Comentando la noticia /Alfonso Carbonell Chávez /Sí apoyar a los indígenas es racista…

Pareciera cosa de mentira que a días de celebrase el 119 aniversario de la Revolución Mexicana, en pleno siglo XXI siga existiendo un racismo nacional sobre todo contra de los grupos originarios del país. Así y ante las muestras de desprecio y hasta de xenofobia de algunos grupos conservadores incluso de los que se dicen de avanzada y entre esos sus falanges mediáticas y otras tantas académicas, reaccionaran con suma virulencia ante una serie de anuncios hechos por el presidente Andrés Manuel López Obrador, desde mucho antes pero que viene refrendando en su actual gira por los pueblos indígenas de México, se han estado manifestando en diversos medios de comunicación sobre todo en sus barras de opinión y en los diarios a través de sus columnas. Así al refrendar su convicción de hacer llegar apoyos a los pobres del país y con marcado acento a los pueblos indígenas como el caso de los adultos mayores con la diferencia, de qué en las ciudades, centros urbanos y poblaciones rurales tal y como está establecido, se les otorgan tanto a hombre y mujeres de 68 años o más, un apoyo bimestral de 2 mil 550 pesos; pero para el caso de la población indígena, el apoyo se está dando a partir de los 65 años.

Pero de la misma manera, por ejemplo, entre los apoyos que destacan como las becas o el programa sembrando vida, de cada 10 hogares en el país 5 ya están recibiendo algún tipo de apoyo; pero en el caso de las comunidades indígenas, de cada 10 hogares 9 ya están recibiendo igual algún tipo de apoyo. Así en una cifra cercana a los 300 mil millones de pesos para este año, a la fecha ya se han dispersado más de un 90 por ciento lo que garantiza, al menos para las familias más pobres del país, la posibilidad de mantener a sus hijos en la escuela o de que los abuelos ya no sean una carga económica para sus familias y que además, 900 mil jóvenes del país tengan garantizados dentro del programa jóvenes construyendo el futuro, 5 400 pesos mensuales. A lo que habría que sumarle el ambicioso programa sembrando vida, que para este año se alcanza ya una extensión de 500 mil hectáreas, lo que garantiza empleo de manera permanente a más de 200 mil campesinos.

Pero volviendo al entuerto decía, que ni a cien años de revolución o para ser exactos 109, muchas de las causas que motivaron al estallido armado en la que destacan la brutal desigualdad social y económica durante el periodo de la dictadura porfirista, como la bestial acumulación de la riqueza en manos de una clase burguesa incipiente encabezada por grupos conservadores, sin recato ni moral desfilaban por el paseo de la reforma con la mayor desfachatez su opulencia que contrataba de manera hasta criminal, con la miseria del pueblo que agachaba la cabeza ante su paso. Es cierto, Juárez acabó con el sueño conservador de convertir a México en un imperio gobernado por un archiduque y una duquesa; Maximiliano y Carlota. Pero su instinto racista y de clase ante todo lo nacional como lo mostraron con el presidente indígena siguen presentes. Y no es que este sentimiento de buena parte de la sociedad mexicana se haya acabado, pero no se había hecho tan evidente como ahora en que el gobierno de la Cuarta Transformación, ha definido con precisión y certeza, que primero los pobres y dentro de ésos millones de pobres, los indígenas llevan mano. Y es quizás que el proyecto de nación impulsado por el actual gobierno, ha concitado a muchos morenos -de color no de afiliación- un rechazo a programas como el de adultos mayores o el de jóvenes construyendo el futuro e incluso el de becas, haya quienes los critican y hasta sostienen son un desperdicio darles a los viejos dinero porque hay muchos que ni los necesitan o ya tienen pensión. O sobre los destinados a jóvenes a los que se les apoya para capacitarlos, ante algunos actos de corrupción que han sido denunciados, generalizan y acusan a los jóvenes de corruptos, huevones y hasta de vividores. En tanto a los jóvenes de secundaria y preparatorianos y créame no exagero y pueden checarlo, los señalan con severidad y presumen, estiman o suponen cuando no casi lo podrían firmar, que dichas becas sólo están sirviendo para que los jóvenes compren cerveza y hasta drogas, o que los más pequeños es decir de secundaria, usan sus becas para irse a las maquinitas. Así con esa irresponsabilidad y perdón “hijoeputés”, generalizan con afanes perversos de crítica al gobierno, sin medir las consecuencias de sus palabras que dañan más que una lanza en el costado a una juventud que ha sido víctima del saqueo y pérdida de valores heredados. ¡Son bazofia!, pero insisto, están en todo su derecho.

Así y no podría ser de otro modo, los “caxlanes” que no son ni indios sino blancos o mestizo, agrupados algunos en modernos “Ku Klus Klanes” o en Iglesias “de los días por venir” etc., han encontrado en esta nueva beta racista de ataque al gobierno, generado por el apoyo especial que se les está dando a los indígenas; pero no sólo eso, sino que los descubre a flor de piel, su acendrado racismo contra todo lo que huele, sabe y se muestra indígena. Y mire que no ha pasado mucho tiempo de un evento público de clásico racismo, cuando la joven actriz oaxaqueña Yelitza Aparicio fuera nominada al Óscar de la Academia, y a la que no perdonan haber representado al país ni codearse con la crema y nata de Hollywood “La Meca” del cine. Porqué ¡Cómo va ser posible que una indígena nos represente! Se escucharon voces de ésos y ésas qué, incluso, inundan las pantallas de televisión de los canales de “las estrellas” o de otra que como mala broma se dice televisión azteca. Pero ahí siguen los críticos de AMLO chingue y chingue reclamándole del porque jodidos anda dando tanto dinero ¡qué trabajen! dicen. Y no me refiero a cualquier voz o voces sino de las de quienes, se dicen o se sienten “analistas” de prosapia y eso los hace más execrables. Engañan en un cálculo perverso a su clientela, y los que más tarde que temprano es mí cálculo, habrán de tragarse sus palabras. (O yo). Se los firmo. Así entonces les dice AMLO; Sí por apoyar a los indígenas me llaman racista, ¡que me apunten en la lista! ¡Me queda claro!

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