Alfonso Carbonell Chávez
¿Día del niño?… o los chamaquean
Y como dijo Jack “el destripador”, vámonos por partes. Empezaría considerando el marco en el que quiero realizar estos comentarios con presunción de reflexiones; estamos, lo habrán notado, en plena época electoral donde los demonios suelen soltarse y si bien la guerra sucia debe de concentrarse en, exclusivamente, los propios candidatos y sus partidos a través de sus spots como ciertamente está ocurriendo, resulta, de menos, bastante estúpido que los periodistas y ya no digo los medios de comunicación y específicamente los escritos que no están regidos, aún, con la reglamentación de la nueva ley electoral; sino a los que de manera cotidiana mediante sus “sesudos” análisis discurren tinta erigiéndose como poseedores de la verdad y que como el poeta Salvador Díaz Mirón* esgrimen poseer ese plumaje… del que no se mancha. (De tarea). Pero no, no señalaré, al menos no hoy, a quiénes resultaría una dedicatoria estos comentarios, empero sí, a tratar de explicar el fenómeno mediático que, elección tras elección, por angas o por mangas, lleva al gremio periodístico a un enfrentamiento sórdido y estéril en el que todos salimos perdiendo. Amén claro de no contribuir en nada, es justo decirlo, a abonar en construir entre nuestros lectores a una visión objetiva de lo que realmente está ocurriendo al poner a los malos como buenos y a los buenos como menos malos.
La verdad y la acepto, ni sé por qué carajos no dejo que el mundo ruede y tropiece, como dice el maestro villaflorense Jorge Massías, con la misma piedra; total sabemos que esto la mayor de las veces no es una cosa de principios sino de pura y vil paga. ¡Cierto!, todas y todos los que nos dedicamos a este viejo oficio del periodismo de algo tenemos que vivir. (Y beber) Me queda claro. La diferencia radica, la leve diferencia diría otro poeta, en que no se puede vender por más hambre que se tenga la dignidad, eso, me cae ¡son chingaderas! Y es que no se puede ser tan insensible y a la vez tan pueril de no estimar ni en el cálculo más perverso de que ganando… perdemos todos; ¡sí todos!, sus hijos, sus esposas, sus nietos… pierde Chiapas. ¡Pierde México! ¡Quémaaaa… mucho el sol! Sí lo sé.
¿Día del niño?.. II
Pero bueno dejemos eso atrás y paso a un par de argumentaciones; si usted amiga amigo lector no lee más que este medio que hoy tiene en sus manos o pantalla, le aconsejo que ni siga porque no lo entendería. Se lo digo con respeto. Porque resulta que si usted abre la página de “analistas” de cualquier diario local por supuesto chiapaneco, bueno encontrará un abanico de posibilidades en el análisis de las campañas y los candidatos que van, desde la más santa o santo de los candidatos en contienda por lo menos hasta hoy por lo que hace a la federal de diputados, pasando por los menos apetecibles hasta llegar a quienes de su perspectiva son verdaderos ¡demonios!, que en lugar de pedir el voto para una curul deberían estar clamando ¡clemencia!, para no ser ingresados a un penal mínimo de medio pelo.
Me explico y quiero ser puntual en esto; no me estoy refiriendo, insisto, a la guerra sucia así llamada que hoy por hoy protagonizan candidatos y partidos contendientes, no. Sino al papel que juegan muy en especial los comunicadores y me constriño al mundo de los analistas políticos o columnistas, hasta ahí. Las y los demás les pido por favor no se esponjen. Y esto ¡claro que por supuesto!, parte de una autocrítica ¡faltaba más! Y como dice mi hermano el Miguelón, no estoy para dar consejos porque eso los da uno que ya está nuevamente en la radio. Simplemente me constriño al hecho, irrefutable, de que la visión (misión y objetivo) de los que expresamos nuestro punto de vista y claro es entendible, chocamos diametralmente unos de otros e insisto es entendible, sobre la percepción de tal o cual personaje y es lo que el lector y posible elector, ávido de noticias, suele buscar diferentes puntos de vista para reorientar su propia opinión. Sobre todo en tiempos como los que corren.
