Gustavo Hernández Larrauri /ASICh
FACTOR
El factor crimen organizado en su modalidad de narcotráfico, pasó ya de ser tema de seguridad Nacional a un posible factor de Sucesión Presidencial, que si bien, el narcotráfico como factor de nulidad electoral es sumamente remoto en su expresión jurídica, si es un factor de hecho, tanto en la posibilidad de la injerencia de este, no solo en la inclinación del voto o coerción en un escenario electoral, sino en los grupos de poder eue buscan ejercer el narcopoder en el País, siendo el escenario electoral un mero requisito para llegar a este, o en su defecto recuperarlo o mantenerlo, ya que no se puede tapar el sol con un dedo de la posibilidad de x o z candidato presidencial pudiera estar sometido, financiado, confabulado, protegido, creado o simplemente manipulado por grupos de narcopoder, o en su visión de estabilidad y supuesta gobernabilidad, esté la búsqueda de pactos de antaño, independientemente de partidos y tendencias ideológicas, sino como injerencia y posibilidad de que el crimen organizado sea factor en equilibrios o desequilibrios de poder, que como escenario electoral del 2012 de la sucesión presidencial, cámara de Senadores y Diputados, el factor crimen organizado penetre de lleno en estos y este flagelo incida en la Sucesión Presidencial, que si bien, no existe forma de probar la infiltración del crimen organizado de lleno, si ha marcado elecciones locales en forma real y el tema se debate en forma mediática, claro ejemplo; las últimas declaraciones tanto de parte Institucional como de Partidos Políticos, en especifico el que dejó crecer este flagelo durante sexenios, convirtiéndose en un factor de sucesión, no solo por la polémica mediática, sino por la realidad cruel y dolorosa que se vive en el País.
Que si bien, tiene muchas lecturas, la lectura es tal de la posibilidad del combate de este para fines electorales por parte institucional como señalan algunos detractores, cosa que no lo es, o en su defecto la postura partidista en sus dos sentidos más visibles, el que de verdad la postura partidista sea una legítima defensa al respeto a su ejercicio libre y democrático en la sucesión presidencial o en su defecto, que estén en plena defensa por la posibilidad que su interés sea la protección o injerencia del crimen organizado en su filas de más alto nivel, grupos de poder y que buscaran activar los pactos del pasado, de ahí la preocupación y ataques a la figura presidencial, que como forma institucional ha dado combate frontal al crimen organizado, por lo que es claro ya, que en el fenómeno del poder que ahora se vive en México, el crimen organizado, la infiltración y defensa a los intereses de este es ya de forma visible de parte de algunos, cuando antes era invisible y viceversa, ya que ahora el combate frontal a este no tiene precedente haciendo visible lo que antes era invisible, y qué por ende, en la sucesión presidencial sea factor de lucha de poder, de hecho es ya, y quizá ya haya sido, pero de forma invisible, y que por ser ahora más que visible, busquen poner el combate al crimen organizado como forma de ataque electoral y en tema de polémica electoral, bajo argumentos de respeto a la no injerencia del ejecutivo en la lucha electoral hacia la sucesión Presidencial, cuando el escenario es claro, el combate a este flagelo y el no permitir que permee tanto en la gobernabilidad, como en la llegada de este a la cúpula Presidencial, mucho menos, cuando los que ahora reclaman, dejaron crecer al narco a su conveniencia, pero sobre todo, la injerencia presidencial en la sucesión Presidencial, era tal que con esta frase basta, no se hagan bolas, el candidato es tal…
Ya que se corre el peligro, que las formas democráticas de nuestra democracia muy a la mexicana, este supeditada al tema crimen organizado, aunque de hecho, como señale anteriormente, el factor crimen organizado es factor ya de Sucesión presidencial, aunque por y para nada debía ser tema electoral, muchos menos de infiltración y factor de sucesión presidencial, cosa que a luces, ya lo es, que no debería y que de pasar ser de factor de sucesión, lo cual ya afecta enormemente a las formas democráticas, a factor de decisión gubernamental, no el sentido de combatirlo, sino de solaparlo y pactarlo, no solo afectaría el estado de derecho en su expresión más pura, sino a la limitación del poder, ya que este permearía, no solo en la figura presidencial o en los poderes legislativo y judicial, trayendo consigo que las decisiones de estado estarían basadas en los intereses del crimen organizado, rompiendo de tajo todo las limitantes de poder político, ya que este estaría sometido, no a la Constitución, ni a las leyes, ni al poder del pueblo, sino crimen organizado, al narco mismo, al tener un narcopresidente, que si bien, de una u otra manera este flagelo es factor ya de sucesión presidencial, dicho factor se debe centrar en combatirlo, más nunca permitirlo.
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