¿Cuánta basura espacial cae a la Tierra cada semana?

El acelerado lanzamiento de satélites y cohetes está provocando que cada vez más basura espacial reingrese a la atmósfera terrestre. Aunque la mayoría de los fragmentos se desintegran antes de tocar el suelo, los expertos advierten que el aumento de estos desechos podría representar riesgos para la seguridad de las personas, el medio ambiente y la infraestructura en las próximas décadas.

La carrera por conquistar el espacio ha traído consigo un problema que crece casi al mismo ritmo que la industria espacial: la basura orbital. Mientras gobiernos y empresas privadas ponen en órbita miles de satélites cada año, también aumenta la cantidad de objetos que regresan sin control a la Tierra, un fenómeno que ya preocupa a científicos y agencias espaciales de todo el mundo.

Las cifras reflejan la magnitud del cambio, en comparación, hace apenas una década, la Fuerza Espacial de EU emitía alertas por alrededor de 110 objetos que reingresaban a la atmósfera cada año y durante 2025 esa cifra ascendió a casi 820 alertas, una tendencia que anticipa un incremento constante conforme se multipliquen los lanzamientos espaciales.

Uno de los casos más llamativos ocurrió en un poblado de Kenia, donde un enorme anillo metálico, de un tamaño superior al de una persona y con un peso comparable al de un caballo, cayó sobre un terreno agrícola tras sobrevivir al reingreso atmosférico. Aunque inicialmente fue considerado un hecho aislado, especialistas señalan que este tipo de incidentes será cada vez más frecuente.

Cada semana cae un objeto de gran tamaño desde el espacio

De acuerdo con especialistas en vigilancia espacial, los reingresos ocurren prácticamente todos los días. En promedio, un objeto de al menos una tonelada de peso vuelve a la Tierra cada semana, aunque la mayor parte termina desintegrándose en la atmósfera o cayendo en zonas remotas del océano Pacífico.

El problema radica en que no todos los restos se destruyen por completo, algunos fragmentos de cohetes, satélites fuera de servicio y otros componentes pueden sobrevivir al intenso calor del descenso y alcanzar la superficie de manera impredecible. Debido a que resulta muy difícil calcular con precisión dónde impactarán, incluso un pequeño error en las estimaciones puede desplazar cientos de kilómetros el punto de caída.

Casos recientes ilustran este fenómeno, muestran que durante los últimos años se han registrado restos de equipos espaciales sobre una vivienda en Florida, piezas de un cohete cerca de un centro comercial en Polonia y fragmentos de satélites que atravesaron el cielo de España y Australia antes de desintegrarse parcialmente.

¿Existe un riesgo para las personas y el medio ambiente?

Actualmente, las probabilidades de que una persona sea alcanzada por basura espacial siguen siendo extremadamente bajas, incluso menores que las de recibir el impacto de un rayo. Sin embargo, diversos estudios advierten que este escenario podría cambiar conforme aumente el número de satélites en órbita.

La preocupación no solo se centra en posibles lesiones o daños materiales. Expertos también analizan el impacto ambiental derivado del constante ingreso de materiales metálicos a la atmósfera, así como la acumulación de residuos que logran llegar al suelo o al océano. A ello se suma el riesgo para la navegación aérea y marítima, especialmente en regiones donde los lanzamientos espaciales son cada vez más frecuentes.

Empresas como SpaceX, Blue Origin y otras compañías aeroespaciales impulsan proyectos para desplegar decenas o incluso cientos de miles de nuevos satélites durante los próximos años. Este crecimiento promete mejorar las comunicaciones globales, pero también incrementará la cantidad de objetos que eventualmente deberán regresar a la Tierra.

Especialistas consideran que la regulación internacional no ha evolucionado al mismo ritmo que la industria espacial. Aunque existen tratados impulsados por la Organización de las Naciones Unidas para definir responsabilidades cuando un objeto espacial causa daños, muchos fueron redactados hace décadas, cuando el número de satélites era muy inferior al actual y las llamadas “megaconstelaciones” aún no existían.

Ante este panorama, científicos y exfuncionarios de agencias espaciales insisten en la necesidad de desarrollar materiales que se desintegren completamente durante el reingreso y establecer normas más estrictas para reducir la generación de basura espacial. De lo contrario, advierten, el crecimiento de la actividad espacial podría convertir un riesgo hoy poco común en un desafío cotidiano para las próximas generaciones.

Con información de EL INFORMADOR

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