y el pueblo mexicano tienen una enorme empatía el uno por el otro. Los une ese caudal infinito de pueblos jóvenes, con ganas de vivir, capaces de descubrir la alegría, la música y el baile en medio de la mayor precariedad y pobreza.

Los une su afición por ese deporte popular: el futbol, que en Brasil es consustancial al “ser” brasileño en donde la porra mexicana acompañó a la selección verdeamarella cuando en 1970 se coronó tricampeón, en Guadalajara, Jalisco.

Los une su capacidad de fantasear, de enamorarse, de reconocerse en el mundo mágico de las leyendas populares; los acerca su religiosidad popular sincretizada con los antecedentes indígenas en México, y con la influencia africana en Brasil. Los une, pues, su gusto por vivir.

Las élites mexicanas y brasileñas son las que han sido miopes para valorar la conveniencia que una alianza estratégica entre ambos países podría tener. Y los gobiernos no han sido sufi-cientemente incisivos para estar por encima de antipatías o de estilos de cada equipo gubernamental, y en muchas ocasiones, la disputa por lo menor ha empañado alcanzar cuestiones trascendentes. No quisiera pensar que han sido intereses de terceros los que han dificultado, una y otra vez, la concreción de esa alianza, vital para la viabilidad de América Latina como región.

Hace pocos años, y supongo que derivado de la percepción de la incondicionalidad de México a las prioridades estadounidenses, y a la asimilación de nuestro país en la región de América del Norte, la política exterior brasileña reactivó una estrategia para consolidar la región de América del Sur, como un bloque regional autónomo, en el que Brasil dado su peso específico en la zona, podría jugar un papel preponderante.

Inicialmente consideré que este planteamiento tenía cierta lógica puesto que parecería que la generación de áreas subregionales que integraran por segmentos a América Latina podría derivar en el tiempo en una integración completa de la región. A ello sin duda corresponde el Pacto Andino y posteriormente el muy interesante ejercicio del Mercosur.

Sin embargo, aunque esta estrategia hubiera parecido correcta coyunturalmente y en una visión de corto plazo, tiene la enorme desventaja de descartar la integración de la región latinoamericana en su totalidad y fragmentar a América Latina en dos bloques: la región de Sudamérica, como el área natural de influencia de Brasil; y la región latinoamericana de América del Norte, integrada por México, Centroamérica y el Caribe Latino como el área natural de influencia de México; lo que constituye un error histórico puesto que la potencia real que puede alcanzar la región latinoamericana requiere la creatividad, el impulso y el temple de los mejores mexicanos, como también de los mejores brasileños. La colaboración de México y Brasil tiene enormes perspectivas. Ganará América Latina, el continente americano y el mundo. Ojalá lo podamos entender.

correo@beatrizparedes.org

Presidenta nacional del PRI

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