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Alfonso Carbonell Chávez

Crónica de una muerte(s) anunciada

Ayer la Procuraduría General de la República (hoy ya Fiscalía) dio el siguiente anuncio: “hay certeza legal de que los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron; privados de su libertad, privados de la vida, incinerados y arrojados al río”. Sí así de cruda y cruel resulta a veces la verdad. Sin embargo esta herida abierta en el cuerpo social del país no cerrará tan fácilmente sobre todo la de los padres de los normalistas que hasta apenas el pasado lunes clamaban la aparición, con vida, de sus hijos. Así pues una página de las más dolorosas de la vida del país que tuvo alcances incluso internacionales, cierra, de algún modo,con esta fase investigativa con casi un centenar de implicados entre ellos los presuntos autores intelectuales pero sobre todo de los confesos materiales tras lo cual se ha llegado, insisto, a la verdad de los hechos que dan pie al anuncio hecho por el Procurador general Jesús Murillo Karam.Pero decía que se cierra en parte el caso, porque como lo manifestaran los familiares de los normalistas en la marcha global realizada en el DF, no creer que esos cuerpos hallados en las fosas en Iguala y Cocula pertenezcan a los 43 jóvenes incluso sosteniendo la tesis de que se encuentran con vida privados de su libertad en alguna zona militar en Guerrero. Aceptar la muerte de algún ser querido muchas veces es difícil y uno se reúsa en aceptarla, más aún cuando se da en circunstancias tales como las descritas por el propio Murillo Karam.

Crónica de una muerte(s)… II

Ante este anuncio contundente, concluyente y definitorio, la pregunta sigue siendo ¿por qué?, sí por qué actuaron con tanta saña consumando un acto de verdadera barbarie. ¡Sí de barbarie!, tal y como lo calificara en su momento el propio presidente Enrique Peña Nieto. Si bien como sostiene el historiador y académico del Colegio de México Lorenzo Meyer en su análisis en un programa de televisión (no textual lo que recuerdo); si como dicen y sostienen versiones no confirmadas de que el grupo “guerreros unidos” los hubiera confundido con algún grupo rival; se insiste ¿por qué privarlos de su libertad para luego matarlos a mansalva cobardemente y luego quemarlos y enterrarlos o desaparecerlos tirando los restos a un río? La verdad no se explica el grado de salvajismo. Lo único que uno encuentra de respuesta así de bote pronto (se sigue planteando el Doctor Meyer), es que al amparo de tanta impunidad que reina en el país ésta se convierte en el mejor aliciente sabedores que los actos perpetrados no serán castigados. (Hasta aquí lo dicho o que recuerdo del doctor Meyer)

Pero aún más, el ingrediente institucional, es decir las instituciones de gobierno empezando por el municipio en el que gobernaba la pareja imperial conformada por José Luis Abarca, el alcalde de Iguala lugar en donde se dieron los hechos del 26 de septiembre y su esposa la “finísima” María de los Ángeles Pineda, miembro, ahora se sabe, de una prominente familia de narcos y delincuentes, decía, ahí es donde desde la célula misma en la que esta república federal tiene su cimiente, es ahí donde se prohijó, primero, una candidatura avalada por el PRD la que se presume fue comprada por Abarca, digo ya que existían indicios que el personaje de marras se habría hecho de “mulas Pedro” en un tiempo record amasando una gran fortuna. Es más ya en funciones el alcalde de Iguala, fue acusado por un prominente (por lo que usted quiera) miembro de dicho partido solferino, de haber sido el autor intelectual incluso material de la muerte de un líder social afín al PRD, un año antes -de menos- de los trágicos sucesos de septiembre en Iguala y Cocula; la muerte, primero, de tres estudiantes que fueron baleados entre de decenas más, así como un joven futbolista de tercera división que iba en otro camión con su compañeros de equipo, el chofer del camión de los futbolistas y una señora que pasaba ese fatídico día por ese lugar. Y claro está, la desaparición ya la madrugada del 27 de los 43 normalistas.

Crónica de una muerte(s)… III

Ahora la pregunta obligada para todos es; y después de dados a conocer los resultados de la investigación que da como resultados contundentes la privación de la libertad, la privación de la vida, la incineración y posterior arrojamiento al río de los 43 normalistas de Ayotzinapa tal y como lo revela la autoridad federal, insisto y pregunto ¿qué sigue? Sí, es decir, será que los padres en primera instancia y la comunidad estudiantil de Ayotzinapa van aceptar la versión oficial; o pese a ésta se empecinarán en su exigencia de que aparezcan con vida. Seguirán alimentando la idea de que fueron las fuerzas federales y más directas el ejército quienes los tienen en algún cuartel militar. De ser así, considero, la situación se tornará aún más compleja ya que materialmente no existe tal posibilidad y así entonces, como dijo el pasado lunes un padre de familia de uno de los jóvenes normalistas “desaparecidos”, de que no importará que pase un año dos, tres o más años ellos continuarían con sus exigencias, esdecir, con sus movilizaciones y actos pero aún más radicalizados. Lo que me lleva a pensar que continuarán no solo con las marchas y mítines, sino azuzados, instigados e incluso manipulados por otras organizaciones quiero pensar bien y mal, a cometer actos vandálicos como los que ya hemos presenciado en Guerrero. Pero no exclusivamente. Me queda claro.

Estamos pues, ante un escenario que se torna turbio y de alto riesgo sobre todo en un año electoral como el que corre. Peor aún con la amenaza abierta de sabotear las elecciones en Guerrero en el que habrán de elegirse desde el gobernador pasando por los miembros del congreso y los ayuntamientos. Falta ver hacia adelante si, y hacemos votos para ello, los padres de los normalistas y la comunidad en general procesan sus pérdidas y su dolor y entran en razón que a todos conviene. En tanto por el lado de las instituciones hoy en entredicho, que el gobierno de la república en sus indagatorias llegue a la verdad de lo sucedido aplicando los castigos y las medidas correctivas que un asunto de tal envergadura que puso en el filo de la navaja a las instituciones y al propio gobierno del presidente Peña Nieto, merezcan. Que lo que pasó en Iguala, ¡nunca más se vuelva a repetir! El camino para México y la sociedad nacional aún es largo y sinuoso. Empecemos ya a caminarlo con certeza y certidumbre. ¡Ni un Ayotzinapa más!

P.D.- Pero no olvidemos que quienes cometieron finalmente este acto de barbarie fueron miembros de la delincuencia organizada, llámense “guerreros unidos” e igual pudieran haber sido “los templarios”. Póngales usted nombre. Finalmente contra ellos debe de dirigirse el combate con todas las fuerzas del Estado Mexicano. Es decir ¡De todos! Les quede claro.

Ya de salida

“Este momento de la historia de México, de pena, de tragedia y dolor no puede dejarnos atrapados, no podemos quedarnos ahí. Tenemos que darle atención, tiene que haber justicia, tiene que haber castigo para aquellos que fueron responsables de estos hechos lamentables, pero tenemos que asumirlos en el derrotero de seguir caminando para asegurar que México tenga un mejor porvenir”: Enrique Peña Nieto…// Me queda claro

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