¿Día del niño?.. III
Ahora déjeme por favor ir aterrizando la idea y el porqué de esta perorata: como señalé en el acápite anterior en el último cuerpo de texto (ya estarás René Delios), si “nuestro” lectores (je feliz cumpleaño) revisan la sección de opinión de los diarios locales ¡uta!, quedarán más confundidos que de costumbre. Porque mientras unos dicen de tal o cual candidata o candidato son un dechado de virtudes que han hecho, ido, venido y aportado para la sociedad tal o cual cosa amén de poseer virtudes casi de santo; sobre éstos mismos ¡otros analistas en otros medios de comunicación! y ya quedamos impresos, los señalan como indeseables, corruptos y de mínimo como mentirosos compulsivos.
Y díganme ustedes si no, ya lo advertía también, lejos de abonar a formar opinión de plano desquician o acaban por hacerlo el ambiente tornándose aún más ríspido e inclusive intolerante entre la propia ciudadanía. También, y más que cierto, los lectores no son niños y no se dejan chamaquear como solemos decir acá en la “aldea” (dixit Pepe Figueroa q.e.p.d.) y eso, podría aseverar, les encabrona más en contra de partidos, candidatos y nosotros los periodistas. No se equivoque. Así pues, concluyo, los niños y chamaquedos este día son y somos “analistas”. Me queda claro. ¡Feliz día del niño… chamaqueado!
Ya de salida
* Salvador Díaz Mirón – cuyo nombre de bautizo fue Salvador Antonio Edmundo Espiridión y Francisco de Paula Díaz Ibáñez (Puerto de Veracruz, Ver., 14 de diciembre de 1853 – id., 12 de junio de 1928), fue un poeta mexicano precursor del modernismo. Trabajó como periodista y profesor. Como político fue diputado de oposición en la época de Porfirio Díaz, a quien posteriormente apoyó, incluso en la celebración del centenario de la Independencia, donde lo alaba en un poema dedicado a Miguel Hidalgo: “su inicial grandeza (de la nación) acredita de sabia tu proeza”.
A Gloria
No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.
Semejante al nocturno peregrino,
mi esperanza inmortal no mira el suelo;
no viendo más que sombra en el camino,
sólo contempla el esplendor del cielo.
Vanas son las imágenes que entraña
tu espíritu infantil, santuario oscuro.
Tu numen, como el oro en la montaña,
es virginal y, por lo mismo, impuro.
A través de este vórtice que crispa,
y ávido de brillar, vuelo o me arrastro,
oruga enamorada de una chispa
o águila seducida por un astro.
Inútil es que con tenaz murmullo
exageres el lance en que me enredo:
yo soy altivo, y el que alienta orgullo
lleva un broquel impenetrable al miedo.
Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas».
Erguido bajo el golpe en la porfía,
me siento superior a la victoria.
Tengo fe en mí; la adversidad podría,
quitarme el triunfo, pero no la gloria.
¡Deja que me persigan los abyectos!
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume!
La flor en que se posan los insectos
es rica de matiz y de perfume.
El mal es el teatro en cuyo foro
la virtud, esa trágica, descuella;
es la sibila de palabra de oro,
la sombra que hace resaltar la estrella.
¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.
Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!
¡Fuerza es que sufra mi pasión! La palma
crece en la orilla que el oleaje azota.
El mérito es el náufrago del alma:
vivo, se hunde; pero muerto, ¡flota!
¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle!
¡Consuela el corazón del que te ama!
Dios dijo al agua del torrente: ¡bulle!;
y al lirio de la margen: ¡embalsama!
¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.
Felicidades a mis niñas, mis nietas Valentina y María Luna, que son ¡las niñas de mis ojos! ¡Y claro para todas y todos los peques en su día! Salu2.
